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La otra cara de un brexit sin acuerdo: la Unión Europea

La otra cara de un brexit sin acuerdo: la Unión Europea
Manifestación contra el brexit en Manchester. Fuente: Ilovetheeu

Aunque, a primera vista, las consecuencias de una falta de acuerdo entre Reino Unido y la Unión Europea con respecto al brexit tenga enormes consecuencias negativas para los británicos, el bloque europeo tampoco estará dando saltos de alegría tras marzo de 2019. Las consecuencias, aunque en distinta medida, se sentirán a ambos lados del canal.

Cuando Theresa May activó el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea en marzo de 2017, no solo estaba traduciendo a términos legales la decisión que había tomado el pueblo británico en el referéndum sobre la cuestión un año antes. Estaba, al mismo tiempo, poniendo fecha de caducidad a una relación de interdependencia y cooperación que se había ido forjando a lo largo de casi medio siglo. El artículo 50, que prevé un mecanismo para la retirada voluntaria y unilateral de un país de la Unión Europea, no se había activado con anterioridad; ambas partes se encontraban en territorio desconocido. A esto le sumamos, además, la postura negociadora de Reino Unido, que, convencido de que su salida del bloque comunitario sería beneficiosa, ha vendido durante dos años la idea de que una falta de acuerdo era mejor que un mal acuerdo. Sin embargo, una falta de acuerdo no solo es contraproducente para Reino Unido: el bloque comunitario y la Unión Europea como entidad también pueden sentir —y sentirán— el temblor del brexit al otro lado del canal de la Mancha. La cooperación, los acuerdos y esa telaraña que se ha ido tejiendo entre países se ha producido en ambas direcciones. Aunque en distinta medida, si pierde Reino Unido, pierden todos.

Para ampliar: Brexit significa brexit: no hay acuerdo”, Astrid Portero en El Orden Mundial, 2018

En caso de no alcanzar un acuerdo antes de la fecha oficial del brexit, es muy probable que Reino Unido se niegue a pagar la factura que se deriva de este divorcio. Su principal objetivo es conseguir, sobre todo, un acuerdo comercial que no lo aísle completamente del mercado único. Con esa carta en la mano, la tensión aumenta en las dos partes. Reino Unido se acoge a su interpretación del artículo 50 —a pesar de haber asegurado que una falta de acuerdo era mejor que un mal acuerdo—, por el que entiende que se requiere la existencia de un marco de cooperación para su relación en un futuro. Sin ese marco de trabajo, Reino Unido considera que no tiene ningún tipo de obligación con la Unión Europea, puesto que no hay ningún acuerdo que lo ate. Si no llegara a pagarse la cantidad —39.000 millones de libras—, los presupuestos de la Unión Europea quedarían con un agujero enorme. A diferencia de los Estados nacionales, la UE funciona con presupuestos multianuales. La factura que tiene que pagar Reino Unido incluye, entre otras cosas, el dinero que tiene que aportar hasta que acabe el presupuesto actual, del período 2014-2021. La ausencia de ese dinero puede resolverse de dos maneras, ambas negativas para los Estados miembros. Por un lado, se puede asumir el agujero en los presupuestos a través de recortes en distintos proyectos y partidas de dinero. Por el otro, los Estados miembros podrían verse forzados a asumir ese agujero presupuestario aportando más dinero del inicialmente acordado por país.

El hecho de tener que aportar más dinero del acordado puede fracturar la cohesión en el bloque comunitario. La estabilidad también puede verse afectada por una especie de efecto dominó dentro de los partidos políticos de los distintos Estados miembros, que pueden aprovechar la coyuntura del brexit para crear bandos ideológicos antiinmigración, con un resurgimiento y crecimiento de partidos euroescépticos y de extrema derecha que hagan realmente complicado el funcionamiento de la Unión Europea. La propia postura de la Unión Europea frente a las negociaciones también creará precedente ante situaciones similares futuras; en este aspecto, si desde Bruselas se muestran demasiado permisivos con Reino Unido, otros países igualmente críticos con el funcionamiento de la UE podrán amenazar con activar el artículo 50 y desvincularse unilateralmente del proyecto europeo.

Para ampliar: “La Europa que no fue”, Astrid Portero en El Orden Mundial, 2018

Todo el bloque comunitario sufrirá las consecuencias de la salida de Reino Unido; en general, el crecimiento económico de la UE caerá alrededor de un 1,5% hasta 2030. Sin embargo, estas pérdidas no serán homogéneas en toda el área comunitaria. Países cuyas economías dependen más de los acuerdos con Reino Unido —como Países Bajos, Dinamarca y Bélgica— sentirán una contracción mucho mayoralrededor de un 1% de su PIB—; especialmente duro será el golpe en la República de Irlanda. En el sur, si bien países como España o Portugal no tienen tanta interdependencia comercial con Reino Unido, el efecto puede ser igualmente duro. En España, donde el turista británico supuso un 23% del total de las llegadas en 2017, se podría resentir un sector crucial en la economía del país cuando los británicos necesiten un visado para volar a cualquier zona del bloque comunitario.

¿Y qué pasará con los 3,6 millones de personas de otros países de la Unión Europea que viven actualmente en Reino Unido? Su futuro es incierto. A pesar de que no hay motivo para que Reino Unido los eche del país, sí pueden verse en un estatus legalmente poco definido hasta que las autoridades y los políticos traten de solventar la situación. Si Reino Unido decide comenzar a aplicar medidas que frenen la inmigración, como visados de trabajo, aquellos que se encuentran ahora mismo en territorio británico podrían tener problemas adicionales a la hora de encontrar trabajo, alquilar una casa o abrir una cuenta bancaria, debido a lo indefinido de su estatus. Esto puede afectar al mercado de trabajo británico, pero también a los mercados de trabajo del resto de los Estados miembros, los cuales, frente a esta situación, pueden verse incapaces de absorber el regreso de tantos trabajadores.

La interdependencia que se ha creado a lo largo de estos 50 años se ha tejido en ambas direcciones. Aunque pueda parecer que será Reino Unido el que asumirá las mayores consecuencias de su salida del bloque comunitario, los desafíos a los que se enfrenta la Unión Europea no son pocos ni menores. La estabilidad del proyecto en su totalidad está en juego y, cuando se sientan en la mesa de negociación, ambos actores son conscientes de ello.