Durante los últimos años, muchas disputas territoriales se han solucionado gracias a negociaciones pacíficas trazadas a través de organismos internacionales como la Corte Internacional de Justicia (CIJ) o de acuerdos bilaterales entre los países implicados.
Sin embargo, la ocupación y anexión de territorios también sigue siendo una vía muy habitual, aunque ilegal, de poner fin a disputas históricas. Así ha ocurrido recientemente en el conflicto entre Azerbaiyán y el enclave de mayoría armenia del Alto Karabaj, que ha terminado con la anexión formal de la autoproclamada república de Artsaj por parte del país azerí. Armenia, con escasos recursos y apoyos, no pudo evitar la pérdida de su enclave satélite, si bien otros pequeños territorios fronterizos siguen en disputa entre ambos países caucásicos.
La ocupación ilegal también ha sido el arma preferida de Rusia para hacerse con territorios que reclamaba alegando razones históricas. Ocurrió con la península de Crimea, anexionada en 2014, y posteriormente con la invasión de Ucrania en febrero de 2022. En septiembre de ese año Putin anunció la incorporación de los óblast ucranianos de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón a la Federación de Rusia, una anexión condenada por la Asamblea General de la ONU.
A pesar de la guerra en Ucrania, Europa es el continente con menos disputas territoriales del mundo y goza de una situación de estabilidad excepcional, con la mayoría de las reclamaciones y disputas territoriales concentradas en dos zonas: la península balcánica y Europa del Este.
Transnistria, Osetia del Sur, Kosovo o Abjasia son territorios disputados que gozan de reconocimiento limitado, aunque funcionan de facto como Estados independientes. De ellos, Transnistria, Abjasia y Osetia del Sur son una suerte de enclaves satélite de Moscú, a los que sostiene y ofrece apoyo armamentístico.
El final de la URSS dejó un mosaico de minorías rusas repartidas entre las antiguas repúblicas socialistas, que pronto se convirtieron en nuevos países con complejas realidades étnicas. Transnistria, al igual que el Donbás ucraniano, es uno de los territorios de mayoría rusófona que ha contado con el apoyo continuado de Moscú. Con la guerra en Ucrania, Moldavia temía que el conflicto se extendiera al enclave, dónde hay más de 1.500 soldados rusos desplegados. En febrero de 2024, las autoridades de Transnistria solicitaron ayuda y protección a Rusia, aunque no han pedido la anexión a Moscú.
La realidad de Kosovo, reconocido por casi todos los países europeos y aliado de Estados Unidos, es mejor que la de los otros Estados no reconocidos. Si bien mantiene importantes tensiones con Serbia, que lo considera parte de su territorio, presentó oficialmente su solicitud de adhesión a la UE en diciembre de 2022.
De Transnistria al Donbás: el mapa de los Estados no reconocidos donde ha intervenido Rusia
En la región, heredera de la descomposición de Yugoslavia, persisten otros desacuerdos territoriales, con enclaves disputados y fronteras sin definir, como la que separa Croacia y Serbia. Por su parte, el irredentismo macedonio reclama extensiones territoriales en Grecia, Bulgaria, Albania y Serbia, incluyendo el área que alberga el monasterio ortodoxo de Prohor Pcinjski, que data del siglo XI.
Ya en Europa occidental, tenemos el caso del litigio entre Italia y Francia por la propiedad de la cumbre del Mont Blanc. Si bien no es un conflicto activo, los países implicados no han llegado a ningún acuerdo sobre la propiedad de la cumbre, que Francia reclama para sí e Italia considera que debiera gestionarse conjuntamente.
España mantiene también disputas territoriales con Marruecos sobre sus territorios del norte de África: Ceuta, Melilla y otras plazas de soberanía menores, cómo el Peñón de Vélez. En función del estado de las relaciones entre los dos países fronterizos, la intensidad de estas disputas aumenta o disminuye. Además, España mantiene una disputa secundaria con Portugal respecto a Olivenza, aunque esta tiene un perfil bajo en las relaciones bilaterales entre los dos países europeos.

Además, hay varias islas repartidas por el continente que están sujetas a reclamaciones territoriales, como Chipre, cuya parte norte funciona de facto como un Estado independiente bajo la protección de Turquía. Otras islas, como la isla K (disputada por Ucrania y Rumania), Imea (entre Grecia y Turquía) y Rockall (reclamada por Reino Unido, Islandia, Irlanda y Dinamarca), también generan tensiones.