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Abjasia y Osetia del Sur, las dos regiones en disputa entre Georgia y Rusia

Abjasia y Osetia del Sur, las dos regiones en disputa entre Georgia y Rusia
Fuente: elaboración propia

En la frontera entre Georgia y Rusia existen dos territorios en los que ambos países dirimen sus diferencias: Abjasia y Osetia del Sur. Históricamente, estas regiones han contado con el apoyo de los rusos para debilitar a Georgia y que la Federación tuviera mayor influencia sobre ella. Después de años de conflicto intermitente, ambas regiones pertenecen oficialmente a Georgia, pero en la práctica son independientes y se mantienen a flote gracias al patronazgo de Rusia.

Abjasia y Osetia del Sur son dos regiones en el norte de Georgia, en la frontera con Rusia. Oficialmente son territorios georgianos, aunque ambas son independientes de facto desde 1992 y 1991, respectivamente. Ya desde el período soviético, las dos regiones pugnaban por tener mayor autonomía dentro de Georgia, y con la caída de la URSS esas reclamaciones se acentuaron, claramente apoyadas por Rusia. En un principio, Moscú buscaba así frenar el nacionalismo georgiano, pero ahora su estrategia está más movida por el interés que tiene en mantener su área de influencia en los países colindantes. En este sentido, el deseo que mostró Georgia por incorporarse a la Unión Europea y a la OTAN a partir de 2003 no fue visto con buenos ojos desde el Kremlin. Abjasia y Osetia del Sur supieron conjugar el afán ruso de generar inestabilidad en la zona con sus ambiciones secesionistas: las dos guerras civiles que enfrentaron a Georgia con estas regiones apoyadas por Rusia (1991-1992 y 2008), han favorecido enormemente al Kremlin. Por otro lado, en la actualidad las potencias occidentales, aliadas de Georgia, han perdido interés en integrar a este país en sus filas y no parecen dispuestos apoyar a los georgianos a reavivar las llamas del conflicto.  

Para ampliar: “El Cáucaso, un hervidero sin solución a la vista”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2014

La identidad de Abjasia y Osetia del Sur

Las reivindicaciones territoriales de Abjasia y Osetia del Sur están respaldadas en parte por sus particularidades identitarias. Las aguas del mar Negro bañan las costas de los abjasios, descendientes de los circasianos, minoría étnica proveniente del noroeste del Cáucaso. Los osetios, por el contrario, residen en el interior montañoso de Georgia, al norte de Tiflis, y son descendientes de los alanos, un grupo etnolingüístico iranio. Los conflictos que enfrentan a estas dos regiones con Georgia tienen un fuerte componente identitario, con acusaciones de ambas partes de limpieza étnica. 

La Unión Soviética era un mosaico de etnias. Sin embargo, sus políticas con respecto a la diversidad étnica fluctuaron a lo largo de los años.

La lengua abjasia también es un factor clave de su identidad nacional, hablada por cerca de la mitad de la población en la región. No obstante, Abjasia siempre ha estado sometida a la tutela de las dos entidades nacionales entre las que se encuentra: Rusia y Georgia. Desde principios del siglo XX, pasó a formar parte de la URSS con el estatus de república autónoma, primero dentro de Rusia y, a partir de 1931, de Georgia. Desde entonces, Abjasia será víctima de las políticas soviéticas de georgianización, que tenían por objetivo la homogeneización étnica dentro del territorio georgiano, incluyendo el cierre de escuelas abjasias o la designación de oficiales georgianos para los puestos clave de Gobierno. No sería hasta la caída de la URSS que se invierta esta tendencia: la relación entre Abjasia y Rusia mejoró. El clima subtropical de la región y su proximidad al mar Negro la convirtió en un gran atractivo para el aparato político soviético por dos razones clave: ser un área idónea para el turismo —incluso Kruschev tenía allí su residencia de verano— y para la explotación agrícola. El desarrollo de la región, en gran parte fomentada por las élites soviéticas, llevó a Abjasia a ser una de las repúblicas con mejores estándares de vida dentro de la URSS.         

Osetia del Sur presenta ciertas diferencias. Al ser una región principalmente montañosa donde el territorio cultivable escasea, el atractivo que podía tener tanto para Rusia como para Georgia era mucho menor. Durante el período soviético se respetaría su lengua oficial y lanzaría una considerable inversión para la construcción de infraestructuras. Con todo, la región no fue capaz de superar la pérdida de su hermana septentrional, Osetia del Norte. Este territorio, considerado la cuna de los osetios, muy rico en recursos mineros y con suelo fértil, había sido una pieza clave en la expansión rusa en el Cáucaso. La actual Georgia había pertenecido al Imperio ruso desde 1801, pero se separó brevemente durante la guerra civil. Cuando los bolcheviques la recuperaron en 1921, Osetia sería partida de forma que la mitad norte quedaría bajo el control ruso y la meridional en manos georgianas. A Osetia del Sur se le confirió el estatus de provincia autónoma dentro de Georgia, un rango administrativo menor que el que tenía Osetia del Norte como república autónoma dentro de Rusia, una diferencia que fue interpretada como un intento de frustrar otros intentos de independencia de Georgia

Para ampliar: “La descomposición de la URSS”, El Orden Mundial, 2018

La primera guerra civil georgiana

El colapso de la URSS fue el detonante de las reivindicaciones secesionistas de ambas regiones, que muy pronto amenazaron la integridad territorial georgiana. Aprovechando la inestabilidad de los meses de la perestroika, Osetia del Sur reclamó una mejoría de su estatus regional en el conjunto de Georgia en 1989, a lo que Tiflis respondería con una negativa tajante, imponiendo el georgiano como lengua oficial en todo el país e ilegalizando los partidos regionalistas. Lejos de acatar los dictámenes del Gobierno georgiano, Osetia del Sur se declaró independiente en 1990 como una república más dentro de la Unión Soviética, coincidiendo con la elección en Georgia de un presidente nacionalista, Zviad Gamsajurdia. La capital de Osetia del Sur, Tsjinvali, pronto empezó a ser escenario de combates entre surosetas y georgianos, conflicto que escaló cuando Gamsajurdia envió a la Guardia Nacional Georgiana a combatir a las milicias surosetas, que habían sido a su vez reforzadas con infantería y armamento proveniente de Rusia. Hubo fuerzas paramilitares interviniendo por parte de los dos bandos y ambas facciones cometieron una serie atrocidades que marcarían la relación entre los actores involucrados. El final de la guerra llegó en 1992, después de que Eduard Shevardnadze, que había sido ministro de Asuntos Exteriores de la URSS y líder de la Georgia soviética entre 1972 y 1985, reemplazara a Gamsajurdia mediante un golpe de Estado. Shevardnadze negoció un alto el fuego con Boris Yeltsin, entonces presidente de Rusia, monitorizado por la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). Osetia del Sur vio así refrenadas sus ambiciones independentistas por la OSCE y los demás mediadores, que respetaron su pertenencia a Georgia.   

Parte de las razones que tenía Georgia de querer estabilizar la situación en Osetia del Sur era su necesidad de dirigir esfuerzos a controlar el estallido de otra insurrección en Abjasia. El Gobierno abjasio también declaró su independencia de Tiflis como reacción a las políticas nacionalistas de Gamsajurdia. Entre 1992 y 1993, una plétora de grupos armados de diferentes etnias y procedencias, como paramilitares chechenos y milicias abjasias de un lado, frente a georgianos leales al depuesto Gamsajurdia, del otro, se enfrentarían por ganar el control de la zona. El conflicto detonaría en la capital, Sujumi, donde las tropas georgianas harían huir a la población y el Gobierno abjasios hacia el norte. El conflicto escaló después de que los bandos, incapaces de superar a su contrario, se rearmaran y pasaran a una cruenta fase de ataques aéreos y de artillería sobre población civil. Pero el bando georgiano estaba abocado a la derrota, pues después del golpe de Estado, Shevardnadze le retiró el apoyo a la Guardia Nacional Georgiana, leal a su antecesor. En septiembre de 1993, el bando separatista tomaba de nuevo la capital en la batalla de Sujumi, la última de la guerra y un episodio de violencia extrema, según Human Rights Watch. En diciembre del mismo año se firmaría un alto el fuego oficial y Abjasia sería intervenida por tropas rusas y por la ONU en una misión de mantenimiento de paz. Al mismo tiempo, se obligó a Georgia a acceder a la Comunidad de Estados Independientes, una organización regional dominada por Rusia y concebida como un intento de recuperar su influencia en el espacio postsoviético. Georgia abandonó esta organización en 2009, después de la última guerra en Osetia del Sur, en 2008. 

La película Mandarinas, del director georgiano Zaza Urushadze (2013), muestra los enfrentamientos de la guerra de Abjasia.  Fuente: culturamas.es

Para ampliar: “La lenta democratización de Georgia”, Alejandro Salamanca en El Orden Mundial, 2018

Llegada de Mijeíl Saakashvili al poder 

El fin de la guerra asentó las bases de la política intervencionista rusa en su antigua área de influencia. Shevardnadze, que había solicitado el apoyo de Rusia para acabar con lo que quedaba de las milicias leales a Gamsajurdia, tuvo que acatar todas las condiciones impuestas por Moscú, entre ellas confiarle a los rusos las tareas de mantenimiento de la paz en las regiones separatistas y, con ello, darles un papel clave en las políticas de integridad territorial georgianas. Lejos de acabar con el conflicto, desde entonces las misiones de pacificación rusas han tolerado, incluso incentivado, el tráfico y contrabando de bienes y armas en Osetia del Sur y Abjasia. La entrada de dinero y el asentamiento de mercenarios cosacos rusos destinados a apoyar a los movimientos separatistas demuestran que Rusia en ningún momento ha tenido la voluntad de retirarse de ninguna de las dos regiones. Siguiendo esta línea de acontecimientos, Abjasia se acercó más a Rusia, incentivada por la concesión de ciudadanía rusa a los abjasianos. Mientras, en Osetia del Sur la situación se mantuvo en relativa calma, beneficiándose también de la entrega de pasaportes rusos.

La tendencia se revirtió en 2003, año en el que se produjo en Georgia una revolución popular apoyada por Estados Unidos: la Revolución de las Rosas, una de las revoluciones de colores que se dieron en el espacio postsoviético en los años 2000. Georgia se enfrentaba a enormes problemas relacionados con la injerencia rusa, las mafias y la corrupción. Shevardnadze se vería aquí obligado a dimitir y fue reemplazado por su ministro de Justicia: Mijeíl Saakashvili, un político beligerante que sería visto con malos ojos desde Moscú y que refrendó su mandato en 2004 con unas elecciones que ganó con el 96% de los votos. Saakashvili había estudiado en Kiev y Nueva York, nutriendo así su proyección política de un profundo trasfondo prooccidental. Una vez elegido presidente, intentará por todos los medios estrechar lazos con el Gobierno de G. W. Bush, apelando en todo momento a la entrada de Georgia en la OTAN. Resulta muy simbólico que Bush fuera el primer presidente estadounidense de la historia en visitar Georgia. Saakashvili le corresponderá renombrando la carretera que conecta Tiflis con el aeropuerto con su nombre. Además, el gasto militar georgiano comenzará a crecer enormemente a lo largo de este periodo, y Georgia demostrará su alianza con Estados Unidos convirtiéndose en el tercer país que más soldados envíe a Irak entre 2003 y 2008, solo por detrás de Estados Unidos y Reino Unido. 

“Nuestra prioridad en política exterior es la entrada en la OTAN”. Estos carteles en inglés, idioma que Saakashvili fomentó enormemente, representan con claridad la orientación proccidental de esta administración. Fuente: Wikipedia

La recuperación de las regiones separatistas era una de los asuntos más importantes de la agenda de Saakashvili. A lo largo de su mandato, ya había intentado restaurar la normalidad en estos territorios combatiendo la corrupción y el contrabando, sustento importante de la economía de ambas regiones, lo que le granjeó una buena reputación. Pero Rusia no cedía y algunos países de la OTAN temían una respuesta violenta de Moscú ante la entrada de Georgia en la alianza. En la cumbre de Bucarest de 2008 países como Estados Unidos o Polonia se mostraron a favor de admitir a Georgia en la Alianza Atlántica, pero la negativa de otro bloque de países liderados por Francia y Alemania impediría finalmente su entrada.

Para ampliar: “Por qué no es buena idea integrar a Georgia en la OTAN”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2018

Agosto de 2008: el blitzkrieg ruso

Las tensiones comenzaron a aumentar de manera evidente escasos meses después: los acercamientos de Georgia a la OTAN no gustaban a Rusia, a pesar de que finalmente no se uniera a la alianza. A mediados de julio, Moscú organizó un ejercicio de maniobras militares que simulaba un ataque a sus fuerzas de mantenimiento de paz en las regiones separatistas. Georgia tomó este acto como una declaración de intenciones intolerable y respondió con maniobras en las que movilizó también a soldados estadounidenses. El 3 de julio, el jefe de Gobierno en Osetia del Sur, progeorgiano, estuvo a punto de ser víctima de un atentado con una mina y hubo un intercambio de ataques con artillería por parte de los dos bandos. Más tarde, fuerzas aéreas rusas sobrevolaron la región sudosetia, violando el espacio aéreo georgiano. Los ataques con artillería y los atentados se repitieron, dejando víctimas mortales, y paramilitares del norte del Cáucaso comenzaron a llegar a Osetia del Sur. Finalmente, el 7 de agosto se producirían los últimos lanzamientos de proyectiles de gran intensidad que harían a Saakashvili declarar la guerra e invadir Osetia del Sur. 

La madrugada del 8 de agosto, Georgia bombardea Tsjinvali, la capital de Osetia del Sur, para después invadir la parte sur de la región con infantería. Rusia respondió a este ataque tratando de “fascistas” a los georgianos y justificando su intervención en la necesidad de defender a sus soldados y ciudadanos; no en vano muchos sudosetios tenían pasaporte ruso. La invasión rusa tuvo mucho mayor impacto que en la pasada guerra. En esta ocasión, las tropas del Kremlin tomaron Tsjinvali, pero además penetraron en territorio georgiano hasta detenerse a solo cuarenta kilómetros de Tiflis

Esta vez, el objetivo no era la población, sino la infraestructura militar georgiana que tanto desarrollo había experimentado en los últimos años. La base militar de Senaki, al oeste del país, la que era la joya del ejército georgiano y que mayor inversión de la OTAN había recibido, fue hecha trizas y saqueada por las fuerzas rusas, asestando así un duro golpe moral. Otro de los enclaves de valor que sería víctima de los bombardeos rusos sería el puerto de Poti, en la costa del mar Negro. Los rusos también tomarían la ciudad natal de Stalin, Gori, en el centro del país; una ciudad de importante valor estratégico que conecta la parte meridional y septentrional del país, y en la que tanto la estatua erigida a Stalin como el museo dedicado a su memoria permanecieron intactos. Lejos del plano simbólico, bases como las de Poti o Senaki eran de suma importancia también para EE. UU., a medio camino de objetivos como Irak, Afganistán e Irán, y que disponían de la infraestructura adecuada para repostar navíos y aviones norteamericanos. 

En tan solo cinco días, los rusos se abrieron paso por tierra a través de Osetia del Sur y por mar a través de Abjasia, derrotando al Ejército georgiano y destruyendo sus enclaves estratégicos. Fuente: Wikimedia

El alto el fuego llegó el 12 de agosto, tan solo cinco días después del comienzo de esta guerra relámpago. Saakashvili y el presidente ruso, Dmitri Medvédev, firmarían un acuerdo mediado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy —representando a la Unión Europea— por el cual ambas partes se comprometieron al cese de las hostilidades. El fin de la guerra dejaría a Rusia como claro vencedor al alejar a la UE y la OTAN de sus fronteras, y a Georgia muy deteriorada en el plano material y en el anímico. El fin de la guerra también traerá el reconocimiento oficial por parte de Rusia de Osetia del Sur y Abjasia como países independientes, que también han reconocido un pequeño grupo de países más como Venezuela, Nicaragua o Siria, todos aliados de Rusia.

Para ampliar: “Micronaciones y Estados no reconocidos: la lucha por el reconocimiento internacional”, Astrid Portero en El Orden Mundial, 2018

Rusia afianza su posición  

Desde entonces, ambas regiones han pasado a depender en lo fundamental del patrocinio ruso. Las relaciones comerciales que mantienen los ahora Estados de facto con Rusia son prácticamente exclusivas. A día de hoy, la economía de Osetia del Sur está basada en las importaciones e inversión rusas, pues sus escuetas exportaciones no van más allá de productos agrícolas. Abjasia sí se beneficia de una mayor inversión en infraestructuras de un capital extranjero más diversificado, incluyendo países como Turquía. El uso del rublo ruso en ambas regiones es bastante representativo de la situación económica de las dos repúblicas. La cooperación también se extiende al plano militar: Rusia firmó sendos acuerdos militares con Abjasia y Osetia del Sur en 2014 y 2015, respectivamente, generando un gran descontento en Tiflis y la condena de países occidentales. Estos acuerdos vienen además precedidos por la anexión rusa de Crimea en marzo de 2014, que ha creado un gran malestar en Occidente ante la dinámica expansionista rusa.  

Nada hace pensar que Rusia quiera retirarse de estos dos territorios: después del ingente gasto y esfuerzo militar invertido, y con la presencia de líderes favorables a Moscú en ambas regiones, Rusia lo tiene fácil para quedarse. En algunas zonas, de hecho, los rusos se han aventurado a instalar alambradas de espino a modo de frontera con Georgia. Eso no significa que Rusia quiera anexionárselas explícitamente, como hizo con Crimea. Por el contrario, Moscú prefiere mantenerlos en una zona gris: su influencia militar y económica sobre el terreno es más práctica para sus intereses que un cambio en el estatus jurídico. Por otro lado, no parece probable que Georgia vaya a ser capaz de recuperar estos territorios, aunque la actual presidenta, Salomé Zurabishvili, se muestre favorable al diálogo con Rusia. Y cualquier tipo de incursión militar georgiana está descartada después de la derrota de 2008. Abjasia y Osetia del Sur cumplirán así su función para Rusia: ampliar su área de influencia y fomentar la inestabilidad en los países fronterizos. 

Para ampliar: “Crimea, una península por la que se enfrentan imperios”, Arsenio Cuenca en El Orden Mundial, 2019

2 comentarios

  1. Falso , Abjasia no fue integrada en Georgia en el año 31 , ya era parte de Georgia desde el siglo IX , el Reino de Abjasia fue de lengua georgiana y cultura kartveliana , Los Apsues son los descendientes de los circasianos que durante el imperio otomano entraron en Abjasia….Si no teneis idea de la historia del país , habrá que documentarse mejor…..Porque luego la gente confunde la historia…..

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    GIORGI MESHVELIANI
  2. Creo que Abjasia y Ostia, no son Georgianas, y tienen derecho a la autodeterminación. No son los georgianos quienes digan que es lo que deben hacer.