No es paz, pero tampoco guerra. Tal vez una paz presidida por el conflicto, como sostienen algunos autores. Un tanto vago pero con margen de desarrollo, el concepto de la zona gris ha emergido en Occidente en los últimos años para analizar ciertas dinámicas de conflicto político que, si bien no son nuevas, están cobrando especial importancia en las relaciones internacionales contemporáneas. En el mundo multipolar e interdependiente que se abre paso, los países que pretenden alterar el statu quo a su favor emplean estrategias multidimensionales y sincronizadas para minar gradualmente al adversario y lograr sus objetivos. Lo que generan con ello es lo que se denomina un conflicto internacional en la zona gris.
Estas acciones ambiguas, frecuentemente encubiertas y de difícil atribución, exceden el umbral de la política convencional pero quedan por debajo del nivel de conflicto militar directo y continuado. Un conflicto en la zona gris implica actividades coercitivas y agresivas, pero en una justa medida: la suficiente para no escalar hacia un conflicto abierto o cruzar las líneas rojas que puedan conllevar represalias militares por parte del damnificado.
Cierto es que las tácticas hostiles que no adquieren la definición tradicional de guerra son tan viejas como la propia guerra. Desde hace siglos, mediante los conflictos asimétricos, las estrategias irregulares, la propaganda e incluso la desinformación se ha tratado de obtener los beneficios estratégicos propios de una guerra sin incurrir en los costes y riesgos de iniciar una agresión abierta. Por lo tanto, la zona gris es un concepto reciente que también es útil para referirse a realidades pasadas. No obstante, hay ciertos factores que dotan a los conflictos en las zonas grises de un carácter novedoso y tienen que ver con las grandes transformaciones acontecidas en el contexto internacional. La globalización y el desarrollo tecnológico han propiciado, por un lado, un mundo hiperconectado en el que la sociedad civil está más expuesta a la influencia extranjera; por otro lado, un mundo interdependiente en el que las actividades hostiles hacia un rival pueden tener repercusiones nocivas en el propio ejecutor; y, además, que un enfrentamiento militar directo tenga consecuencias impredecibles y catastróficas.
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