Crimea es una península de cerca de 27.000 kilómetros cuadrados ―similar a la extensión de Galicia o Haití― situada en el mar Negro y dividida políticamente en dos unidades administrativas, la República de Crimea (con capital en Simferópol) y la ciudad autónoma de Sebastopol. Si bien esto siempre ha sido así, la soberanía sobre el territorio lleva discutida desde hace más de ocho años: la península pertenece legalmente a Ucrania, pero fue ocupada y anexionada por Rusia en 2014 tras la revolución del Euromaidán, que supuso la llegada de un gobierno proeuropeo a Kiev y desligó a Ucrania de Rusia. Desde entonces, el mapa de Crimea ha estado en disputa entre ambos países sin que ningún miembro de la ONU haya reconocido la anexión rusa.
A nivel geográfico, la península de Crimea solo permanece unida al resto del mapa de Ucrania por el istmo de Perekop, una pequeña franja de territorio de menos de nueve kilómetros de ancho que se encuentra situada junto al estrecho de Chongar y el mar de Sivash, una extensa laguna salada. En el este, Crimea está separada de Rusia por el estrecho de Kerch, que es a su vez el punto de unión entre el mar de Azov y el Negro.
La República de Crimea fue concebida como una región autónoma para la minoría tártara de Crimea, pero ha estado habitada históricamente por una mayoría rusa o rusófona. Junto con la República, el mapa de la península también acoge a la ciudad autónoma de Sebastopol, una ciudad rusófona que había permanecido dentro de Ucrania y que ya era la base de la flota rusa del mar Negro antes de la anexión. Con la ocupación, la península se desligó del resto de Ucrania y comenzó a depender de Moscú.
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