El mar de Azov, el tercer frente de la guerra de Ucrania

El bloqueo ruso al estrecho de Kerch —por el que se accede al mar de Azov, cuyas aguas comparten Ucrania y Rusia— ha provocado un agravamiento de la crisis abierta en 2014 entre los dos países y ha convertido este pequeño mar en el tercer frente en el conflicto de Ucrania, además del Donbás y la península de Crimea.
GeopolíticaRusia y espacio postsoviético
El mar de Azov, el tercer frente de la guerra de Ucrania
El mar de Azov en un fragmento del Atlas Ruso de Gaspar Nantiat de 1806. Fuente: Wikimedia

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El mar de Azov es un pequeño mar interior poco conocido para los no aficionados a la geografía. Su superficie es menor a la de Suiza y está casi cerrado, hasta el punto de que los romanos lo llamaban laguna y no mar. Un apéndice del mar Negro que baña las costas del sudeste de Ucrania, la península de Crimea y el Cáucaso ruso y que llevaba al menos desde la guerra de Crimea, a mediados del siglo XIX, sin despertar el interés de la comunidad internacional. Hasta ahora.
El pasado 25 de noviembre, en lo que ya se conoce como “el incidente del estrecho de Kerch”, tres buques de la Armada ucraniana fueron apresados por Rusia cuando intentaban cruzar desde el mar Negro hacia el mar de Azov y sus 24 tripulantes, detenidos y llevados a Moscú. Trataban de romper el bloqueo que Rusia ejerce en el estrecho gracias al nuevo puente que ha construido para conectar el territorio ruso con la anexionada Crimea. Ucrania protesta por la construcción del puente y la presencia del bloqueo, ambas violaciones claras de su soberanía; Rusia defiende que, en la medida en que Crimea es territorio ruso —según defiende—, las aguas del estrecho de Kerch pertenecen a Rusia, así como el derecho a construir un puente que lo cruce.
El puente es una obra de ingeniería encomiable —tras su inauguración en mayo, es el más largo de Europa con sus 19 kilómetros—, pero también una hábil jugada geopolítica: comunica Crimea con Rusia por carretera y ferrocarril, lo que facilita su control y acoplamiento a la economía rusa y, por ende, la distancia más de Ucrania al tiempo que pone el mar de Azov bajo el control efectivo de Moscú, a pesar de ser un mar compartido con Ucrania y así lo estipularan en 2003 por escrito ambos países. En la práctica, permite a los rusos generar un cuello de botella que obliga a los mercantes ucranianos a esperar horas o incluso días para cruzar el estrecho; además, la relativamente baja altura máxima de sus arcos —35 metros— impide que algunos de los buques más grandes puedan pasar...

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