Los bombardeos que Israel ha vuelto a lanzar sobre Palestina, que ya han matado a 400 personas, han tirado por tierra el débil alto al fuego que mantenía el Estado hebreo con Hamás desde comienzos de 2025. El fin de la tregua en Oriente Próximo es un toque de atención para las negociaciones que Trump trata de imponer en Ucrania, donde se puede repetir un fracaso que no sería raro en este tipo de acuerdos. En las tres últimas décadas, de hecho, solo cuatro de cada diez altos al fuego que se han firmado en el mundo se pueden considerar un éxito, bien porque han cumplido sus objetivos iniciales o bien porque los han ampliado.
Los datos provienen del The Ceasefire Project, un grupo de investigación que ha analizado 2.203 treguas desde 1989 hasta 2020. La base de datos aporta información sobre los tipos de acuerdos que se han firmado, cómo se relacionan con la paz y cuál es el desenlace de los alto al fuego, entre otras cosas.
La respuesta está lejos de ser tan sencilla de lo que propone Trump: el 22% de los alto al fuego que se han registrado desde los años noventa fracasaron o nunca se llegaron a poner en marcha, mientras que otro 35% tuvieron finales poco claros por falta de monitoreo de las hostilidades.
En el extremo contrario, el de los acuerdos exitosos, 429 —un 19% del total— se cumplieron en los términos que se habían firmado, cerca de 90 lograron prolongarse más allá de la fecha pactada y cerca de 443 fueron sustituidos por un acuerdo posterior.
Mientras tanto, el camino a una paz duradera es todavía más complicado: la inmensa mayoría de las treguas de las últimas tres décadas —exitosas o no— solo perseguían una pausa temporal de la violencia, mientras que solo un 7% formaba parte de un acuerdo de paz. Esta última categoría hace referencia a los alto al fuego definitivos, que incluyen cláusulas de desarme y desmovilización de las partes para terminar con el conflicto y no solo con las hostilidades, persiguiendo por tanto un objetivo de paz.
Por ejemplo, la tregua que mantenían Hamás e Israel hasta ahora solo era una de las más de cien que se han producido entre el Estado hebreo y alguna de las organizaciones palestinas entre 1990 y 2020. El desenlace de esta larga lista de acuerdos no ha sido esperanzador: solo en torno a un cuarto de los pactos de alto el fuego firmados en el marco del conflicto israelí-palestino se ha cumplido, han sido extendidos o sustituidos por otro acuerdo.
Los demás han sido vulnerados, abandonados en una fecha desconocida —pero distinta de la pactada— o ni siquiera llegaron a ponerse en marcha. Además, no solo ninguno de los acuerdos ha sido definitivo, sino que el grueso de ellos ha consistido en un simple cese de hostilidades sin seguimiento o monitoreo alguno, un patrón presente en el 75% de los pactos a nivel mundial.
Este tipo de acuerdos —de cese de hostilidades sin mecanismos de cumplimiento— dificultan la identificación del momento en que se rompen. Por lo general, suele considerarse que un alto el fuego se vulnera cuando se superan las veinticinco muertes provocadas por combates desde el inicio del acuerdo.
Además, los pactos que más rápido fracasan son los que tienen como propósito permitir la ayuda humanitaria, que ha sido la espina dorsal de los parones en la violencia contra la población de Gaza.










