Rusia parece mostrarse dispuesta al diálogo para dejar de ser un paria internacional y terminar la guerra en Ucrania. El presidente Vladímir Putin esperó pacientemente la vuelta al poder de Donald Trump en Estados Unidos para iniciar unas conversaciones coincidiendo con el tercer aniversario de la invasión rusa. Moscú ha tendido la mano para la paz, aunque sólo sea complaciendo los oídos del presidente estadounidense.
Sin embargo, las políticas del Kremlin están lejos de indicar que Rusia vaya a convertirse en un actor pacífico. Putin no ha hecho nada para desescalar el conflicto, y encima se ha enrocado en mayores exigencias que las anteriores a la invasión. A la desmilitarización, el no ingreso de Ucrania en la OTAN y un cambio de presidente se suman el reconocimiento de la anexión de la península de Crimea y de los territorios que Rusia ha ocupado en el este de Ucrania. Al mismo tiempo, la propaganda interior mantiene un discurso beligerante contra Occidente: el Gobierno ya está preparando al país para un futuro conflicto.
Aceptar la paz de Moscú es animarle a otra guerra
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