El tercer aniversario de la invasión rusa de Ucrania ha traído consigo avances en las negociaciones de paz, impulsadas por la llegada de Donald Trump al poder y su deseo de ser reconocido como el pacificador al firmar un acuerdo con Putin. Sin embargo, lo que se promete como un final rápido para el conflicto se parece más a un reparto de recursos que remite a los métodos coloniales de épocas pasadas.
Ucrania no solo posee grandes reservas de hidrocarburos, sino también yacimientos de minerales clave para el desarrollo de energías limpias y vehículos eléctricos, una industria en la que China lleva la delantera. Así, desde el inicio de la invasión, la riqueza geológica de Ucrania se ha convertido en un factor clave en la estrategia de Zelenski para atraer inversión extranjera y asegurar apoyo financiero internacional. Sin embargo, y a pesar de los cálculos —posiblemente exagerados— del Servicio Geológico Ucraniano, que estiman el valor de las reservas en unos 11 billones de euros —un 65% del PIB de la UE—, la viabilidad de su explotación sigue siendo incierta, tanto por las dificultades operativas derivadas del conflicto como por la volatilidad del mercado de minerales críticos.
A pesar de la incertidumbre alrededor de la rentabilidad de dichos recursos, los minerales críticos ucranianos se han convertido en un tema central de las negociaciones y posibles acuerdos de paz, con el presidente estadounidense viendo la guerra como una pérdida de recursos para EE.UU. y buscando recuperar el dinero invertido a través del acceso a los recursos del país.
Así lo confirmaba a mediados de febrero de 2025 una filtración del periódico británico The Telegraph, en la que se revelaba que Estados Unidos había contactado con Kiev para intentar alcanzar una asociación que le permitiera obtener el 50% de los ingresos derivados de la explotación de los recursos ucranianos como los minerales o el petróleo y el gas, pero también los puertos. Este preacuerdo, aunque presentado como una forma de reconstrucción, significaría convertir al país en una suerte de colonia extractiva de Washington, una situación con la que Putin se ha mostrado cómodo siempre que Rusia consiga ventajas económicas. Finalmente, se ha llegado a un nuevo acuerdo entre Kiev y Washington, mucho menos ambicioso que el primero, y con el que Ucrania espera conseguir el compromiso a largo plazo de Estados Unidos para la defensa del país.
La idea inicial de firmar un acuerdo con Washington que incluyera la explotación de recursos ucranianos la propuso el propio presidente Zelenski en septiembre de 2024, poco después de que el país actualizara su encuesta geológica y revelara la magnitud de sus yacimientos de minerales críticos y tierras raras. La intención era asegurar el apoyo financiero y militar por parte de su aliado, pero también contar con un activo estratégico en futuras negociaciones de paz. Estos recursos, esenciales para la tecnología moderna y la transición energética, son claves en la fabricación de baterías, semiconductores, turbinas eólicas y vehículos eléctricos.
La realidad de los recursos críticos de Ucrania
El Servicio Geológico de Ucrania señala que el país posee reservas de grafito, uranio, metales de transición (especialmente hierro y titanio), así como metales no ferrosos, oro, litio, tierras raras y otros minerales. Sin embargo, estos datos se basan en estimaciones y prospecciones aún por confirmar. De ser correctas, Ucrania contaría con 21 de los 30 elementos que la Unión Europea considera críticos para la industria tecnológica.
Sin descartar el potencial de las reservas ucranianas, los cálculos del organismo ucraniano, en la actualidad el país solo ocupa el puesto 40 entre los países productores de minerales. En cuanto a las tierras raras, Ucrania está lejos de figurar entre los principales productores del mundo, y lo mismo ocurre con la mayoría de sus minerales estratégicos. Solo el titanio, el litio y el grafito destacan a nivel global en cuanto a reservas, pero el verdadero alcance de su explotación y rentabilidad sigue siendo incierto. De los 37 yacimientos identificados, solo 11 están operativos, mientras que otros que datan de la época soviética nunca se han puesto en marcha por falta de rentabilidad o accesibilidad.
El litio, en particular, ha sido uno de los minerales más mencionados, ya que Ucrania tiene la mayor reserva europea de este material. Sin embargo, su precio ha caído un 88% desde 2022 —tras la burbuja del litio—, mientras que se siguen descubriendo nuevos yacimientos con mejores perspectivas de extracción en todo el mundo. Uno de los descubrimientos más relevantes está, de hecho, en el propio Estados Unidos: la Caldera McDermitt, en el norte de Nevada.
Más allá del potencial económico, la guerra también ha condicionado el acceso a estos recursos. Hasta el 53 % del valor total de los minerales críticos ucranianos se encuentra en territorios ocupados por Rusia, principalmente en las regiones de Donetsk y Luhansk. Entre los yacimientos afectados están el depósito de litio de Kruta Balka (Donetsk), los depósitos de tantalio, circonio y tierras raras en Mazurivske (Donetsk) y los de grafito en Troitske (Luhansk) y Mariupilske (Donetsk). Un caso especialmente relevante es el estratégico depósito de Shevchenko, que hasta 2023 estaba en manos de la empresa australiana European Lithium, pero cuya explotación se suspendió debido a la inseguridad en la zona. Desde enero de 2025, el área se encuentra bajo el avance ruso.
Además del conflicto, los retos medioambientales también ponen en duda la viabilidad de la explotación de minerales estratégicos en Ucrania. Un informe del Observatorio de Conflicto y Medioambiente (CEOBS) advierte que, de los 37 yacimientos de minerales críticos del país, al menos 19 están a menos de 1 km de un área ecológica protegida y 18 a menos de 1 km de una fuente de agua, con los riesgos de salud y contaminación que ello implica.







