El ataque lanzado por Azerbaiyán sobre el enclave armenio del Alto Karabaj a mediados de septiembre de 2023 no es más que la continuación de un conflicto iniciado en los años noventa entre ambos Estados caucásicos por el control de esta región montañosa, de mayoría armenia pero rodeada por territorios azerbaiyanos y que en 2020 ya había vivido un segundo conflicto a gran escala por el control del territorio.
El Alto Karabaj fue durante el periodo soviético una provincia autónoma azerbaiyana —u óblast autónomo— relativamente tranquila, aunque ambos países ya se habían enfrentado anteriormente por el enclave. Al iniciarse la descomposición de la URSS, y empujado por el rebrote nacionalista, resurgió también el conflicto, y el Alto Karabaj intentó buscar el modo de unirse políticamente a Armenia.
Las tensiones fueron en aumento y tras sucesos como el pogromo de Sumgait en 1988, o el de Bakú en 1990 —en el conocido como enero negro—, cientos de miles de armenios en Azerbaiyán y de azeríes en Armenia huyeron de una república a otra. Ante la inestabilidad e inseguridad, así como del inminente fin del Estado soviético, los ciudadanos del Alto Karabaj y el distrito de Shahumián —también de mayoría armenia pero fuera de la región autónoma—, empezaron a armarse.
El ejército soviético se unió con el nuevo ejército azerbaiyano en la Operación Anillo para desarmar a las crecientes milicias armenias en Azerbaiyán (y con especial intensidad en el distrito de Shahumián), lo que llevó a deportaciones forzosas de ciudadanos armenios y puso en pie de guerra incluso a los sectores menos beligerantes de Armenia y el Alto Karabaj. El conflicto por esta región disputada fue creciendo y en 1991, con la URSS ya desaparecida, Azerbaiyán retiró unilateralmente la autonomía al Alto Karabaj, a lo que la región respondió con un referéndum unilateral de independencia. La guerra había estallado.
Pese a la superioridad material y numérica azerbaiyana, la guerra se paralizó en 1994 con la ocupación armenia de la mayor parte del Alto Karabaj y un amplio anillo de protección a su alrededor, lo que permitía una conexión terrestre entre Armenia y la antigua provincia. Los antiguos habitantes de este territorio huyeron o fueron expulsados de sus hogares, y en su lugar se intentó instalar a inmigrantes procedentes de la diáspora armenia en Oriente Próximo.

Así nacería el Estado no reconocido de Alto Karabaj, renombrado en 2017 como República de Artsaj —el nombre histórico de la región para los armenios—. Sin embargo, ni siquiera Armenia reconoce a este Estado, y es que funciona como un país títere de Armenia o una región semiautónoma de Ereván. De hecho, Serzh Sargsián y Robert Kocharián, presidentes de Armenia en los periodos 1998-2008 y 2008-2018 respectivamente, fueron antes presidentes de Artsaj.
No obstante, el momento actual dista mucho de los noventa en el conflicto por el Alto Karabaj. Azerbaiyán se ha enriquecido con el gas y el petróleo del mar Caspio, ha modernizado su ejército y fortalecido su economía, y la dinastía de los Aliyev utiliza el nacionalismo y los enfrentamientos con Armenia para canalizar el descontento social. Armenia se ha aliado con Rusia, que mantiene una importante base militar en su territorio, pero se encuentra rodeada por Azerbaiyán y Turquía, sus dos grandes enemigos históricos que mantienen cerradas las fronteras. Al sur, el límite con Irán es abrupto, y la endeble economía armenia depende de su conexión con Georgia.
Azerbaiyán cuenta con la venta de armamento desde Rusia e Israel y el apoyo indiscutible de Turquía, enemiga histórica de Armenia que sigue negando el genocidio armenio y que es una fuerte defensora de una alianza de pueblos túrquicos entre los que se encuentran, entre otros, los azeríes. Por su parte, Armenia está aliada con Rusia a través de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), pero esta alianza solo cubre su territorio oficial, y mientras la guerra se lleve a cabo en Artsaj no está obligada a defender a su aliado ni a dejar de vender armamento a Bakú. De igual manera Armenia tiene también el apoyo de la República Islámica de Irán, enemistada con Azerbaiyán por los movimientos regionalistas e independentistas azeríes en su territorio.







