El colapso de la Unión Soviética supuso también la desaparición del Pacto de Varsovia, que hasta entonces había funcionado como la contraparte soviética a la OTAN y había dado a Moscú una organización bajo su influencia militar para rivalizar con Occidente. En 1992, un año después del fin del mundo soviético, se creó la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) con el objetivo de reconstruir ese mapa bajo la órbita de protección de Moscú.
Sin embargo, en este nuevo Pacto de Varsovia solo participaban seis exmiembros de la URSS (Rusia, Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán, Tayikistán y Armenia), a los que más tarde se sumaron otros tres (Bielorrusia, Georgia y Azerbaiyán). El Tratado de Seguridad entró en vigor en 1994, fue renovado en 1999 y en 2002 se transformó en una alianza militar a imagen de la OTAN, aunque no todos sus miembros llegaron a ese punto.
Al igual que la OTAN, el mapa de la OTSC está dominado por una potencia y el resto de miembros dependen de sus intereses. Hasta el momento la OTSC solo ha participado en dos operaciones: Rusia embarcó a la OTSC a la guerra de Siria (2018-2021) y en enero de 2022 Kazajistán pidió ayuda a sus aliados para mitigar las protestas internas y sostener a su nuevo autócrata.
Kirguistán también pidió la intervención de la OTSC en su territorio en 2010 debido al recrudecimiento de los conflictos interétnicos en el país, pero la OTSC no intervino alegando que eran cuestiones internas. La diferencia entre Kazajistán en 2022 y Kirguistán en 2010 es principalmente política. Al fin y al cabo, el mapa de la OTSC sirve a los intereses de Rusia, que es quien la controla, y una revolución democrática en Kazajistán es mucho más preocupante que un conflicto interétnico en Kirguistán.
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La OTSC, al igual que la OTAN, tiene una cláusula de seguridad colectiva, por la cual un ataque a uno de sus miembros supone un ataque a todos. Armenia ha sido el primer miembro en invocar ese artículo este mismo mes de septiembre como medida de respuesta a una nueva agresión azerí a su territorio. Pero, a diferencia de la escalada de enero, Rusia se encuentra inmersa en una guerra en Ucrania y los países de Asia Central se llevan mejor con Azerbaiyán que con Armenia.
De esta manera, Ereván se ha quedado sola, pese a acoger una base militar rusa y haberse aferrado a la influencia rusa para garantizar su protección frente a Bakú por mucho que la OTSC no protegiese los territorios disputados de Artsaj, fuera del mapa de Armenia. Acto seguido Kazajistán amenazó con abandonar la OTSC, consiguiendo que China se comprometiera a garantizar su soberanía; y Tayikistán y Kirguistán, libres de la tutela rusa, iniciavan un conflicto armado para solucionar sus disputas territoriales.
El mapa de la OTSC surgió de la descomposición del espacio soviético y fue siempre amparado por Rusia, pero tras sus primeras intervenciones la alianza no pasa por su mejor momento. Moscú está en guerra con Ucrania y no puede ayudar a defender a Armenia ni mantener a sus miembros en paz, unidos a la OTSC en parte por el temor a la propia Rusia. Pero si esta no puede mostrar su músculo defendiendo a Armenia ni coaccionando a Ucrania, sin persuasión ni miedo, el futuro de la organización se antoja complicado.