¿Qué es Transnistria?

Transnistria se independizó de Moldavia en 1992 y desde entonces es un Estado sin reconocimiento internacional. Su situación forma parte de los “conflictos congelados” en el espacio postsoviético, y Rusia la aprovecha en su disputa contra la expansión de Occidente
EOM explicaGeopolíticaRusia y espacio postsoviético
¿Qué es Transnistria?
Bandera de Transnistria. Fuente: Wikimedia Commons

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Transnistria, oficialmente República Moldava Pridnestroviana, es un Estado de facto no reconocido por la comunidad internacional. Autoproclamó su independencia en 1990 de la entonces República Socialista Soviética de Moldavia y se ubica entre Moldavia y Ucrania, al este del río Dniéster. Cuenta con medio millón de habitantes, la mayoría de origen ruso y ucraniano, y su capital es Tiráspol. Aunque oficialmente forma parte de Moldavia, la mayoría de funciones estatales las ejercen instituciones propias. 

Entre Moldavia y Ucrania, y bajo influencia de Rusia

El territorio de Transnistria estuvo habitado por distintas tribus mientras formaba parte de Estados históricos como la Rus de Kiev y el Gran Ducado de Polonia y Lituania. En el siglo XVI quedó bajo el Imperio otomano, que como parte de sus retrocesos lo cedió al Imperio ruso en 1792. Para entonces Transnistria ya estaba poblada por rusos, ucranianos y rumanos, y el predominio de los dos primeros marcaría su futuro. Tras la caída del Imperio, el territorio transnistrio pasó a formar parte de la Unión Soviética, en concreto de la República Autónoma Socialista Soviética de Moldavia (1924-1940). Sin embargo, con la Segunda Guerra Mundial, la URSS tuvo que disputar con Rumanía este y otros territorios, que terminaron formando parte de la nueva República Socialista Soviética de Moldavia desde 1940.

La URSS, sin embargo, entró en los años ochenta en una crisis que la llevaría a desaparecer. Frente a la posible reunificación de Moldavia y Rumanía, Transnistria proclamó su independencia en 1990. La disputa frente a la Moldavia independiente llevó a un conflicto armado que escaló y terminó en 1992. El apoyo de Rusia fue decisivo para Transnistria, que consiguió establecerse como un Estado independiente de facto con sistema presidencialista. Moscú estableció desde entonces una presencia militar en el territorio y una relación de dependencia económica con el Gobierno. Los fondos rusos han servido para cubrir déficits presupuestarios o pagar pensiones, Transnistria le compra gas natural a Moscú a un menor precio, y sus ciudadanos pueden conseguir el pasaporte ruso al ser hijos o nietos de migrantes rusos.

Transnistria no cuenta con reconocimiento de la comunidad internacional, pero cumple con las otras características de un Estado: tiene su propia población estable, un territorio delimitado y el monopolio de la fuerza. Pese a ello, ningún país de la ONU reconoce su independencia, solo las autoproclamadas repúblicas de Artsaj, Abjasia y Osetia del Sur, también en el espacio postsoviético. Aparte de la falta de base en derecho internacional, en el fondo está la influencia rusa sobre el funcionamiento del Estado transnistrio. De hecho, el Consejo de Europa considera a Transnistria como territorio moldavo ocupado por Rusia.

El “conflicto congelado” de Transnistria

Aparte de la disputa por su estatus, el de Transnistria es un “conflicto congelado”. Este término se refiere sobre todo a los conflictos territoriales irresueltos dentro de las antiguas repúblicas soviéticas. Rusia busca mantener su influencia y frenar la expansión de Occidente hacia el espacio postsoviético. En particular, Transnistria le sirve para mantener a raya la integración de Moldavia en la OTAN y en la Unión Europea, tras la inclusión de Rumanía y Bulgaria en 2004 a la Alianza Atlántica y en 2007 al bloque comunitario.

No obstante, la presencia de la UE en Moldavia se remonta a 1992, precisamente para facilitar una solución al conflicto en Transnistria. Desde entonces Moldavia y Bruselas se han acercado a través de distintos acuerdos, y el bloque es su mayor socio comercial. Sin embargo, para integrarse debe cumplir la condición de no tener conflictos territoriales. Las opciones para Moldavia son recuperar el control o reconocer la independencia de Transnistria, aunque espera que la propia integración incluya al territorio separatista.

En ese contexto, la guerra en Ucrania también ha revivido la importancia geopolítica de Transnistria. Por un lado, aceleró la integración de Moldavia a la UE. A raíz de la invasión y las amenazas rusas, la Comisión Europea recomendó que se le concediera la candidatura, pese a no cumplir los requisitos en materia de reformas democráticas y anticorrupción. El país, candidato oficial desde junio de 2022, se ha acercado así a Occidente, alejándose aún más de Rusia. Por otro lado, la dependencia y su ubicación fronteriza con Ucrania han hecho de Transnistria una plataforma de Rusia para desestabilizar a los Gobiernos de Moldavia y Ucrania, e incluso para plantear un posible ataque en el marco de la guerra.

Mencía Montoya Barreiros

Madrid, 2000. Grado en Relaciones Internacionales por la Universidad King’s College London y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Interesada en seguridad internacional, Oriente Próximo, el Sahel y la naturaleza de conflictos actuales.