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En sólo veinticuatro horas Azerbaiyán ha lanzado una nueva ofensiva en el Alto Karabaj y ha condicionado el alto el fuego a su desmilitarización. La búsqueda de una solución diplomática después de la guerra de 2020 ha resultado en vano. Tras meses bloqueando el corredor que conecta el Alto Karabaj con Armenia, Bakú ha lanzado una “operación antiterrorista” para acabar con la “presencia del Ejército armenio” en la zona. Sobre el papel se limitaría a atacar objetivos militares, pero la violencia está escalando rápido. Azerbaiyán tiene las de ganar, por lo que Ereván ha anunciado que no responderá y ha marcado distancias con las autoridades armenias del Karabaj.
Los azerbaiyanos tienen un ejército más poderoso, más control sobre el territorio disputado y un contexto internacional favorable. Les apoya Turquía, que acumula influencia en el Cáucaso, Europa y Oriente Próximo, mientras que el principal apoyo de Armenia, Rusia, está ocupada en Ucrania. Azerbaiyán también tiene la baza del gas: en plena crisis energética, la Unión Europea no arriesgará sus contratos energéticos salvavidas. Sin nadie que les confronte, el control azerbaiyano de todo el Alto Karabaj parece inevitable.
Azerbaiyán tiene ventaja sobre el terreno
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