Lina Gálvez: “China nos lleva una ventaja tremenda en materias primas críticas”

La eurodiputada socialista defiende la autonomía estratégica europea con proyectos que respeten el medioambiente y los derechos humanos
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Lina Gálvez: “China nos lleva una ventaja tremenda en materias primas críticas”
Fuente: canal de YouTube de la eurodiputada Lina Gálvez

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La Unión Europea enfrenta la transición verde en un contexto geopolítico complejo. Inserta entre la competición entre Estados Unidos y China, Bruselas busca asegurar cierta independencia estratégica. Para ello es clave asegurar el suministro de materias primas críticas, como el litio o las tierras raras, que harán posible avanzar hacia la descarbonización.

Lina Gálvez es europarlamentaria del PSOE dentro de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas. Especializada en sostenibilidad y feminismo, también es vicepresidenta de la Comisión de Industria, Investigación y Energía del Parlamento Europeo, central en el desarrollo de regulación sobre reindustrialización y transición verde. En el último pleno del Parlamento de diciembre de 2023, esta comisión sacó adelante el marco para garantizar el suministro seguro y sostenible de materias primas estratégicas, uno de los pilares del Pacto Verde y la “autonomía estratégica abierta”. 

Su comisión parlamentaria busca priorizar proyectos sostenibles y de política económica y social. ¿Es factible en un mercado con una demanda de materias primas críticas en alza por la transición verde y en un contexto de competición y pragmatismo?

Es la pregunta del millón. Nuestra misión es hacerlo posible. Tanto para la transición verde como la digital necesitamos un ejercicio de prospectiva muy importante. La demanda de materias primas críticas y, dentro de ellas, las estratégicas, va a ir aumentando. En la Unión Europea nos hemos dado cuenta de que tenemos grandes vulnerabilidades y dependencias, y poca diversidad de proveedores. También han cambiado la geopolítica y las relaciones internacionales. Eventos como la pandemia de covid, la guerra de Ucrania, el desacoplamiento de Estados Unidos y China o la regionalización de las relaciones internacionales hacen que importe mucho dónde se producen las cosas y qué acuerdos tenemos con esos actores a lo largo de la cadena de producción y suministro.

La UE ha reaccionado con su apuesta por la autonomía estratégica abierta. Y en esa reacción las materias primas críticas estratégicas son claves, porque están al inicio de esa cadena de suministro. Más aún teniendo en cuenta que hay actores internacionales que nos llevan una ventaja tremenda. La primera vez que China detectó que esto era un tema crítico fue en su quinto plan quinquenal de 1986 a 1990. Nosotros en ese momento estábamos en un proceso de globalización donde lo que importaba era comprarlo todo más barato. Creíamos que esa globalización no iba a tener ninguna distorsión y nos equivocamos: ahora se ha probado que no funciona. Así que sí, hay que enmendarlo y rápido. 

La UE depende de materias primas de China como las tierras raras. ¿Cómo afecta esto a las relaciones entre Bruselas y Pekín? ¿Es posible conjugar autonomía estratégica, defensa de la democracia y transición verde cuando se depende tanto de la segunda economía del mundo?

De nuevo, lo tenemos que hacer posible. China es un socio comercial, un competidor económico y un rival sistémico. Esto no lo digo yo: es como define la UE su relación con China. Es verdad que nos hemos movido hacia una postura de menor cooperación con China, a raíz de conflictos globales y de estos cambios geopolíticos muy impulsados por Estados Unidos. Por ejemplo, la invasión rusa de Ucrania y el rol que ha tenido China en la misma o la inestabilidad en el estrecho de Taiwán. También que China estaba participando en el comercio internacional, pero sin respetar las normas de la Organización Mundial del Comercio. Algo de lo que se han beneficiado las empresas, pero no tanto los trabajadores.

La cooperación con China sigue, pero hay que distinguir entre la cooperación sobre el papel y la real. Las dependencias siguen siendo enormes. También de Estados Unidos hacia China. Y diría que a Estados Unidos le interesa que Europa juegue un papel de intermediario en esas relaciones con Pekín.

“Desde la guerra de Ucrania hemos basculado mucho hacia Estados Unidos”

¿Europa está ejerciendo ese papel de intermediario entre China y Estados Unidos? ¿Qué papel estamos teniendo si no?

En mi opinión personal, creo que desde la guerra de Ucrania hemos basculado mucho hacia Estados Unidos. También hacia sus socios: Corea del Sur, Japón o Canadá. Son países que tienen mucha interacción con China, pero también grandes controversias. La UE empezó a trabajar en la autonomía estratégica, pero enseguida le puso el apellido de “abierta”. Estados Unidos sí que está en una posición tanto geográfica como de mercado interior (es un Estado, la UE no) de tener una mayor autonomía estratégica. Tienen un ejército y sobre todo una marina que pueden proteger el comercio internacional a lo largo de todo el mundo, algo de lo que nosotros carecemos, o incluso de un presupuesto de defensa que supera al europeo. También menor dependencia de los combustibles fósiles producidos fuera. Por no hablar de su abundancia de recursos naturales de los que nosotros carecemos o su cercanía a grandes proveedores de esos recursos.

En relación con esto último, la ventaja de China que comentábamos no es tanto una ventaja geológica o geográfica, sino política. Supieron hacer prospectiva y establecieron acuerdos de cooperación con el Sur Global, que es donde está muy localizada la producción de minerales o tierras raras. Y se han especializado en gran medida en su procesamiento. Pero bueno, China lleva mucho tiempo utilizando como arma su ventaja en materiales críticos. A Japón ya le limitaron la importación de tierras raras hace más de una década. Utilizar los recursos como herramienta estratégica no es nada nuevo y China no es el único país que lo ha hecho. 

Sobre el Sur Global, hay países latinoamericanos ricos en materias primas estratégicas como el litio. Chile ha aumentado su producción, México y Bolivia la han nacionalizado, y Argentina podría liberalizarla. ¿Qué piensa la UE? ¿Es América Latina una alternativa frente a otros proveedores?

Lo que está buscando la UE es diversificar a todos los niveles. No queremos tener una gran dependencia de una materia crítica estratégica, pero tampoco de un único proveedor. España y la presidencia española del Consejo de la UE han hecho muchísimo por el acercamiento, por que América Latina sea uno de los socios prioritarios. No podemos obviar que estos países están generando un gran interés: a Chile lo corteja todo el mundo ahora mismo. Tiene unas reservas de litio muy grandes y es un país más estable. Por lo menos hasta ahora, que sí hay más inestabilidad con la infiltración de mafias internacionales. Y es un interés no sólo europeo, también de Estados miembros. [El canciller alemán Olaf] Scholz estuvo en Chile hace poco.

¿Esa perspectiva nacional va en detrimento del proyecto de transición común? 

Bueno, es que esto es con todo. La construcción europea es un proceso único en el mundo, por lo que todo lo vamos construyendo poco a poco. Y no es un proceso lineal; tenemos altibajos. Ahora creo que hemos tenido un proceso de aceleración de la construcción europea sobre todo a raíz de la covid. Ahí está el Next Generation EU, el plan de recuperación de la pandemia por el que por primera vez la UE se ha endeudado de manera común. Esto no quita que la Unión siga siendo un proyecto formado por Estados miembros, con un presupuesto único muy limitado, sin armonización fiscal y hacienda comunitaria, y eso es muy limitante. Todo lo que se ha conseguido parece un milagro. 

Sobre la estrategia alrededor de las materias primas críticas, dentro de la UE hay Estados que están más especializados o preparados en el reciclaje y se van a beneficiar más. España es el tercer país con más reservas mineras o uno de los que más tiene. Suecia tal vez es uno de los países que más se va a beneficiar y además ya está teniendo proyectos muy interesantes, a pesar de sus problemas de falta de personal.

Luego está todo el tema de África: se están cerrando muchos acuerdos a través del Global Gateway. No se puede entender la estrategia de materias primas críticas de la UE sin el Global Gateway y los acuerdos que está impulsando con terceros países para garantizar el suministro. Son acuerdos de más larga duración y, por lo tanto, más estables, que permiten limar esa dependencia que tenemos todos de China. Como no somos los únicos que la tienen, se está creando una especie de alianza alrededor de las materias críticas.

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“No hay que demonizar la minería si se hace con estándares medioambientales y sociales estrictos”

¿Se está apostando a nivel europeo por la minería de estos materiales? ¿Debe hacerse?

No creo que haya que demonizar la minería, siempre y cuando se haga con estándares medioambientales y sociales muy estrictos. No sólo en territorio europeo, también en los acuerdos comerciales con terceros países. Y con un retorno claro que beneficie a las comunidades locales que participen además en los procesos. Hay comunidades locales que se están oponiendo al desarrollo de explotaciones mineras, pero es que las explotaciones mineras de hoy no tienen nada que ver con las de antaño. 

Te invito a visitar Atlantic Copper en Huelva, que es la antigua mina de Río Tinto, donde organizan visitas guiadas a la antigua explotación. Fue la mina de cobre a cielo abierto más importante del mundo; ahora hay una más importante en Chile. La nueva mina está muy tecnologizada. Claro, estas minas modernas generan menos empleo, pero el que se genera tiene menos riesgos asociados. Los mineros tradicionales tenían mejores salarios comparados con los de otros sectores, pero una tasa de mortalidad muy alta. Por supuesto, sigue habiendo minería que es completamente insensible a los derechos humanos mínimos. Sobre todo en algunas zonas de África. Debemos asegurarnos de que esto no sea así si son proveedores nuestros. Que todos los acuerdos comerciales que establezcamos a lo largo de toda la cadena de producción cumplan una serie de criterios tanto sociales como ambientales.

Y me gustaría insistir en la participación local: hay que hacer que la minería beneficie a esas comunidades locales. Tradicionalmente, la explotación minera siempre ha tenido un carácter enclavista. Se invertía en la explotación, en las instalaciones extractivas, y el transporte de los minerales al puerto donde luego se distribuían. Pero no había ningún modelo de desarrollo local ni interesaba lo que pasaba alrededor de la explotación. Tenemos que huir de ese modelo. Es cierto que ahora mismo hemos apostado más por el procesamiento que por la minería. Más que nada porque poner en marcha una mina requiere plazos muy abultados: de siete a ocho años. Pero con un diseño bien pensado, es decir, con unos estándares medioambientales serios, con criterios sociales rigurosos y con la participación y el retorno locales.

“Biden hace política social a través de la política industrial”

Los fondos del Next Generation EU son la gran apuesta de Europa para la reindustrialización verde. Sin embargo, Estados Unidos se ha vuelto mucho un competidor más atractivo con la Inflation Reduction Act (IRA) de 2022. ¿En qué punto queda el Pacto Verde Europeo con este impulso de Biden a su propia transición verde?

La IRA pilló a todo el mundo bastante desprevenido. En su propuesta inicial iba en contra de las reglas de la Organización Mundial del Comercio, era muy agresiva con socios como la UE. Con el esfuerzo que se ha hecho con el Acuerdo de Comercio y Tecnología a nivel europeo y con muchísimo trabajo bilateral se han limado muchísimas de las propuestas iniciales de la IRA. Algo ha mejorado. Pero en Estados Unidos tienen claro que este método de subsidios y reindustrialización verde era la única manera de avanzar hacia la descarbonización. A mí hay cosas que me gustan mucho de la IRA.

¿Por ejemplo? 

Me gusta especialmente que hace política social a través de la política industrial. Busca generar empleo en zonas que se vieron golpeadas por la externalización. Antes decíamos que China se ha beneficiado de la globalización. Bueno, también lo han hecho las empresas norteamericanas que producían allí donde era más barato, haciendo perder empleo y nivel de vida a grandes comunidades norteamericanas. Esto lo intenta contrarrestar la IRA. Claro, Estados Unidos es un Estado federal. Desde el presupuesto federal se puede invertir de forma más clara en determinados territorios. Aquí es más difícil, porque no tenemos ese presupuesto. Nuestra propuesta es diferente, más europea.

¿Faltaría más política social en esa política industrial europea? 

Para que haya una política social más asociada a esa política industrial antes deberíamos tener una fiscalidad común, un presupuesto común. Esto evidencia que la realidad estadounidense y la europea no son comparables. No podemos comparar a la UE con un Estado porque no lo es. Ni podemos comparar a uno de los Estados miembros con Estados Unidos porque la diferencia de tamaño es también brutal. Pero el problema de la IRA viene sobre todo de todos esos incentivos con los que puede atraer a las inversiones de empresas y, por lo tanto, quitarle esas inversiones de esas empresas de otros sitios. También porque establece barreras arancelarias y de importación a productos y componentes que no han sido producidos allí. Eso es lo que contraviene a las reglas de la Organización Mundial del Comercio.

Dentro de esa estrategia de materias primas críticas también se ha hablado de reducir la demanda para asegurar el suministro. ¿Cómo afecta esto al desarrollo tecnológico? ¿Nos puede hacer perder el tren de la innovación?

No, todo lo contrario. Precisamente, la Ley Europea de Materias Primas Fundamentales incluye esa apuesta por la innovación y la investigación. Hay una investigación brutal en el desarrollo de nuevos materiales y Europa tiene que apostar claramente por eso. Por ejemplo, hace poco visitamos Silicon Valley y estuvimos en una fábrica de baterías que lo hace todo con grafito sintético, que es fruto de la investigación y pesa mucho menos. Otra cosa es que tenga una salida comercial en condiciones, que sea competitivo, que sean baterías de más larga vida, que el reciclaje sea posible… Muchas cosas tienen que ocurrir para que un producto innovador sea exitoso luego en el mercado, rentable y sostenible. Pero en Europa también tenemos importantes centros de investigación. Por ejemplo, en España tenemos el Instituto Torroja de materiales del CSIC, que es muy bueno.

¿Somos competitivos en innovación? 

Sí y no. La UE es la primera potencia investigadora y tenemos el principal programa de investigación del mundo, el Horizonte Europa, al que se asocian terceros países como el Reino Unido, que lo hemos recuperado, o Nueva Zelanda. Pero no tanto en innovación, donde hay una brecha muy grande con respecto a Estados Unidos o China. Pero ahí andamos, intentando dar con la tecla.

“No somos grandes productores de petróleo, así que nos va la vida en buscar alternativas”

¿Qué rol debería tener la UE en la lucha contra la crisis climática? ¿Está cerca de este rol?

Yo creo que tiene un rol de liderazgo en el camino hacia la descarbonización. Lo dicen los números y lo dicen los esfuerzos regulatorios del Pacto Verde Europeo. Claro, no tenemos la potencia geopolítica que tienen otros. Por lo mismo que hemos comentado antes: no somos un Estado, no tenemos un presupuesto común, tampoco un ejército. También es verdad que no somos grandes productores de petróleo, así que nos va la vida en buscar fuentes de energía alternativas. Es clave para nuestra propia autonomía estratégica y nuestra viabilidad como proyecto político.

En 2024 tendremos elecciones europeas y estadounidenses. ¿Cree que pueden afectar a la estrategia de la transición verde? Si vuelve Donald Trump a la Casa Blanca o si la extrema derecha europea gana fuerza, ¿tendrán continuidad estas estrategias? 

Creo que están en riesgo. No sólo las estrategias de la transición verde, también la democracia. Y, por supuesto, una transición verde que sea democrática. La transición verde hay que hacerla sí o sí. Otra cosa es cómo se haga y cómo se repartan sus beneficios y sus costes. Eso es lo que está en riesgo: el momento y el control democrático, y el reparto de costes y beneficios.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.

1 comentario

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    Marcos Ruiz Escudero

    Gracias por la entrevista, muy interesante.

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