Suecia, la alternativa europea a las tierras raras de China

El hallazgo en Suecia de la mayor reserva de tierras raras de Europa puede solucionar esa dependencia de la Unión respecto a China y reforzar la transición energética. Sin embargo, procesar estos elementos, esenciales para producir tecnologías, enfrentará la oposición por su impacto ambiental.
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Suecia, la alternativa europea a las tierras raras de China
Fuente: elaboración propia con imágenes de Wikimedia

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Suecia ha descubierto el mayor yacimiento de tierras raras de Europa. Se sitúa en la mina de Kiruna, por encima del círculo polar ártico, y contiene alrededor de un millón de toneladas. Estos diecisiete elementos químicos han ganado relevancia en los últimos años: son necesarios para construir imanes permanentes, tecnología militar, baterías de vehículos eléctricos o las turbinas de los molinos eólicos, entre otras tecnologías. Son estratégicos para la Unión Europea, preocupada por liderar la transición energética.

Sin embargo, para ello primero debe reducir su dependencia casi total de China: el país mina el 63% de la producción global de tierras raras, con más de 140.000 toneladas al año, y procesa el 85%. Mientras Estados Unidos o Australia ya han desarrollado una producción competitiva, Europa se ha quedado atrás y no tiene ninguna mina en activo. Pero las reservas en Kiruna y otros puntos de Suecia podrían cambiar las cosas, ubicando al país a la cabeza de la producción de tierras raras en Europa.

Es peligroso depender de China

Como ha demostrado la crisis energética con el gas ruso, no es buena idea depender en exceso de un país para un bien estratégico. Con las tierras raras, la Unión Europea le cede poder a China, que gana capacidad de coacción. El gigante asiático ya demostró este poder en 2010: cuando Japón detuvo a unos pescadores chinos que faenaban en las islas Senkaku, que ambos se disputan, Pekín le impuso un embargo de tierras raras de dos meses. Es un precedente para Europa, que podría enfrentarse a embargos similares si no coincide con China en cuestiones como Taiwán o el mar del Sur de China. Todo esto mientras el debate sobre la autonomía estratégica es central para el proyecto europeo.

Controlar las tierras raras también le permite a China determinar su precio. La demanda global de estos elementos crecerá por la transición energética, multiplicando su valor de mercado alrededor de un 9% de 2021 a 2030, según las últimas estimaciones. Pero el precio también aumentará por una reducción de la oferta: China ya está disminuyendo sus exportaciones de tierras raras, una medida que podrían imitar otros países productores para priorizar el consumo interno. Estados Unidos, por ejemplo, ya declaró en 2021 que las tierras raras eran un bien clave para la seguridad nacional.

La disminución de la oferta de China forma parte del plan para reorientar su producción hacia fases más avanzadas de la cadena de valor. El país quiere pasar de ser un productor de materias primas y manufacturas baratas a uno de tecnologías avanzadas y energías limpias. Si la Unión Europea no le pone remedio, puede acabar dependiendo de China no solo en tierras raras, sino también en los productos que aspira a crear con ellas. Por mucho que ambos consigan mantener buenas relaciones y un comercio fluido, es un escenario que va en contra de los objetivos defensivos, industriales y ecológicos de la Unión.

Las tierras raras suecas pueden ser la solución

Europa es consciente de los problemas de depender de China. Desde hace años cuenta con proyectos que monitorizan y tratan de asegurar el suministro de materias primas estratégicas. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció uno nuevo en el último Foro de Davos, la Ley de Materias Primas Críticas para construir una alternativa al monopolio chino. Por tanto, el anuncio de Suecia llega en el momento idóneo: podría poner fin al obstáculo de no tener minas en activo. 

El yacimiento de Kiruna forma parte de una mina en activo, que ya extrae principalmente hierro. La empresa planea construir un parque industrial para extraer y procesar tierras raras a partir de la mina principal, que entraría en funcionamiento en 2027. No es el único depósito de Suecia con posibilidades, pues el país cuenta con unas reservas privilegiadas de tierras raras. De hecho, fue en Suecia donde se descubrieron estos elementos en los siglos XVIII y XIX. Su otra mina más prometedora es Norra Kärr, al sur, donde se calcula que hay unas 5.000 toneladas de óxidos de tierras raras. Si consiguen salvar problemas de licencias, se calcula que la explotación podría empezar en 2025.

Si bien estas estimaciones son optimistas, ya que poner en marcha de minas de tierras raras es un proceso largo y costoso, Suecia es el país mejor posicionado para empezar a producir. No solo tiene yacimientos prometedores, sino que cuenta con instalaciones en un estado más avanzado. De ponerse en marcha podría servir incluso de impulso regional, alentando a Finlandia y Noruega a abrir minas en sus propios yacimientos. A su vez, la península escandinava ganaría peso dentro de la Unión Europea.

Impacto medioambiental: la cara b de producir tierras raras

Ahora bien, empezar a producir tierras raras puede tardar años por la reticencia de la población sueca: minar y procesar estos elementos puede ser muy contaminante. Primero, porque suelen aparecer junto a elementos radiactivos, como el uranio o el torio. Y segundo porque procesarlas requiere productos tóxicos, muy dañinos para los ecosistemas si se filtran al terreno o al agua. Se calcula que por cada tonelada de tierras raras extraída se producen otras 2.000 de residuos tóxicos. En China, las minas de tierras raras han arrasado los ecosistemas cercanos y han disparado la incidencia de cáncer.

Este impacto medioambiental también ha contribuido a que China externalice parte de su producción a Myanmar, que en 2020 se convirtió en el tercer mayor productor del mundo. De este modo, China abraza una mentalidad de economía desarrollada: deslocalizar las industrias dañinas o incómodas, pero exigir sus productos. Esta misma mentalidad not in my backyard (‘no en mi patio trasero’) ha evitado que Europa tenga minas propias porque no salía rentable a nivel económico, social y medioambiental.

Sin embargo, el aumento de la demanda de tierras raras fuerza a cambiar de perspectiva. Los yacimientos suecos no son solo una oportunidad para reducir la dependencia de China, sino también para establecer unos estándares de producción menos agresivos con el medioambiente, con una tecnología más avanzada. Producir en Europa también implica dejar de deslocalizar la contaminación. No es un camino sencillo ni barato, pero la soberanía energética y la autonomía estratégica están en juego.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.