El sudeste asiático acumula disputas territoriales, pero pocas pueden volverse protagonistas como la de Japón y China por un archipiélago. Se trata de las islas Senkaku, para los primeros, o Diaoyu, para los segundos. Aunque Japón es el administrador de facto, China se ampara en razones históricas para reclamar la soberanía sobre estas ocho islas e islotes. Podría ser un pleito jurídico más por un trozo de mar, pero los escasos 350 kilómetros en línea recta que separan estas islas de Taiwán las coloca en la mira de Pekín.
China lleva una década apostando por convertirse en una potencia naval en Asia-Pacífico. Busca controlar los mares para salvaguardar sus intereses. Recién inaugurado su tercer mandato, Xi Jinping no solo buscará continuar esta estrategia, sino aumentar la presión militar sobre Taiwán e imponerse a rivales como Japón. Si reforzara su presencia militar en las islas Senkaku, conseguiría ambas.
¿Por qué importan las Senkaku?
Las islas Senkaku no tienen población ni recursos preciados, más allá de potenciales yacimientos de hidrocarburos en sus aguas, todavía poco exploradas. Sin embargo, llevan años provocando tensiones entre japoneses y chinos. Según Japón, ellos descubrieron las islas en el siglo XIX y las incorporaron a su territorio en 1895 al considerarlas terra nullius, un territorio bajo ninguna soberanía y que por tanto podían reclamar. Las administran desde 1972 como parte de la prefectura de Okinawa, ocupada por Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, tanto China como Taiwán reclaman la soberanía sobre las Senkaku desde 1971, argumentando que fueron descubiertas por la dinastía Ming en el siglo XII. Para China son parte de la provincia de Taiwán, que reclama como parte de su territorio.
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