El consumo global de tierras raras se ha doblado entre 2000 y 2016. Gracias a sus propiedades lumínicas y magnéticas, estos diecisiete elementos químicos se usan en lámparas fluorescentes, baterías de vehículos o pantallas táctiles. Y, sobre todo, en imanes, un componente esencial de los aerogeneradores de energía eólica, vehículos o discos duros de ordenadores. Hablar de tierras raras es hablar de energías renovables, industria automovilística y de tecnologías de la información. Pero estos materiales no solo son estratégicos por estar presentes en muchos productos de alto valor añadido, sino también por su geopolítica.
El líder indiscutible en el mercado mundial de tierras raras es China, país del que provino el 80% de las exportaciones mundiales entre 2015 y 2016. Aunque China tiene el monopolio de su extracción, hay reservas de tierras raras en otros puntos del mundo. En 2014 se estimaba que China tiene el 44%. En Australia (3%), India (3%), Estados Unidos (1%) o en ciertas zonas del norte de Europa como la Suecia septentrional o Groenlandia se pueden encontrar pequeños yacimientos. Brasil (17%) o Rusia (15%) también tienen grandes reservas, pero como el mercado está copado por China, su explotación no es rentable y el volumen de exportaciones de estos países es muy bajo. El resto de las reservas mundiales asciende al 17%.
El monopolio chino de las tierras raras
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