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Wifi, USB, QR… La innovación en las últimas décadas ha sido territorio de Estados Unidos, Europa y Japón. Los tres actores han desarrollado las patentes principales y han impuesto las normas o estándares tecnológicos al resto del mundo. Gracias a ello, las regalías por derechos de propiedad intelectual suponen una de las principales fuentes de beneficios de las multinacionales estadounidenses, punteras con casi 114.000 millones de dólares en 2020. Mientras tanto, los segmentos de menor valor añadido, como parte de la producción y el ensamblaje de los productos, han sido deslocalizados a países como China.
Pero el gigante asiático quiere ser mucho más que la fábrica del mundo. Pekín pretende dar el salto para competir por los segmentos de alto valor y marcar las reglas tecnológicas a nivel internacional. No solo se trata de ganarle el pulso a Estados Unidos, sino que es un frente clave para el crecimiento del país a largo plazo. El Gobierno chino es consciente de que para cumplir este objetivo debe impulsar la innovación y materializarla en patentes, de forma que puedan ser esenciales para los nuevos estándares tecnológicos.
De Made in China a Standards 2035
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