Las patentes como motor de la innovación global

Las patentes les dan a sus titulares una gran ventaja respecto a sus competidores, protegiendo sus avances con un derecho exclusivo de explotación. También son un escaparate mediante el cual mostrar al mundo lo que una empresa o un país pueden hacer. Por ello, las patentes se han convertido en una pieza más de la rivalidad tecnológica.
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Las patentes como motor de la innovación global
Fuente: U.S. Army illustration

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Los grandes inventos de la humanidad se encuentran hoy en día registrados en patentes, que le dan derecho de explotación exclusiva a su dueño y le protegen frente a terceros. Son fundamentales para el sector tecnológico, que da forma a nuestro presente y cada vez tiene mayor repercusión en las economías desarrolladas. Pero las patentes, además de ser registros normativos de la propiedad intelectual, tienen también un carácter simbólico en el plano geopolítico. En un momento en el que cada nuevo gran invento tiene potencial de convertirse en una carrera tecnológica, las patentes pueden mostrar quién está a la cabeza.

Cómo funciona una patente

Una patente es un derecho exclusivo para explotar una invención registrada durante un número de años determinado. Ello protege al titular de la patente de que su método sea usado, reproducido o copiado por terceros a no ser que él o ella quiera. La duración de este derecho exclusivo depende del país donde se registre, aunque normalmente son veinte años, como sucede en el caso de España, China o Estados Unidos. Pasado ese periodo se considera que la invención es de dominio público y todo el mundo puede explotarla. Las patentes protegen a su inventor a nivel nacional, a nivel europeo si se registra en un país de la UE y en los países miembros del Tratado de Cooperación en Materia de Patentes, firmado en 1970. 

Las patentes son un símbolo del avance de la ciencia. Para registrar una patente primero hay que hacer una solicitud que explique de forma exhaustiva el procedimiento y los detalles técnicos de la invención que se pretende patentar; esa solicitud se verificará para comprobar que efectivamente se trata de algo novedoso y de suficiente importancia como para conceder a su titular derechos exclusivos. Eso implica que no todas las solicitudes de patentes superan el proceso: según datos de la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual), en 2018 en Estados Unidos sólo se concedieron el 54,69% de las solicitudes y en China apenas un 29%

Las empresas no tienen la obligación de patentar sus inventos y pueden mantener el secreto de su creación, aunque, por supuesto, de no hacerlo también se encuentran desprotegidas: si su invención es sustraída, sería difícil probar quién la creó y a quién le pertenece. Dos ejemplos célebres de inventos no patentados son la fórmula de la Coca-Cola, creada en 1886, y la de la cerveza Guinness, elaborada por primera vez en 1759. El éxito de estas empresas se encuentra en ofrecer un producto con unas características únicas que el resto no puede copiar fidedignamente. No obstante, si estas dos empresas hubieran patentado su fórmula, cualquiera podría haber accedido a la receta de sus bebidas pasados veinte años, terminando con la exclusividad de estas dos famosas marcas.

La barrera de los veinte años, sin embargo, no es ningún impedimento en el área tecnológica. Hace hoy veinte años, en el año 2000, muchas de las innovaciones que están plenamente integradas en el mercado no existían, como los teléfonos móviles con pantalla táctil. Los avances en el campo tecnológico llegan tan rápido que es difícil predecir qué habrá en el mercado dentro de veinte años.

Aunque la mayoría de los países sean miembros de organizaciones internacionales como la OMPI, las legislaciones en torno a la protección de la propiedad intelectual no están armonizadas. De hecho, en ciertas industrias como en biotecnología, patentar es más sencillo en China que en Estados Unidos. Por otro lado, China tuvo hasta 2009 un estándar de novedad más bajo para fomentar la investigación y ayudar a la explosión del número de solicitudes de patentes del país, que en 2011 ya habían superado a las de Estados Unidos y Japón. Aunque las continuas revisiones de las leyes de propiedad intelectual chinas han ido cerrando esa brecha cualitativa, todavía hoy se presentan en China casi el doble de solicitudes que en Estados Unidos, en parte por los beneficios fiscales y los subsidios que obtienen las empresas chinas que patentan. Con todo, que se presenten tantas solicitudes no implica necesariamente que las patentes se concedan, y lo cierto es que en China se reconocen aproximadamente el mismo número que en Estados Unidos.

Fuente: elaboración propia de la autora

La propiedad intelectual se ha convertido en un indicador de progreso y desarrollo económico. Invertir en innovación permite impulsar proyectos que empezarán a ser rentables en el medio o largo plazo, una decisión estratégica que amplía la influencia de un país a nivel internacional. Como ha probado el caso de China, la laxa regulación previa a 2009 y los incentivos económicos a las empresas han contribuido a colocar al gigante asiático como un país puntero en pocas décadas. 

Para ampliar: “«Made in China 2025» o la vuelta de la Gran China”, Eduardo Saldaña en El Orden Mundial, 2018

El prestigio tecnológico

Patentar innovaciones tecnológicas no supone tanto riesgo como patentar la receta secreta de la Coca-Cola. Es más bien una manera de proteger los avances tecnológicos y de demostrar qué es capaz de hacer una empresa. Las empresas con mayor inversión continuada en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) suelen generar paquetes de patentes de diferentes áreas de la tecnología que están desarrollando para atrapar una mayor cuota del mercado.

Las empresas que registran sus innovaciones alcanzan mayores beneficios que sus competidores, ayudando a sus países de origen a proyectar su poder económico y su imagen exterior. Así, las empresas de Silicon Valley afianzan el ideal del sueño americano en el imaginario colectivo y son vitales para la propagación de las ideas liberales de EE. UU. De la misma forma, las empresas de Shenzhen —el Silicon Valley chino— contribuyen a mejorar la imagen exterior de China y ayudan, de manera consciente o no, a impulsar el mensaje de su ascenso como potencia mundial

China es, con diferencia, el país con mayor número de solicitud de patentes. A pesar de que un gran número de solicitudes no implica necesariamente que estas sean concedidas, es evidente que China está haciendo una gran inversión en I+D+i.

Al mismo tiempo, el peso de las grandes empresas tecnológicas les dan influencia en la política nacional de sus países. El Acta de Telecomunicaciones de 1996, aprobada bajo el gobierno de Clinton, recoge en su sección 230 un punto que ayuda a evitar que otros países sancionen a las Big Tech. Junto a esta regulación, de alguna manera trasladada a los tratados de libre comercio que firma EE. UU. con otros países, la labor de lobby de estas grandes empresas fuerza al Gobierno estadounidense a actuar en su beneficio. Un ejemplo reciente de ello son las críticas de Washington a las medidas de países europeos como Francia contra empresas estadounidenses como Google o Amazon.

De igual manera, la dependencia del PIB de Finlandia de la empresa de telecomunicaciones Nokia hace que el Estado finlandés invierta enormemente en esta empresa: cerca de ochocientos cincuenta millones de euros solo en 2018. El 30% de las exportaciones finlandesas en 2000 eran de Nokia, y en 2011 esta empresa representaba casi el 20% del PIB del país. Aunque la economía finlandesa ha ido rebajando su dependencia de Nokia, cada vez que la compañía de telecomunicaciones tiembla, también lo hace el resto del país, y eso le da un poder enorme.

Para ampliar: “Las redes sociales, armas de la ciberdemocracia”, Diego Mourelle en El Orden Mundial, 2018

Las patentes y la rivalidad tecnológica

La relación entre los Estados y sus gigantes tecnológicos es innegable. Es una consecuencia de la nueva competición geopolítica, marcada por la carrera tecnológica, y en la que también juegan un papel importante las patentes y su regulación. La falta de armonización en las leyes de propiedad intelectual les ha dado ventaja a países como China, a pesar de que luego su índice de aprobación de patentes sea menor. Así, no extraña que la disputa haya saltado incluso al terreno de la regulación, con Estados Unidos presionando para impedir que la candidata china, hasta ahora favorita, sea nombrada nueva directora de la OMPI.

Aunque el mayor pulso que están librando Estados Unidos y China en el plano tecnológico tiene como protagonista el 5G. El 15 de mayo de 2019, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que prohibía la “adquisición, importación, transferencia, instalación trata o uso de tecnologías de la información y de la comunicación” a “adversarios extranjeros”, alegando motivos de seguridad nacional. Se refería a Huawei, la empresa china líder en 5G. A pesar de que investigaciones del Departamento de Justicia apoyan esta postura, lo cierto es que Huawei fue la primera empresa capaz de proveer enteramente de la arquitectura 5G. En lo referente a esta tecnología, Estados Unidos se encuentra muy por detrás, con ninguna empresa entre las cinco primeras.

Huawei es la compañía con mayor número de patentes solicitadas sobre 5G, seguida de Nokia, que tiene el mayor número de patentes concedidas. Fuente: Statista

Como una especie de escaparate, las patentes ponen en evidencia la apuesta por la innovación de empresas y países enteros. Con una realidad tecnológica cada vez más compleja, se han convertido en un indicador más de quién está por delante en las nuevas tecnologías que darán forma a nuestro futuro. Las patentes, por tanto, son un brazo más de la carrera geopolítica, y las grandes empresas tecnológicas, sus campeones.

Para ampliar: “Huawei, y la geopolítica del 5G”, Andrea G. Rodríguez en El Orden Mundial, 2019

Andrea G. Rodríguez

Madrid, 1995. Policy Analyst Lead en tecnologías emergentes y la agenda digital europea en el European Policy Centre (EPC) en Bruselas, y miembro del Comité del Foro Europeo de Ciberseguridad (CYBERSEC). Formó parte del proceso OTAN 2030 como líder de la sección de tecnologías emergentes y disruptivas del grupo asesor NATO 2030 Young Leaders. Reconocida en 2021 por Brussels Forum como una de las líderes del mañana y por la Fundación Cibervoluntarios como una de las trece mujeres referentes en el ámbito TIC en España.