Golpeado tres semanas antes por los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos concretó su “guerra contra el terror” con la invasión de Afganistán, que acogía a los autores intelectuales de los ataques. La campaña se había denominado operación Justicia Infinita, pero el Gobierno le cambió el nombre porque podía resultar ofensivo al asemejarse a algunas expresiones religiosas, entre otras, del islam, mayoritario en ese país. El nombre oficial sería operación Libertad Duradera.
El entonces presidente estadounidense, George W. Bush, afirmó que la cruzada contra el terrorismo iba a demorarse, pues la operación no consistiría en un ataque de gran potencia como en otros conflictos, sino una lucha a largo plazo para erradicar la amenaza terrorista. La guerra en Afganistán duró hasta 2014, pero la presencia militar estadounidense se extendió hasta 2021.
Ocupar Afganistán como represalia
Los talibanes habían hecho de Afganistán un emirato islámico desde los años noventa. Tras la expulsión de los soviéticos en 1989, ganaron una guerra civil contra diversas facciones muyahidines y en 1996 tomaron el control de la capital, Kabul. Después del 11 de septiembre de 2001 Estados Unidos no tardó en saber que los talibanes daban refugio a Osama bin Laden y a la cúpula de Al Qaeda, quienes habían orquestado los atentados, y el Gobierno puso en marcha la operación Libertad Duradera para contrarrestarlos.
Bush anunció entonces que los estadounidenses, apoyados por fuerzas británicas, empezarían con ataques aéreos hacia objetivos talibanes y de Al Qaeda en territorio afgano antes de lanzar una invasión terrestre. Los talibanes respondieron ofreciéndose a negociar la entrega de Bin Laden si Estados Unidos probaba su participación en el 11S. Sin embargo, Washington rechazó la oferta, empezó los ataques el 7 de octubre y mantuvo la ocupación. En noviembre desplegó ya a unos mil soldados, que llegarían a 10.000 el año siguiente. Para el día 13 de noviembre los bombardeos estadounidenses y los ataques por tierra de la Alianza del Norte —la resistencia muyahidín al régimen talibán— hicieron caer Kabul. Tres semanas después, los talibanes sufrieron otra pérdida importante al caer la ciudad de Kandahar.
Hacia mediados de diciembre las tropas occidentales habían expulsado del poder a los talibanes y empezaban a establecer bases militares en las principales ciudades de Afganistán. La mayoría de los líderes talibán y de Al Qaeda no fueron capturados, sino que huyeron a la vecina Pakistán o a zonas rurales. A finales de año se designó un Gobierno transitorio compartido entre facciones antitalibán de etnia pastún, hazara, takiya o uzbeka. El elegido para liderarlo fue Hamid Karzai, un político independiente de una influyente tribu pastún que formó parte del Gobierno muyahidín entre 1992 y 1996 y se exilió con la llegada de los talibanes.
La operación Libertad Duradera fue un esfuerzo conjunto entre Estados Unidos, el Reino Unido, otros países aliados y las fuerzas afganas antitalibán, y costaría 578.000 millones de dólares. Además, tuvo operaciones subordinadas en Filipinas, el Cuerno de África, la garganta de Pankisi en Georgia, el Sáhara, el Sahel, y Centroamérica y el Caribe. A partir de diciembre de 2001, la operación fue reemplazada por una misión multinacional, la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, constituida por mandato del Consejo de Seguridad de la ONU y liderada por la OTAN, que estaría vigente hasta 2014.
Duradera por veinte años
El contexto del país cambió en pocos años. Afganistán aprobó una nueva Constitución en 2004 y celebró sus primeras elecciones democráticas en octubre, que ganó el propio Karzai. Al año siguiente se convocaron las primeras elecciones parlamentarias y provinciales en más de treinta años, y Bush visitó el país por primera vez y se reunió con su presidente en 2006. En apariencia se estaba construyendo un Estado democrático, pero la ocupación militar persistía, igual que la amenaza talibán.
Hubo que esperar hasta 2014 para que el entonces presidente estadounidense Barack Obama hiciera pública la decisión de poner fin a la misión militar en Afganistán en diciembre. Con todo, Washington y Kabul firmaron un acuerdo por el que las tropas estadounidenses podrían permanecer en el país unos años. El sucesor de Obama, Donald Trump, aumentó después el número de soldados en Afganistán, antes de negociar un plan de retirada con los talibanes, que seguían activos en el país. Ya en abril de 2021, el nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció la salida de sus fuerzas para antes de septiembre, con ocasión del vigésimo aniversario del 11S, pues consideraba que Estados Unidos ya no tenía intereses en ese conflicto enquistado.
Desde que Washington y sus aliados derrocaron en 2001 a los talibanes, el grupo islamista se había retirado a zonas remotas y había luchado una guerra de guerrillas contra el Gobierno afgano. Cuando las fuerzas occidentales empezaron a retirarse a mediados de 2021, los talibanes, sin encontrar apenas resistencia en las desmoralizadas tropas afganas, empezaron a ganar terreno y en agosto recuperaron la capital, restableciendo el emirato veinte años después de su caída.







