La denominación oficial del Estado de Bielorrusia es República de Belarús. Este nombre fue adoptado por el Soviet Supremo de la República Socialista Soviética de Bielorrusia (RSSB) en septiembre de 1991, un mes después de proclamar su independencia de la Unión Soviética. Desde entonces, Belarús figura en la lista de Estados miembros de Naciones Unidas. No obstante, la mayoría de lenguas de los países occidentales, incluida la española, y organizaciones como la Unión Europea todavía usan “Bielorrusia”.
El debate sobre la denominación del país no es solo lingüístico, sino también político. Históricamente, los partidarios de la unión con Rusia han optado por hablar de “Bielorrusia”, pues incluye al país dentro de los territorios pertenecientes a la Gran Rusia. Por el contrario, los bielorrusos que defienden su independencia de Moscú prefieren adoptar el nombre de “Belarús”.
Un conflicto etimológico y político
El origen de la palabra “Belarús” procede de los términos rusos bela (‘blanco’) y rus, que hace referencia a un pueblo eslavo oriental de la Edad Media. Tradicionalmente, los rus eran conocidos como rutenos, un conjunto de tribus escandinavas que emigraron hacia las tierras de la Rus de Kiev. Esta federación de principados fue la principal entidad territorial del este de Europa en el período medieval y sería origen cultural de los pueblos de Ucrania, Rusia y Bielorrusia. Durante las invasiones mongolas en el siglo XIII, los rutenos se fragmentaron en tres grupos: modernos (ucranianos), rojos (rusos) y blancos (bielorrusos).
La identificación de la palabra rus con Rusia se dio en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Esta asociación fue producto de la propaganda zarista. Para los zares, Rusia se dividía en tres partes: Rusia Grande, que se identifica con la actual Federación de Rusia; Rusia Pequeña, que aglutina la Ucrania moderna, y Rusia Blanca, conformada por Bielorrusia. De este modo, el término rus no quedó ligado a la historia de los rutenos, sino solo a la de los rusos. El objetivo era legitimar la dominación de Rusia sobre los territorios bielorrusos y ucranianos anexionados en el siglo XVIII. Esta adulteración ha provocado que muchos países identifiquen a la República de Belarús como Bielorrusia o Rusia Blanca.
Distinto régimen, mismo nombre
Tras siglos de dominación zarista, Bielorrusia alcanzó su independencia en 1918 con la caída del zar Nicolás II durante la Revolución rusa. El nuevo Estado se denominó República Democrática de Belarús y adoptó una bandera blanca con una franja roja horizontal en el centro. Sin embargo, los bielorrusos volvieron a estar bajo el control de Moscú con la proclamación de la RSSB en 1920 y con la fundación de la Unión Soviética. La URSS recuperó la denominación de Bielorrusia y cambió la bandera por la roja de los comunistas. Con la entrada de Bielorrusia en la ONU en 1951 aún siendo parte de la URSS, se añadió a la enseña una franja horizontal verde y otra vertical blanca y roja para distinguirla de la soviética.
Desde entonces, la bandera se ha convertido en un objeto de disputa identitaria para los bielorrusos. La proclamación del Estado independiente de Belarús en 1991 recuperó la tradicional bandera blanca y roja como enseña oficial. Sin embargo, Aleksandr Lukashenko restauró el diseño soviético tras ser elegido presidente tres años más tarde, sin la hoz y el martillo en la parte superior. Actualmente, los detractores de Lukashenko usan la bandera extraoficial en las manifestaciones y como protesta contra el régimen.
Bielorrusia o Belarús: una cuestión de identidad nacional
La bandera y el nombre del país son dos asuntos que definen la identidad nacional en Bielorrusia. El debate sobre la denominación del nuevo Estado predominó durante los meses posteriores a la independencia de 1991. Las fuerzas prosoviéticas más conservadoras se opusieron al cambio, pues preferían mantener la denominación de Bielorrusia dentro del nombre oficial. Esta posición prevalece entre quienes abogan por una mayor integración entre Rusia y Bielorrusia, e incluso por una posible anexión al país vecino.
Esta postura contrasta con la de los bielorrusos que rechazan la narrativa irredentista del Kremlin. Para ellos, la historia del pueblo bielorruso no es la misma de Rusia, por lo que el término “Belarús” se ajusta mejor a su tradición. Esta reivindicación ha llevado a algunos Estados occidentales, como Suecia, a adoptar ese nombre en sus organismos oficiales, abandonando la denominación habitual de Bielorrusia en sus lenguas nacionales.
