Rusia tenía muchas líneas rojas en la guerra. No ha cumplido ninguna

Ucrania y sus aliados han traspasado todas las líneas rojas de Rusia en la guerra, desde enviar mejor armamento hasta atacar Crimea. Moscú aún cuenta con la baza nuclear, pero es cada vez más evidente que sus amenazas son un farol.
GeopolíticaRusia y espacio postsoviético
Rusia tenía muchas líneas rojas en la guerra. No ha cumplido ninguna
Fuente: elaboración propia con Midjourney

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Hemos perdido la cuenta de las promesas del Kremlin de dar una respuesta contundente que han quedado en nada. “Usaremos todos los medios a nuestro alcance”, “no es un farol”… Son frases recurrentes en los discursos de Vladímir Putin. El presidente ruso ha dirigido estas y otras afirmaciones contra el envío de armamento occidental, que sigue aumentando en calidad y cantidad, y la contraofensiva ucraniana en los territorios anexionados por Rusia. Moscú busca establecer con ellas unas líneas rojas infranqueables.

Sin embargo, Ucrania las ha traspasado todas. Sigue resistiendo a los ataques rusos y avanzando en el frente. Sin ir más lejos, sus ciudades más importantes están resistiendo bombardeos gracias a las defensas antiaéreas. Aunque la ofensiva rusa sigue causando estragos, Kiev tiene cada vez más margen de actuación para presionar al Kremlin. Si bien la fuerza nuclear y la decisión de lanzar una guerra total contra Ucrania incitan a desconfiar de Rusia, sus faroles le restan credibilidad. Con cada vez menos capacidades militares y más débil en el frente, Rusia parece incapaz de cumplir sus amenazas.

“No enviarás armas a Ucrania”

Rusia sabe que Ucrania sólo puede hacerle frente gracias a las armas occidentales. Para desincentivar ese apoyo, las ha señalado como líneas rojas. A los pocos días del comienzo de la invasión, el Kremlin acusó a la Unión Europea de amenazar la seguridad del continente al suministrar armas a Ucrania. Una acción que “justificaba la operación especial rusa para desmilitarizar el país”. El propio Putin anunció que “cualquier interferencia exterior a la operación especial rusa” traería “una respuesta rápida como un rayo”.

La decisión rusa fue poner a las fuerzas nucleares en alerta especial y amenazar con responder al envío occidental a Ucrania de potentes sistemas militares como los misiles HIMARS. Con el caso de los tanques Leopard el pasado enero lograron amedrentar a Alemania. Como país con la potestad de autorizar su envío, el Gobierno alemán retrasó la decisión por miedo a provocar una escalada militar. Terminó cediendo sólo después de la presión de Polonia. Pero la respuesta de Rusia frente a esta decisión sigue haciéndose esperar.

Esto ha llevado a Occidente a desbloquear opciones impensables al principio de la ofensiva. Un ejemplo son los aviones de combate F-16, que ampliarían el rango de alcance de Ucrania. Estados Unidos ya ha autorizado su envío, que parece inminente. Otro ejemplo es la presencia de fuerzas de países de la OTAN. Según Andrey Kortunov, asesor de Putin, sería un ataque directo a Rusia. Sin embargo, los documentos filtrados del Pentágono desvelaron que ya hay decenas de efectivos occidentales en logística y asistencia en Ucrania, aunque países como Polonia ya han propuesto un despliegue mayor. Por tanto, la ayuda occidental cada vez depende menos de un enfado de Rusia y más de los resultados de Ucrania en el frente.

“No atacarás territorio ruso”

Para Putin, Ucrania no existe como Estado-nación independiente. Para afianzar esa idea y blindar su control territorial, Rusia se anexionó las provincias de Donetsk, Jersón, Lugansk y Zaporiyia en septiembre de 2022. Si bien sabían que Ucrania intentaría recuperarlas, pretendían mermar su capacidad de hacerlo. Desde su punto de vista, al nombrar esos territorios como rusos conseguirían que Kiev y sobre todo Occidente fueran más cautos en su contraofensiva. Sin embargo, este veto ha sido el más fácil de traspasar, ya que el Ejército ruso ni siquiera controlaba el total de los territorios anexionados. Ese mismo otoño sufrieron importantes retrocesos en el frente.

Un caso más sangrante para Rusia es Crimea, considerada su gran línea roja en la guerra. Perder la península aislaría a los batallones rusos en el sur de Ucrania y sería un golpe para Putin. La anexión de Crimea en 2014 fue una de sus mayores victorias políticas y le reportó máximos de popularidad. Pero eso no ha impedido que Ucrania bombardee desde el aire bases militares, almacenes de munición, depósitos de combustible en la península. En octubre atacó con drones navales el puerto de Sebastopol, que alberga la flota rusa del mar Negro, y en abril de 2022 hundió el buque insignia Moskva, la mayor catástrofe naval militar para Rusia desde la Segunda Guerra Mundial. Estos y otros ataques sin autoría confirmada, como la explosión en el puente de Kerch que conecta Crimea con el resto de Rusia, siguen sin motivar una respuesta contundente de Moscú.

Ahora Kiev parece haber dado el siguiente paso. No contentos con señalar la debilidad de Rusia en Ucrania, también podrían estar patrocinando ataques en territorio ruso. Estas últimas semanas, milicias rusas contrarias al Kremlin y favorables a Ucrania han lanzado ataques a la región fronteriza de Belgorod. Ya hay miles de desplazados y varios civiles rusos muertos por lo que Putin califica de “terrorismo ucraniano”. Aunque Kiev ha negado estar involucrada, las milicias le sirven para desestabilizar en ambos lados de la frontera. Ucrania o grupos rusos aliados también podrían estar detrás de los ataques con drones a refinerías y una base aérea rusas y al propio Kremlin. De confirmarse, los ucranianos habrían demostrado que pueden atacar el corazón del poder ruso y salir airosos.

El farol de Rusia es cada vez más evidente

Para haber presumido uno de los ejércitos más poderosos del mundo, las amenazas de Rusia cada vez suenan más a farol. Un pilar de cualquier estrategia de disuasión es que el contrario respete tus líneas rojas, y para eso hay que cumplir las amenazas si las traspasa. Rusia, sin embargo, no se ha hecho valer como el país implacable que dice ser, y además está subrayando sus debilidades. Ucrania se ha vuelto el cementerio de sus mejores activos militares navales y terrestres. Lo evidenció el modesto desfile del Día de la Victoria el pasado 9 de mayo, que conmemora la victoria soviética contra los nazis y que Rusia aprovecha para presumir de fuerza militar. No hubo fuerza aérea y solo se paseó un tanque viejo. 

La gran baza de Putin sigue siendo el botón nuclear. La herencia de la Guerra Fría como potencia nuclear le otorga un peso geopolítico a Moscú que Occidente se ha cuidado de provocar. Aun así, el cúmulo de fallos estratégicos, las guerras internas en el Kremlin, la debilidad del Ejército y el derrumbe de su discurso de disuasión han aumentado el margen para apoyar a Ucrania. Ya sea mandando aviones de combate o discutiendo sobre su futura integración en la OTAN. También con otras opciones, como una participación más activa de los países occidentales en el conflicto o el envío de capacidades militares aún más potentes. Así, mientras Rusia se blinda en un discurso poco creíble, Ucrania tiene más razones para el optimismo.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.