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“¡Miradlos, gilipollas! Os sentáis en clubes lujosos y vuestros hijos hacen vídeos de YouTube. Los hombres de Wagner mueren para que podáis atragantaros a comer en vuestras oficinas”. Así se dirigía en mayo Yevgueni Prigozhin a la cúpula militar rusa, acusando al Ejército de sabotear los esfuerzos de su compañía de mercenarios en el frente. Ya en junio, el Grupo Wagner denunciaba haber capturado a un teniente coronel del Ejército ruso que estando borracho habría ordenado abrir fuego contra uno de sus convoyes.
Vladímir Putin ha dado rienda suelta desde hace años a las rivalidades internas en el Kremlin. En parte para que compitan por mejores resultados, en parte para que nadie sea tan fuerte como para disputar su cargo. Sin embargo, con la guerra en Ucrania se le está yendo de las manos. El presidente ruso no puede perder apoyos y sigue inmóvil ante las crecientes disputas entre mercenarios y militares, mientras Ucrania comienza su contraofensiva. ¿Sus hombres fuertes se insultan en redes sociales? Él aparece revisando mapas del siglo XVII. Pero si nada cambia pronto, las costuras del Kremlin pueden saltar por los aires.
Un sistema “carnívoro y caníbal”
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