Kadírov y el Grupo Wagner, el ala dura que quiere dominar el Kremlin

Con el Ejército agotado y la lenta movilización de reservistas, Putin espera que los combatientes chechenos y el Grupo Wagner detengan el avance ucraniano. Ambas facciones aprovechan para criticar al Ministerio de Defensa y aumentar su poder, pero esas disputas pueden debilitar a Rusia.
GeopolíticaRusia y espacio postsoviético
Kadírov y el Grupo Wagner, el ala dura que quiere dominar el Kremlin
Fuente: elaboración propia con imágenes de Wikimedia

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Vladímir Putin no puede permitirse una derrota en Ucrania. Su liderazgo en Rusia se vería cuestionado, aumentando la posibilidad de un golpe de Estado. Sin embargo, el Ejército acumula pésimos resultados, como la reciente retirada de Jersón, sumaría ya más de 100.000 bajas y continúa perdiendo terreno pese a la llegada de los reservistas. El presidente ruso busca nuevos apoyos, y allí han surgido el jefe de la República de Chechenia, Ramzán Kadírov, y el líder del grupo de mercenarios Wagner, Yevgueni Prigozhin.

Kadírov y Prigozhin critican las decisiones del Ministerio de Defensa, aunque han apoyado la retirada de Jersón, y tratan de convencer a Putin de que sus métodos son más efectivos que los del Ejército. Su retórica es nacionalista, pero no pertenecían al núcleo del poder en Rusia y ambos ambicionan que caiga la cúpula militar en favor de figuras de su entorno. A ellos se han unido otras voces que abogan por una nueva política de mano dura, sea por ideología o para escalar en el Kremlin. Putin escucha con atención las propuestas de este llamado “Partido de la Guerra”, esperando encontrar un freno al avance ucraniano.

El Ejército ruso está contra las cuerdas 

Con la excepción de Jersón, los miembros del Partido de la Guerra han convertido cada derrota del Ejército ruso en una oportunidad para criticar a los militares. Así ocurrió tras la pérdida de la estratégica ciudad de Limán, en la región de Donetsk, a principios de octubre. Kadírov tachó de “mediocre” al militar a cargo de la localidad, Alexander Lapin, y Prigozhin respaldó el comentario en internet. Además, Kadírov llegó a afirmar que el Ejército ruso estaba plagado de “nepotismo”.

Hasta ahora Putin ha consentido que el Partido de la Guerra descargue su furia sobre la cúpula militar porque sabe que necesita el apoyo de los halcones para seguir con la invasión. Además, que las críticas se focalicen en el Ministerio de Defensa le permite desviar su parte de responsabilidad. Putin quiere recrear la imagen del buen zar rodeado de malos consejeros ahora que las victorias ucranianas son cada vez más difíciles de ocultar, como la destrucción del puente que une Crimea con Rusia.

A lo largo de la guerra, Putin ha despedido a numerosos altos cargos militares por malos resultados, pese a que ahora mismo él toma la mayoría de las decisiones sobre el día a día. El último reemplazo ha sido el de Alexander Dvórnikov, alto mando de las operaciones militares rusas en Ucrania, por Serguéi Surovikin, que tiene una reputación de pertenecer al ala dura del Ejército. Una concesión al Partido de la Guerra. 

Quien por ahora permanece en el cargo es el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú. Hacerle caer podría aumentar el malestar entre los militares. Además, tiene una relación estrecha con Putin e incluso han llegado a veranear juntos. Pero en el Partido de la Guerra también hay miembros jóvenes de los servicios de inteligencia que quieren ocupar el puesto del ministro. Uno de ellos es el gobernador de Tula, Alexéi Dyumin, que contaría con el apoyo de Kadírov y Prigozhin. 

Kadírov: más dinero para Chechenia

Ramzán Kadírov dirige a cerca de 10.000 combatientes chechenos desplegados en Ucrania. Como jefe de la región, ha empezado a movilizar a su población para la guerra, un modelo que espera ampliar en Rusia. La idea es que cada uno de los sujetos federales del país se encargue de adiestrar al menos a mil personas, lo que generaría una fuerza de 85.000 unidades. En una maniobra propagandística, Kadírov ha querido dar ejemplo mandando a sus tres hijos adolescentes al combate. Putin apoya las iniciativas para acelerar el reclutamiento de civiles, pero no se atreve a pedirlas él mismo por el desgaste político que supondría.

Kadírov es una de las voces más radicales sobre la guerra: promueve el uso de armas nucleares y sus fuerzas son conocidas por su brutalidad y violar los derechos humanos. Esa reputación se ha convertido en un arma psicológica para ocupar ciudades. La localidad de Bucha, cerca de Kiev, estuvo bajo control de su hombres, y según las autoridades ucranianas más de cuatrocientos civiles fueron ejecutados en la ciudad.

Mientras tanto, Kadírov no ha dudado en condenar al Ejército ruso porque sabe que Putin no puede prescindir de los chechenos. Con sus críticas pretende aumentar la financiación que recibe del Gobierno central: cerca del 80% de los ingresos de Chechenia vienen de Moscú. Pero más allá de eso, Kadírov quiere ganar peso en el aparato de seguridad, y Putin ya le ha nombrado tercero en el escalafón militar.

Prigozhin: mercenarios contra el Ministerio de Defensa 

Yevgueni Prigozhin, por su parte, lidera el Grupo Wagner, una compañía militar privada con unos 20.000 hombres desplegados en Ucrania. El grupo está compuesto por mercenarios que han luchado en Siria o Libia, y por antiguos miembros de las fuerzas especiales. Además de su experiencia, los combatientes de Wagner están mejor pagados que los soldados del Ejército, por lo que tienen más motivación. Prigozhin ve a Wagner como una fuerza de élite superior al Ejército que además recluta con facilidad a civiles, incluidos presos. Esta posibilidad evita bajas en las Fuerzas Armadas y el coste político que ello conlleva.

Al igual que Kadírov, Prigozhin ha visto en la guerra de Ucrania una oportunidad para subir a la cúpula del Kremlin. Su objetivo es hacer caer al ministro Shoigú y sustituirle por una figura favorable, en especial en la adjudicación de contratos de defensa. En octubre, Prigozhin llegó a enfrentarse con Putin por el desarrollo de la guerra al tiempo que lanzaba varias iniciativas para invertir la situación sobre el terreno. Entre ellas, el grupo de mercenarios ha empezado a construir la “Línea Wagner”, una trinchera defensiva en el Donbás. Prigozhin también ha anunciado su intención de crear una milicia de civiles rusos en la ciudad fronteriza de Bélgorod que subsane la lenta movilización de reservistas del Ejército. Finalmente, Wagner se ha convertido en el protagonista de la batalla de Bajmut, una localidad clave para controlar el Donbás.

Si Putin sigue dando cada vez más poder a Prigozhin y Kadírov corre el riesgo de aumentar el malestar dentro del Ejército. La hoja de ruta que propone el Partido de la Guerra es peligrosa para el futuro de Rusia, incluido el uso de armas nucleares. Además, ni siquiera está claro que esta mano dura sirva para frenar a los ucranianos. Hasta ahora, el presidente ha dejado que estas dos facciones compitan entre sí a la espera de ver cuál ofrece mejores resultados, pero esta tensión interna puede acabar debilitando a las fuerzas rusas.