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Durante la segunda semana de la invasión a Ucrania, el senador republicano Lindsy Graham se preguntó en Twitter si había algún Bruto en Rusia dispuesto a deponer al César. Sean Hannity, un conocido presentador de televisión estadounidense, también ha abogado por el asesinato de Vladímir Putin como solución a todos los problemas. El propio Joe Biden ha tenido que aclarar que entre sus planes no está el magnicidio.
Putin ha sido caricaturizado durante años como un malvado espía del KGB que todo lo puede y todo lo sabe. Gobierna el país más grande del mundo con puño de hierro y se pasa las noches elaborando planes para destruir Occidente. La polarización que ha generado la guerra en Ucrania ha impulsado este discurso. Esto ha llevado a mucha gente a razonar que deshacerse del presidente ruso pondría fin a la guerra. Sin embargo, esto es simplificar demasiado las cosas: pese a todo, durante sus veinte años al mando Putin ha mantenido el control del país y refrenado los discursos más extremistas.
Sin Putin, habrá luchas por el poder
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