Una guerra comercial es un conflicto económico derivado de la imposición de aranceles y otras medidas mercantiles contra uno o varios países, que responden con represalias. Puede iniciarse como respuesta a prácticas desleales de otro Estado para mejorar su industria nacional, su balanza comercial o para reducir el déficit, o en general como respuesta a cualquier medida que no haya gustado al país en cuestión.
Las medidas más comunes en una guerra comercial son las barreras arancelarias. Consisten en aumentar los aranceles a las importaciones o exportaciones para encarecer los productos y reducir su comercio. También hay barreras no arancelarias, como las cuotas monetarias o de cantidad, requisitos que restrinjan productos y desincentiven a los productores o incluso prohibir el comercio de estos productos. Son medidas proteccionistas que impiden el libre comercio, aunque pueden ser temporales.
Las guerras comerciales favorecen a las industrias nacionales al aumentar la demanda de sus productos, lo cual puede generar más empleo e inversión en el sector, o desincentivar su innovación. Sin embargo, perjudican a los consumidores, que comprarán más caro y tendrán menos opciones de productos para elegir.
Guerras comerciales por el opio, tierras o plátanos
Ha habido distintas guerras comerciales en la historia. Las guerras del Opio, por ejemplo, comenzaron cuando China prohibió esta sustancia en 1829 por motivos de salud. Esto afectó en especial a los británicos, que comerciaban con ello. La Compañía Británica de las Indias Orientales empezó a introducirlo de contrabando y, cuando el Gobierno chino se dio cuenta, encarceló a los narcotraficantes, desatando un conflicto en 1839. La primera guerra del Opio terminó en 1842 con la cesión de Hong Kong al Reino Unido, y hubo una segunda cuando británicos y franceses se aliaron contra China entre 1856 y 1860.
Otra guerra comercial fue entre el Reino Unido e Irlanda en 1932,. El primero impuso un 20% de aranceles a los productos agrícolas irlandeses después de que Irlanda suspendiera el reembolso de rentas de los préstamos concedidos para la compra de tierras. Irlanda, que era muy dependiente del mercado británico, se vio afectada por pérdidas de unos 48 millones de libras de la época. Para poner fin a esta guerra comercial se firmó en 1935 el Pacto Carbón-Ganado, que abarató el comercio de ambos productos como primer paso.
Una de las guerras comerciales más sonadas fue la del plátano en 1993. La Unión Europea impuso aranceles a la importación de este producto que afectaron a los productores de Estados Unidos y países de Latinoamérica en favor de las antiguas colonias europeas en África, que quedaban exentas. Los países perjudicados denunciaron a la UE ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), que le obligó a relajar algunas medidas. Estados Unidos tomó represalias contra bienes de lujo europeos hasta que, finalmente, las partes firmaron el Acuerdo de Ginebra sobre el comercio de bananos en 2010.
La guerra comercial entre China y Estados Unidos
La gran guerra comercial reciente fue entre Estados Unidos y China. En marzo de 2018, Donald Trump estableció un arancel del 25% y 10% al acero y el aluminio, respectivamente, que afectó sobre todo al gigante asiático, mientras que no se aplicaría a Canadá, México, Argentina, Australia, Brasil y la UE. Las barreras serían por 50.000 millones de dólares, pero no se ajustaban a las disposiciones de la OMC. El mismo mes, Trump anunció aranceles sólo para China por su “agresión económica” y el supuesto robo de propiedad intelectual. Washington consideraba que los empresarios chinos copiaban sus tecnologías y recriminó que China exigiera la cesión de propiedad intelectual como condición a la importación. En represalia, Pekín impuso aranceles contra 120 bienes estadounidenses por 3.000 millones de dólares.
Ambos países escalaron sus represalias hasta que China denunció en abril a Estados Unidos ante la OMC porque algunos aranceles violaban las disposiciones del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio y del Acuerdo sobre Salvaguardias. Las tensiones continuaron y dieron paso a una guerra tecnológica entre los dos países. En 2022, Estados Unidos, ya presidido por Joe Biden, prohibió la venta de semiconductores y chips a China. Esto redujo las importaciones y bloqueó la producción de muchas empresas del sector, impactando en la cadena de suministro global, y ha frenado el acceso de Pekín a avances en sectores punteros como la biotecnología o la inteligencia artificial.




