Hong Kong es hoy uno de los grandes centros financieros de China y del mundo, pero hubo un tiempo en que no perteneció al gigante asiático: el Reino Unido ocupó el territorio desde 1842 hasta 1997. A principios del siglo XX sirvió de refugio para miles de chinos desplazados por la invasión japonesa de Manchuria y la guerra civil, con lo cual aún como colonia británica mantuvo fuertes lazos con la China continental. Por eso el Reino Unido, a pocos años de vencer el alquiler del territorio, se comprometió en 1984 a devolverlo, de manera que forma parte de China desde 1997. Con un estatus administrativo especial, Hong Kong pasó ese año a ser un enclave capitalista en una China comunista.
Hong Kong: más de un siglo de ocupación británica
La conquista británica de Hong Kong se remonta a 1842, cuando el Reino Unido ocupó la isla como botín de guerra. China había perdido la primera guerra del Opio y, con ella, varios territorios y el control de sus puertos. Dieciocho años después, los británicos aprovecharon otra derrota china para sumar a Hong Kong la península vecina de Kowloon. El territorio terminó de conformarse en 1898, cuando el Reino Unido anexionó los Nuevos Territorios a Hong Kong, aunque esta vez lo hizo arrendando un alquiler de 99 años, que para el entonces representante británico en China, Claude MacDonald, equivalía a la perpetuidad.
Los 99 años, no obstante, fueron agotándose, hasta que a finales del siglo XX la primera ministra británica Margaret Thatcher tuvo que enfrentarse a la cuestión de Hong Kong. Aunque el Reino Unido solo tenía la obligación de devolver los Nuevos Territorios, toda la región estaba integrada en la China continental, de manera que los británicos decidieron entregarla entera cuando venciese el alquiler. Además, el Reino Unido estaba en crisis económica a principios de los años ochenta y Pekín presionaba por la devolución, así que Thatcher accedió a dialogar.
Las negociaciones empezaron en 1982 y tardaron más de dos años, hasta que las partes aprobaron la Declaración Conjunta Chino-Británica. Aquel 19 de diciembre de 1984 los ingleses se comprometieron a devolver Hong Kong a China en 1997, a cambio de que esta permitiese que el territorio siguiese siendo una economía capitalista y tuviese libertades políticas. Fue entonces cuando el líder chino Deng Xiaoping ideó el modelo “un país, dos sistemas” y se comprometió a respetar la autonomía hongkonesa hasta 2047.
China: un país, dos sistemas
Bajo el modelo de Deng, Hong Kong pasó a ser una región administrativa especial (RAE) de China. A diferencia del resto de provincias, tiene su propia Constitución, la Ley Básica, un sistema judicial autónomo y algunos derechos democráticos, como la libertad de expresión y asociación, que no están reconocidos en la China continental. No obstante, desde que Hong Kong se convirtió en RAE en 1997, el Gobierno central chino ha intentado controlar la elección del “jefe ejecutivo” regional, que remplazaba al gobernador de tiempos coloniales, y limitar la soberanía y los derechos democráticos del pueblo hongkonés.
Por esa razón, el principal conflicto entre Pekín y Hong Kong es la elección del líder regional. Según la Ley Básica, el jefe ejecutivo tiene que ser elegido por el pueblo y aceptado por el Gobierno central chino, lo que ha ido derivando hacia un sistema de sufragio universal. Sin embargo, en la práctica el Comité Electoral hongkonés está compuesto en su mayoría por miembros afines al Partido Comunista chino, como se vio en 2014, cuando el Gobierno aprobó una reforma que exigía que el candidato elegido para jefe ejecutivo contase primero con la aprobación de la formación única.
La reacción del pueblo hongkonés no se hizo esperar y en septiembre de ese año estalló la revolución de los paraguas, una oleada de manifestaciones que denunciaba el control chino sobre el Ejecutivo hongkonés y que exigía la implantación del sufragio universal. Sin embargo, aunque las protestas paralizaron Hong Kong durante casi tres meses, el Gobierno central chino no ha hecho sino apuntalar su control sobre la excolonia británica.
En verano de 2019, por ejemplo, la jefa ejecutiva hogkonesa Carrie Lam propuso una ley para extraditar a la China continental a delincuentes penales acusados de delitos graves, pero los hongkoneses se manifestaron en contra porque entendieron que daba carta blanca a Pekín para realizar detenciones arbitrarias. La legislación al final no se aprobó.
Sin embargo, China puso en marcha en 2020 la Ley de Seguridad Nacional de Hong Kong, que provocó nuevas manifestaciones al recortar las libertades de su población. En marzo de 2021 el Gobierno chino aprobó otra reforma que le permite elegir a 300 miembros nuevos —de un total de 1.500— del Comité Electoral hongkonés y medir su grado de patriotismo, también como parte de un control progresivo con miras a 2047.