La dinastía Qing gobernaba el Imperio chino desde 1644, cuando las tribus manchúes vencieron a la dinastía Ming. Aunque gozó de prosperidad económica y cultural, expandiéndose hasta las regiones de Mongolia, Xinjiang y el Tíbet, desde el siglo XIX comenzó a debilitarse por la corrupción, las presiones imperialistas europeas y japonesas y las rebeliones internas, como la guerra con la dinastía cristiana de los Taiping.
Las últimas décadas estuvieron marcadas por la regencia de la “emperatriz viuda” Cixí. Con el estallido en 1898 de la rebelión de los bóxers, una sociedad secreta contraria a la injerencia extranjera, Cixí consiguió su apoyo para apartar del poder a su sobrino, el emperador Guangxu, y acabar con sus reformas de modernización. Pero el conflicto se recrudeció y, después de que los bóxers asesinasen al embajador alemán, las potencias extranjeras se unieron para ocupar Pekín, donde residía la corte imperial, en 1901.
Cixí tuvo que firmar entonces el tratado de Xinchou, que facilitaba la presencia extranjera y la occidentalización, con reformas como la libertad de prensa. Además, apartó del poder a aquellos relacionados con los bóxers, como el padre del heredero al trono, sustituido por el príncipe Chun. Su primogénito, Puyi, nació en 1906 y, cuando Guangxu murió, fue proclamado emperador con solo dos años. Sin embargo, aún no era consciente de la situación cuando el 12 de febrero de 1912 se selló su abdicación, que acabó con dos milenios de imperio.
La caída de la dinastía Qing
Puyi fue nombrado emperador bajo el título de Xuantong (‘proclamación de unidad’), pero el tabú de referirse al emperador chino por su nombre de pila se perdió debido a su vida más vinculada al ámbito civil. Tras su proclamación, inició la instrucción para su rol mientras gobernaban su padre, el príncipe Chun, y su tía, la emperatriz viuda de Guangxu, Longyu. Pero pronto se expandió la idea de que Puyi había perdido el “mandato del cielo”, es decir, el vínculo con la divinidad por el cual consigue paz y prosperidad. Por tanto, su legitimidad había disminuido por la ineficacia de la dinastía Qing de modernizar China y frenar las agresiones extranjeras.
El descontento desencadenó la Revolución de Xinhai en octubre de 1911. El primer ministro imperial, Yuan Shikai, frenó las revueltas, pero ante la propuesta de los revolucionarios nacionalistas de que presidiera una nueva República, acordó el fin del Imperio chino. El 12 de febrero de 1912, la emperatriz viuda Longyu, que tenía la última palabra según las tradiciones de la corte, se vio obligada a firmar la abdicación del emperador, que tenía seis años. Entonces se instauró la República de China y se creó un Gobierno provisional junto a una Asamblea Nacional. Pero pronto Yuan Shikai monopolizó el poder, por lo que fue destituido en 1916.
Puyi, de emperador a ciudadano republicano
El acuerdo con Yuan Shikai permitió a Puyi crecer en el palacio imperial de la Ciudad Prohibida, donde conservó privilegios y el protocolo de emperador. Mientras, en China se sucedían las revueltas impulsadas por los señores de la guerra, que no alteraron la vida de Puyi hasta el golpe de Estado de 1924, cuando fue expulsado del palacio. Sin apoyos en China, se mudó a la concesión territorial que Japón tenía en Tianjin, al este.
Puyi conoció allí a las autoridades japonesas, que lo convencieron de encabezar el Gobierno de Manchukuo tras la conquista japonesa de la región china de Manchuria en 1931. Sin embargo, se convirtió en un emperador títere de Japón. Por ello, cuando la Unión Soviética liberó Manchuria en 1945, no fue juzgado como criminal de guerra e incluso testificó contra los generales japoneses en los juicios de Tokio.
No obstante, Puyi permaneció recluido y, tras la victoria del Partido Comunista en la guerra civil en 1949, la URSS se lo entregó a la nueva República Popular China. Condenado como traidor, fue encerrado en la cárcel de Fushun para lograr su reeducación y utilizarla como propaganda. Fue liberado diez años después, convencido del régimen comunista chino, y dedicó sus últimos años a trabajar como jardinero y en la Biblioteca Nacional.