29 de octubre de 2015

29 de octubre de 2015: China pone fin a la política del hijo único

China dijo adiós en 2015 a su controvertida política del hijo único, que estaba en vigor desde 1979, para pasar a permitir hasta dos hijos por pareja. Esta nueva medida pretendía dar un vuelco al creciente envejecimiento de la población pero no ha tenido éxito.
29 de octubre de 2015: China pone fin a la política del hijo único
Fuente: pixabay

Esta funcionalidad está reservada a suscriptores. Suscríbete por solo 5€ al mes.Guardar artículo

Con más de 1.400 millones de habitantes, China es el país más poblado del mundo. Su rápido crecimiento demográfico durante la segunda mitad del siglo XX llevó al Partido Comunista a establecer políticas de planificación familiar, como la política del hijo único en 1979, para evitar la superpoblación. Sin embargo, el envejecimiento poblacional obligó al Gobierno a dar marcha atrás y anunciar el fin de esta medida el 29 de octubre de 2015. 

Una pareja, un hijo

No era la primera vez que el régimen chino llevaba a cabo medidas para controlar la natalidad. Antes de 1979 ya había tratado reducir de forma indirecta la alta tasa de fecundidad, que se situaba en torno a los seis hijos por mujer durante los años sesenta. Para ello promovió el retraso de la edad de matrimonio y realizó campañas de distribución de anticonceptivos. En 1972 el control se volvió más férreo. Incluso se recomendaron límites de hijos por pareja: dos en las zonas urbanas y tres o cuatro en las rurales.

Pese a ello, la población siguió en gran aumento debido a la mayor esperanza de vida y a la menor mortalidad infantil. El Gobierno chino consideraba que la demografía era clave para convertirse en potencia mundial. Así, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, en enero de 1979 adoptó la política del hijo único, con una comisión encargada de implementarla. Excepto algunas regiones y minorías étnicas, todo el país debía cumplir la medida. Su propósito era estabilizar la población sobre los 1.200 millones de habitantes para el año 2000.

https://elordenmundial.com/por-que-se-sigue-considerando-a-china-una-economia-en-desarrollo/

Junto a la propaganda y la coacción, el Gobierno diseñó un sistema de premios y sanciones para promover la política del hijo único. Aquellas parejas que decidían tener solo uno eran premiadas con beneficios económicos y sociales, mientras que quienes incumplían la medida se enfrentaban a multas elevadas. Para asegurar que las parejas no excedieran el número de hijos, se fomentaron las esterilizaciones y los abortos, especialmente en el mundo rural. A mediados de los ochenta, la política del hijo único se relajó, permitiendo a las parejas del campo tener un segundo hijo si la primera era niña.

Muchos ancianos y más niños que niñas

La efectividad de la política del hijo único es objeto de debate. China ha conseguido ralentizar su crecimiento poblacional y reducir la tasa de fecundidad hasta valores cercanos a un hijo por mujer, pero provocando desórdenes demográficos. Ahora tiene nuevos retos, como el envejecimiento acelerado de la población y el desequilibrio entre el número de hombres y mujeres.

Por un lado, el porcentaje de personas con más de 65 años en China pasó de un 13 a un 19% entre 2010 y 2020, mientras que el número de nacimientos ha caído. La población en edad de trabajar, sostén de la economía, se ha reducido, y esto amenaza al Estado en su senda de crecimiento económico porque tendrá que gastar más en pensiones. El desequilibrio entre sexos es otra consecuencia de la política del hijo único. En ocasiones los padres recurrían a abortos selectivos porque preferían que su hijo fuera varón por cuestiones económicas, dando lugar a que nacieran más niños que niñas. Esa desproporción afecta a las posibilidades de contraer matrimonio, lo que a su vez merma la tasa de natalidad.

Ahora se permiten hasta tres hijos

Así, “para afrontar el reto del envejecimiento”, el Partido Comunista terminó con la política del hijo único el 29 de octubre de 2015, al permitirles a las parejas casadas tener otro más. No obstante, la medida no se tradujo en un boom de nacimientos. De hecho, la tasa de natalidad siguió en caída libre. Ante este fracaso, el gobierno de Xi Jinping amplió en 2020 el límite hasta los tres hijos por pareja.

Sin embargo, y pese al auge de la clase media, el coste de criar hijos, de la vivienda o de la atención sanitaria también ha aumentado en los últimos años. Además, cada vez están más presentes la difícil conciliación familiar y que muchas mujeres optan antes por desarrollar su carrera profesional. Todo ello hace aún más incierto el futuro demográfico de China, así como las políticas para manejarlo en función de sus intereses económicos y geoestratégicos.

Julen Kenk

Madrid, 1999. Graduado en Historia por la Universidad Complutense. Máster en Diplomacia y Relaciones Internacionales por la Escuela Diplomática. Apasionado de las conexiones entre el deporte, la política y la historia.

Comentarios