EOM explica Economía y Desarrollo Asia-Pacífico

¿Por qué se sigue considerando a China una economía en desarrollo?

¿Por qué se sigue considerando a China una economía en desarrollo?
Fuente: pxhere

China es la segunda economía del mundo, pero sus propios líderes políticos y los organismos internacionales la clasifican como un país en vías de desarrollo. Desde su apertura económica en 1978 ha pasado de tener ingresos bajos hasta situarse entre los Estados de ingresos medios. Su producto interior bruto (PIB) fue de 14,28 billones de dólares en 2019, equivalente al 66% del PIB de Asia y solo superado por Estados Unidos. Sin embargo, el país no forma parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), integrada por “las naciones económicamente más avanzadas”.

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¿Qué dicen los números?

No existe consenso sobre qué define a un “país en vías de desarrollo”. Cada organismo hace una clasificación propia, pero el indicador principal es la renta per cápita, medida en función del ingreso nacional bruto por habitante. En general, el umbral para los países desarrollados es de 12.536 dólares al año, mientras que la riqueza media anual de los casi 1.400 millones de chinos fue de 10.216,6 en 2019.

Por ello el Banco Mundial clasifica a China como una economía de ingresos medios-altos, justo por delante de México y detrás de Maldivas, así que entra en la categoría de economía emergente y recibe préstamos para el desarrollo. El Fondo Monetario Internacional la considera parte de la “Asia en desarrollo” no solo por su renta per cápita, sino también por cómo diversifica sus exportaciones y se integra en el sistema financiero mundial. Además, China ocupa el puesto 85 de 189 en el índice de desarrollo humano (IDH) del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo con 0,761 puntos, debajo de los 0,8 sobre el que están los países desarrollados.

China está cerca de las economías desarrolladas tanto en esperanza de vida (76,7 años) como en tasa de alfabetización (96,8%), y su renta per cápita no está muy lejos de la de países de ingresos altos. El anuncio en 2020 de que China ha erradicado la pobreza extrema fue otro avance: ochocientos millones de chinos han dejado de vivir con menos de 2,30 dólares al día en los últimos cuarenta años. Sin embargo, la desigualdad es muy alta, algo que no está reflejado en el indicador de la renta per cápita. La acelerada urbanización y el crecimiento demográfico han provocado una grave brecha entre el campo y la ciudad.

Ser considerada una economía en desarrollo tiene ventajas

Las autoridades chinas, no obstante, están conformes con que se considere a su país una economía en desarrollo y reiteran esa clasificación en sus declaraciones. De hecho, China ingresó en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001 autodefiniéndose como economía emergente, un estatus que otorga ventajas dentro de la organización, como períodos más largos para cumplir acuerdos, asistencia técnica y eliminación o reducción de aranceles.

El entonces presidente de Estados Unidos Donald Trump afirmó en 2019 que China es una economía desarrollada y le acusó de abusar de su clasificación como economía en desarrollo. Trump también presionó a la OMC para que revocase el trato preferencial a China, pero muchas disposiciones de tratamiento favorable en la OMC no son vinculantes, pues cada Estado miembro tiene libertad para reconocer o no el estatus del resto y otorgar ventajas. Con todo, el Gobierno chino ha esgrimido su condición de país no desarrollado para evadir obligaciones internacionales como las de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Conforme China siga creciendo en términos de renta per cápita, dejará de recibir préstamos y demás ayudas financieras. El Banco Mundial ya le ha recortado el crédito desde los 1.800 millones de dólares cada cinco años a entre 1.000 y 1.150 millones. Pero esto entra en los planes del presidente Xi Jinping, quien se comprometió en 2017 a convertir a China en una gran potencia para 2050, con infraestructuras de calidad y alta calidad de vida. En esta ambición a largo plazo se enmarcan proyectos como la Nueva Ruta de la Seda, la diplomacia de las vacunas o el desarrollo tecnológico.

El Orden Mundial

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