Para China, la distribución de vacunas contra la covid-19 no es solo un gran instrumento para restaurar su dañada imagen internacional, sino también un pretexto idóneo para afianzar su influencia en los países más necesitados. Sin embargo, Pekín se enfrenta a competidores que comenzaron con mejor pie la carrera por inmunizar al mundo: las vacunas occidentales y la rusa Sputnik V llegaron al mercado internacional antes que las chinas y son más eficaces.
Pese a ello, el Gigante Asiático confía en su gran capacidad productiva, comercial y logística para equilibrar la balanza. Con los países más ricos acaparando la gran mayoría de vacunas occidentales, China se está apresurando en ocupar el vacío de dosis en los países con menos recursos, una estrategia con la que se proyecta como el proveedor de vacunas al mundo en desarrollo.
Las ventajas de China: producción y distribución
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