28 de marzo de 1959

28 de marzo de 1959: China disuelve el Gobierno de Tíbet para anexionarse el territorio

Tras un mes de enfrentamientos y la huida del dalái lama a la India, China disolvió el Gobierno del Tíbet. Desde entonces es una región autónoma bajo el control de Pekín, mientras que la Administración Central en el exilio busca apoyo internacional.
28 de marzo de 1959: China disuelve el Gobierno de Tíbet para anexionarse el territorio
Palacio de Potala, máxima expresión arquitectónica de la cultura tibetana y residencia tradicional del dalái lama. Fuente: VY (Pixabay)

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La historia reciente del Tíbet, un territorio con etnia propia y una cultura basada en el budismo, ha estado marcada por las tensiones con Pekín. China tuvo su control directo desde 1906 por un acuerdo con el Reino Unido, pero los tibetanos les expulsaron tras la caída de la dinastía Qing en 1912. Desde entonces gozaron de una independencia de facto durante cuarenta años, en un régimen con el dalái lama como máxima autoridad política y espiritual. Para los budistas tibetanos se trata de la reencarnación de Avalokiteshvara o Chenrezing, un ser en el camino de la iluminación cuya misión es ayudar a los demás. A su muerte reencarna en un niño, que pasa a ser el siguiente dalái lama. 

En 1950, la nueva República Popular China liderada por Mao Tse Tung invadió el Tíbet con la premisa de liberarlo del régimen feudal en el que los campesinos trabajaban en las tierras de monjes y nobles. Tras ocho meses de ocupación, China obligó al decimocuarto dalái lama, Tenzin Gyatso y de solo quince años, a firmar el “acuerdo de los diecisiete puntos”, por el que el Tíbet cedía su soberanía a China a cambio de mantener su autonomía política y religiosa. Aun así, los chinos cuestionaron su autoridad e incentivaron el laicismo y los valores comunistas. Después de años de resistencia guerrillera tibetana, en marzo de 1959 estalló un levantamiento popular en la capital, Lhasa, que se saldó con casi 90.000 muertos.

Un nuevo Gobierno para el Tíbet

Ante la escalada de violencia y represión, el dalái lama cruzó el Himalaya hacia la India el día 17. Las tropas chinas lograron mitigar el levantamiento después de días de combates, y el 28 de marzo disolvieron el Gobierno del Tíbet y se hicieron con el control total del territorio. En 1965 China creó la Región Autónoma del Tíbet como una administración más de la República Popular, con un secretario del Partido Comunista que dirige los asuntos de la región y con una asamblea regional.

A partir de entonces, China reprimió cualquier expresión en defensa de la independencia del Tíbet. Entre 1966 y 1969 destruyeron miles de monasterios y persiguieron a los monjes bajo la doctrina de la Revolución Cultural, por la que Mao pretendía eliminar todo vestigio de capitalismo y tradición diferente al comunismo chino. Los que quedaron en pie y los reconstruidos se convirtieron en un atractivo turístico supervisado por las autoridades.

Por otro lado, organizaciones de derechos humanos han denunciado persecuciones, detenciones arbitrarias y torturas a disidentes, así como la existencia de campos de trabajo con prisiones. También hablan de discriminación en favor de colonos de otras etnias, en lo que los tibetanos llaman una “chinificación” del Tíbet. Con todo, en 2008 estalló una nueva revuelta durante los Juegos Olímpicos de Pekín, y más de 150 tibetanos se han inmolado desde 2009 en respuesta al control chino.

El exilio del dalái lama

Entretanto, el dalái lama lidera el Gobierno tibetano en el exilio o Administración Central del Tíbet desde la ciudad india de Dharamsala. La organización, que cuenta con un parlamento y una constitución, se encarga de la diáspora tibetana y presiona a China para recobrar su autonomía política y religiosa. Aunque las negociaciones han fracasado, sí han conseguido apoyo internacional al Tíbet, a través del Nobel de la Paz en 1989 para el dalái lama o la Tibetan Policy Act de 2002, por la que el Gobierno estadounidense se comprometió con la lucha tibetana.

El dalái lama, sin embargo, ya reconocía en 1988 que la solución podría estar en un Tíbet autónomo dentro de China, pero ni siquiera esa opción parece viable dada la represión y el control de Pekín. Otra incógnita es qué sucederá con el Gobierno en el exilio y las relaciones con China tras la muerte de Tenzin Gyatso. El panchen lama, número dos del budismo tibetano, es quien averigua su reencarnación, pero Pekín desapareció en 1995 al niño designado y nombró a otro afín a sus intereses.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.

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