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Una mayor llegada de migrantes desde África a Italia afila armas políticas como el racismo y la xenofobia. Putin lo sabe y ha terminado de abrir el grifo en Libia para beneficiar a la extrema derecha de cara a las elecciones del 25 de septiembre. La operación, ejecutada por el general renegado Jalifa Haftar con los mercenarios rusos del Grupo Wagner, se suma a semanas de trabajo diplomático para debilitar desde dentro al Ejecutivo de Mario Draghi, hasta ahora era uno de los mayores aliados de Ucrania en la Unión Europea.
Las encuestas apuntan a un Gobierno que integrará a las fuerzas de Silvio Berlusconi y Matteo Salvini, firmes aliados de Putin, encabezado por la también ultraderechista Giorgia Meloni. Con ese nuevo caballo de Troya y ante malos resultados en la guerra, el Kremlin pretende combinar la crisis energética, la escasez de alimentos y el flujo de migrantes para avivar el malestar social y dividir a Europa en su apoyo a Ucrania.
Libia, la avanzadilla rusa en el Mediterráneo
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