Once años después de las revueltas árabes, Oriente Próximo vuelve a sufrir protestas por el precio del pan. Es otra consecuencia de la invasión de Ucrania que se siente más allá de sus fronteras, junto con el éxodo de cinco millones de refugiados o los movimientos de varios países para integrarse en la OTAN. Los combates y el bloqueo comercial a Rusia han provocado una caída masiva de las exportaciones de trigo hacia Oriente Próximo y el norte de África, donde algunos países como Egipto o Túnez importan más del 50% de este recurso de Rusia o Ucrania.
No es difícil establecer un paralelismo con la situación de 2011, cuando la escasez de pan llevó a la población a rebelarse y derribar Gobiernos como el de Hosni Mubarak en Egipto o Ben Alí en Túnez. Por si la falta de alimento fuera poco, la guerra en Ucrania puede traducirse en inestabilidad para la región por otros motivos: la búsqueda de alternativas al gas y al petróleo rusos va a reforzar a dictaduras como la saudí o la emiratí, y la creciente tensión entre Washington y Moscú se está trasladando a la zona. Mientras la guerra en Ucrania no da señales de remitir, las protestas en el mundo árabe ya han comenzado.
“Pan, libertad y justicia social”
El pan es clave en la dieta de los árabes, mucho más que para otras poblaciones. En Egipto, por ejemplo, cada persona consume al año 180 kilos de pan, frente a los ochenta de media mundial. El pan está presente en todas las comidas, incluidos los postres, y su bajo coste hace que sea accesible para toda clase de hogares. Por todo ello, cuando este alimento escasea suelen producirse manifestaciones, como en los años ochenta, cuando las reformas del Fondo Monetario Internacional obligaron al Gobierno tunecino a eliminar los subsidios a la agricultura, lo que encareció los precios.
En 2011, el precio del pan en el mundo árabe aumentó en un 32% como consecuencia de varios factores, incluidos incendios naturales en Rusia, uno de los mayores exportadores de trigo, y una fuerte sequía en Argentina. Sumada a la corrupción y el desempleo, la carestía de este alimento detonó las revueltas árabes, como constató el eslogan “pan, libertad y justicia social” de los manifestantes egipcios. En Siria, el régimen de Bashar al Asad, los rebeldes e incluso Dáesh usaron la distribución de pan para conseguir el respaldo de la población durante la guerra civil.
La mayoría de los países árabes siguen dependiendo del trigo ruso y ucraniano. En algunos casos, la importación combinada de ambos países representa en torno a la mitad del total en Sudán (46%), Túnez (54%) o Egipto (69%). La invasión rusa, sin embargo, frenó las exportaciones de este recurso, y los supermercados en el mundo árabe han respondido aumentando los precios hasta en un 70%. La situación es aún más peligrosa en Yemen, donde antes de la guerra en Ucrania ya había ocho millones de niños al borde de la desnutrición. Si la producción no puede retomarse pronto, la escasez de pan puede provocar protestas similares a las de 2011. Ya se han producido las primeras en Irak o Sudán, donde miles de personas se manifiestan contra la junta militar que dirige el país desde 2021.
Las petrodictaduras, consolidadas
Desde hace décadas, los ingresos de los recursos energéticos han consolidado un modelo político en el que las dictaduras árabes pueden gobernar ignorando a sus ciudadanos, lo que a menudo desemboca en protestas. Por ello, la otra consecuencia de la guerra en Ucrania es que, a medida que los países de la Unión Europea busquen alternativas al gas y al petróleo rusos, esto los obligará a firmar acuerdos que reafirmen el poder de los regímenes árabes, los otros grandes exportadores de hidrocarburos.
Arabia Saudí es el caso paradigmático. La monarquía sabe de su importancia geopolítica y está envalentonada, hasta el punto de que el príncipe heredero ni siquiera responde a las llamadas de Joe Biden. El propio primer ministro británico, Boris Johnson, tuvo que desplazarse en marzo a Riad para rogar un aumento en la producción de petróleo. La importancia de este recurso le da carta blanca al régimen saudí para actuar con impunidad dentro y fuera de su territorio: solo en marzo ejecutó a 81 personas, más que en todo 2021.
Además, los nuevos acuerdos energéticos pueden tener consecuencias indirectas en terceros países. En una región dividida en bloques, primar a Marruecos sobre Argelia o a Catar sobre Emiratos Árabes Unidos se traducirá en mayores rivalidades regionales que perjudicarán a la ciudadanía. Por último, la escasez de combustible también perjudicará a quienes dependen de generadores eléctricos en su domicilio para compensar la falta de infraestructura pública.
Las tensiones entre Estados Unidos y Rusia agravan las cosas
El tercer factor es que la renovada tensión entre Rusia y Estados Unidos se desplace al mundo árabe, provocando aún más inestabilidad. Las votaciones de las últimas semanas en la Asamblea General de Naciones Unidas son una muestra de cómo Occidente presiona a los países árabes para que se posicionen contra la invasión de Ucrania. No obstante, estos saben que no les conviene enfrentarse a Rusia. Por ejemplo, Baréin, aliado de Estados Unidos, convocó una cumbre con diplomáticos rusos en marzo, y Arabia Saudí está estrechando lazos con China.
Si esta tensión continúa, los países más perjudicados serían aquellos con presencia militar rusa a través de la organización paramilitar Grupo Wagner. Si Estados Unidos trata de forzar la expulsión de estos mercenarios, debilitaría a los regímenes a los que Moscú trata de apuntalar. En Mali, por ejemplo, los combatientes rusos han apoyado al ejército para someter localidades rebeldes. En una de ellas, Moura, una batalla en marzo se saldó con trescientas víctimas, la mayoría civiles, que recuerda a lo sucedido en la ciudad ucraniana de Bucha.
Por último, Rusia está teniendo malos resultados militares en Ucrania, con al menos un 25% de su fuerza derrotada. Si sigue fracasando, podría verse obligada a traer combatientes destinados en África, lo que afectaría a la estabilidad de esos países africanos, o incluso a pedir refuerzos a sus aliados, por ejemplo, del régimen sirio, de donde ya han salido soldados rumbo al Donbás. Las consecuencias en el mundo árabe, por tanto, irán más allá del pan y serán visibles a largo plazo.







