Disputa comercial entre China y Estados Unidos 2025

La competición comercial entre China y Estados Unidos

Aunque ambas potencias compiten por dominar los mercados internacionales, China ya tiene más volumen comercial que su rival en la mayoría de países del mundo
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El enfrentamiento comercial entre las dos mayores economías del mundo, Estados Unidos y China, va más allá de una mera guerra comercial con aranceles y sanciones del un lado hacia el otro. Lo que está en juego es el mercado mundial, la influencia sobre las economías del resto del planeta. Y ahí el gigante asiático se ha hecho con el liderazgo. 

Según los datos del Banco Mundial, China ya tiene más volumen comercial que Estados Unidos en la inmensa mayoría de países del mundo, incluso en las zonas de tradicional influencia estadounidense, como América del Sur. 

Sin embargo, esto no quiere decir que China o EE.UU. sean necesariamente el principal socio comercial de cada país, sino que, dentro de la comparación entre las dos potencias, la que se señala es la que más comercia con ese territorio.

En España, por ejemplo, son los países de la UE los principales socios comerciales, pero entre Estados Unidos y China, las cifras se inclinan claramente hacia la segunda. Un ejemplo representativo es el comercio de carne: China es el principal comprador de carne de cerdo española, un sector que ha crecido significativamente en los últimos años gracias a la fuerte demanda del gigante asiático.

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La hegemonía comercial de China se debe a varios factores. Por un lado, su capacidad de producción a gran escala y los bajos costes laborales le permiten exportar bienes a precios muy competitivos. Este modelo ha facilitado su penetración en mercados con menor poder adquisitivo, como los africanos. Además, su política de inversiones en infraestructura y comercio, a través de iniciativas como la Nueva Ruta de la Seda, ha fortalecido sus lazos económicos con países de Asia, África y Europa del este.

Estados Unidos, por su parte, sigue siendo un actor clave en el comercio internacional, pero su papel ha cambiado con el tiempo. A diferencia de China, cuya economía está orientada a la exportación, EE.UU. ha sido un importador neto durante décadas. Su alto nivel de consumo interno y el encarecimiento de su producción industrial han llevado a que dependa en gran medida de productos extranjeros para abastecer su mercado.

En términos de importaciones, Estados Unidos adquiere aproximadamente un 17,7% de sus productos de China, destacando sectores como la electrónica, textiles y productos manufacturados. Esta dependencia ha generado un déficit comercial persistente con Pekín, uno de los puntos de fricción más relevantes en la relación entre ambas potencias y la base de muchas de las políticas proteccionistas de Washington en los últimos años. A su vez, China también depende del mercado estadounidense, su principal socio comercial y al que destina el 16% de sus exportaciones, lo que refleja una complicada relación de interdependencia difícil de romper.

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Además, los bienes y servicios estadounidenses han tenido que competir siempre con dificultad contra otros productos de países con alto valor agregado, como ocurre con la maquinaria industrial o los automóviles de de marcas alemanas de renombre como Mercedes-Benz y BMW, que se venden en grandes sumas en el mercado estadounidense.

Otro factor clave en esta rivalidad es la proximidad geográfica. Estados Unidos mantiene su supremacía comercial en su área de influencia inmediata, como Canadá y México, debido a la reducción de costes de transporte y los acuerdos comerciales históricos. Asimismo, sigue siendo el socio preferente en algunos países europeos con lazos políticos y económicos estrechos, como Reino Unido, y en aliados estratégicos de Oriente Medio, como Israel y Catar. En Asia, su influencia se mantiene en India, donde las disputas históricas con China han favorecido la cooperación con Washington.

En este contexto, la política arancelaria de Donald Trump, el recién investido presidente de Estados Unidos, pretende revertir la dependencia de las importaciones e impulsar la producción interna, al mismo tiempo que obtener rédito político a través del uso del arancel como herramienta de presión diplomática. 

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Sin embargo, la amenaza de imposición de aranceles del 25% contra Canadá y México —que de momento se ha pospuesto un mes más— , así como la propuesta de una tasa generalizada del 10% a los productos extranjeros, no van a contribuir a ganarle la carrera a China, que de hecho denunciará la práctica ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). 

De hecho, la consecuencia directa va a ser el encarecimiento de la cesta de la compra del ciudadano medio estadounidense en casi 2.600 dólares adicionales al año, según las estimaciones del Instituto Pearson de Economía Internacional.

Trump defiende una  “América grande de nuevo”, pero sus MAGAnomics debilitarán a Estados Unidos en la carrera por la influencia comercial global. Al reducir el acceso de países aliados a su mercado y fomentar una respuesta proteccionista en otros bloques económicos, Washington corre el riesgo de perder terreno frente a China, cuya estrategia de comercio flexible y acuerdos bilaterales continúa expandiendo su presencia en el mundo.

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1 comentario

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    José Ángel Caso Fontecilla

    La situación geopolítica parece clara: para llegar a donde quiere, China necesita la paz. Para mantenerse donde está, EE UU necesita la guerra.