Apenas unos días después de su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump ha protagonizado un encontronazo diplomático con Colombia. El país latinoamericano se negó el pasado lunes 27 a autorizar la recepción de migrantes deportados si Washington no les garantizaba un tratamiento digno, a lo que Trump respondió con un arancel del 25% a las importaciones de productos colombianos. Bogotá acabó cediendo y la guerra comercial no llegó a desatarse, pero el choque da buena cuenta de la estrategia chantajista que pretende aplicar el presidente estadounidense en su agenda internacional.
Con un mercado de más de 340 millones de consumidores, Estados Unidos es el principal importador del mundo y un destino clave para las ventas de medio mundo, especialmente para sus vecinos: más del 70% de lo que exportan Canadá y México tiene como destino su gran socio fronterizo, según datos de 2022 del Banco Mundial. En el caso de Colombia, el porcentaje es del 30%, una cuota demasiado importante como para hacerla peligrar por un conflicto diplomático.
El continente americano es el que mayor dependencia presenta con el comercio de Estados Unidos, principalmente en forma de exportaciones de petróleo y materias primas, pero la exposición a los posibles aranceles de Trump es global. En Europa, Irlanda envía un tercio de sus exportaciones a Estados Unidos, principalmente productos farmacéuticos, una cuota que se ve replicada en varios esquemas comerciales asiáticos como el de la India —metales preciosos y productos textiles—, Vietnam o Camboya —textiles—.
Hasta la propia China, que ya es el principal socio comercial de la mayoría de países, depende del mercado estadounidense, su principal socio comercial y al que destina el 16% de sus exportaciones, lo que refleja una complicada relación de interdependencia difícil de romper.
Por el contrario, en relación con las importaciones, la dependencia con el comercio de Estados Unidos está mucho más concentrada en el continente americano. De nuevo, los países fronterizos de la potencia norteamericana, junto con Latinoamérica en general, son los que más compran en el mercado estadounidense. En Asia, Europa y África, por su parte, las importaciones con origen Estados Unidos suponen menos del 10% del total nacional.
Trump amenazó en campaña con imponer aranceles de hasta el 60% a China, pero el republicano también planea tasas contra sus vecinos, así como una tarifa general de entre el 10% y el 20% a todos los productos extranjeros.
Aunque la excusa es proteger el producto estadounidense, las amenazas arancelarias del magnate tienen una cara b para el país: Estados Unidos consume más de lo que produce, una debilidad que hará que el consumidor estadounidense pague más caro el carro de la compra. Se encarecerán no solo los productos importados, sino también aquellos fabricados en el país con materias primas extranjeras. En total, el Instituto Pearson de Economía Internacional estima el gasto adicional del ciudadano medio estadounidense asociado a los aranceles de Trump en 2.600 dólares al año.
En apenas unos días de presidencia, el magnate ya ha reafirmado su intención de imponer de un arancel global base y otro especial para China —a falta de concretar el porcentaje de ambos— y ha amenazado con seguir adelante con la tasa del 25% a México y Canadá a partir de febrero por, según él, permitir la entrada de criminales y fentanilo en territorio estadounidense.
En América Latina, el caso de la rendición de Colombia frente a los intereses de Trump prueba que las amenazas arancelarias pueden funcionar y convertirse en una baza en la cuestión migratoria, la guerra contra las drogas o el expansionismo estadounidense. El comercio con Estados Unidos es indispensable para las exportaciones colombianas, y un arancel del 25%, con posibilidad de ascender al 50%, habría supuesto pérdidas inasumibles para el Gobierno de Gustavo Petro.
Si bien Trump es la cara visible de la guerra arancelaria, lo cierto es que de las tarifas que impuso el magnate en su primer mandato pocas fueron retiradas por la Administración Biden, que además continuó con la política proteccionista frente a China en áreas clave, como la automovilística, con una subida del 25% al 100% de los aranceles a vehículos eléctricos chinos.
En total, según cálculos de Tax Foundation, los aranceles asociados a las guerras comerciales iniciadas por Donald Trump han reportado 233.000 millones de dólares a las arcas públicas estadounidenses hasta marzo de 2024. De esa cantidad, menos de la mitad se recaudó en el primer mandato del actual presidente, mientras que el 62% se ingresó con Joe Biden en el poder.

