Mapa del gas en Europa

Seis mapas y gráficos para entender la geopolítica del gas en Europa

La geopolítica del gas en Europa tiene muchas derivadas, desde el poder de Rusia al impacto medioambiental que genera.
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El gas es, junto con el petróleo, uno de los activos energéticos más importantes del mundo actual. En Europa continúa siendo una de las principales fuentes para la producción de electricidad, y la dependencia del continente de este recurso es conocida. Por esa razón el gas natural tiene implicaciones geopolíticas considerables, desde su producción al impacto medioambiental que genera.

Y es que poco más de dos años después de la puesta en marcha del Pacto Verde Europeo y a siete del histórico Acuerdo de París, el peso del gas en el mix de la Unión Europea no ha parado de crecer. Un 23,7% de la energía que se produce en la región ya se genera con este combustible. La acuciante crisis climática no ha logrado cerrar del todo las puertas a un hidrocarburo que emite grandes cantidades de C02 y metano pero que ha encontrado una segunda vida gracias a la taxonomía verde que está cerca de aprobar la UE: de acuerdo con la opinión de la Comisión, el gas seguirá siendo una fuente viable para la transición energética al menos hasta 2050.

Pero los problemas de sostenibilidad medioambiental no son los únicos que acorralan a la UE cuando se habla de gas y gestión energética. Salvo por los yacimientos del mar del Norte, Europa occidental apenas cuenta con reservas probadas de este recurso fósil. En la práctica esto provoca que el 85% de la energía que se produce con este combustible venga de fuera de las fronteras comunitarias. Para mantener este bombeo, el Viejo Continente se ha ido dotando en las últimas décadas de una extensa red de gasoductos, probablemente uno de los ejemplos más visuales de la dependencia energética que sufre la región. La infraestructura permite trasladar a Europa gas desde lugares como Argelia, Azerbaiyán, Irán y, sobre todo, Rusia.

Esto no solo ha convertido al gas en un recurso fundamental para mantener la industria, el comercio o las calefacciones de los hogares, sino también en un elemento geopolítico de primer orden en las relaciones de poder que Europa mantiene con otros países.

El mapa de los gasoductos de Europa

El gas, un alimento esencial para las centrales eléctricas comunitarias 

La infraestructura de gasoductos que se extiende por Europa tiene como destino, en la mayoría de ocasiones, las centrales termoeléctricas que usan este combustible para generar energía. En la actualidad, Europa cuenta con algo más de 1.400 plantas energéticas operadas por gas, y para algunos países este combustible sigue siendo esencial para mantener en marcha gran parte de las centrales termoeléctricas. Italia o Países Bajos, por ejemplo, todavía generan más de 37% de su energía a través del gas.

El mapa de la energía fósil en Europa

Rusia, dueño y señor del gas que ilumina la UE

Si la Unión Europea es el principal importador de energía del mundo, ningún otro país exporta tanto gas como Rusia. Gracias a los enormes yacimientos situados en la parte occidental de Siberia –en la región de Yamalia-Nenetsia–, la red de gasoductos rusos se ha convertido en el principal punto de abastecimiento del combustible que llega a Europa. Pero Rusia no es solo un gran exportador: la infraestructura del país también actúa de puente comercial entre Europea y otros países productores, lo que le otorga una enorme influencia en la geopolítica de la región.

En los últimos años, además, Rusia ha continuado extendiendo su red gasoductos hacia otros lugares del mundo, principalmente China. Una situación que le dará aún más poder al no depender en exclusiva de los ingresos que genera el mercado europeo.

El mapa del gas en Rusia

El Nord Stream 2, el último puente gasístico entre Rusia y la UE

El carácter contaminante del gas y los planes —ahora modificados y mucho más amables— para eliminarlo del mix energético comunitario no han evitado que durante los últimos se hayan seguido levantando importantes proyectos gasísticos en la región. Es probable que el de mayor calado, tanto por su tamaño como por su implicaciones geopolíticas, sea el Nord Stream 2. El gasoducto, ya terminado, une Rusia con Alemania directamente, lo que permitirá a ambos evitar otros puntos de paso con los que Moscú ha tenido relaciones tensas en los últimos años: Bielorrusia, Polonia y, sobre todo, Ucrania.

Aunque la infraestructura todavía depende de la aprobación técnica de la UE y las autoridades alemanas, los motivos que están retrasando su puesta en marcha se encuentra en otro lugar: la escalada militar en la frontera ucraniana y la presión de Estados Unidos han convertido el nuevo gasoducto en uno de los principales elementos de disputa en la tensión que se vive entre la OTAN, Rusia y la Unión Europea.

El mapa del Nord Stream 2

El gas licuado, ¿una alternativa eficiente? 

Si bien Europa depende enormemente del suministro de gas que llega a través de los gasoductos del sur y el este, esta no es la única vía de abastecimiento con la que cuenta el continente. Las rutas marítimas de transporte de gas natural licuado (GNL) suministran el 10% del gas que llega a la Unión Europea. Aunque Rusia sigue siendo uno de los principales proveedores de gas licuado, en 2020 Estados Unidos ya se convirtió en principal exportador de GNL a la UE. Catar, Nigeria o Argelia son otros de los países desde los que parten los buques metaneros que alimentan alguna de las 22 regasificadoras con las que cuenta el espacio comunitario.

El mapa del gas natural licuado en Europa

Las reservas, un quebradero de cabeza en tiempos de tensión

La reactivación económica tras la pandemia, el aumento acelerado de los precios, la fuerte demanda asiática o la tensión en Ucrania y otras zonas de paso del gas ruso son algunos de los motivos que explican que las reservas de gas europeas se encuentren, a mediados de febrero, en sus niveles más bajos de la última década para estas fechas. No es una situación nueva: las provisiones del continente llevan situándose por debajo de lo habitual desde el verano de 2021, aunque el dato más bajo de toda la serie se registró en marzo de 2019.

A esto hay que sumar las desigualdades que se registran entre países en un momento en el que el consenso en torno a un estrategia energética comunitaria aún parece distante: mientras que Portugal tiene sus reservas de gas casi al 80% de su capacidad y otros países como Polonia y Suecia superan el 60%, en Croacia, Países Bajos, Bulgaria o Austria el almacenamiento se sitúa por debajo del 25%.

La evolución de las reservas de gas en Europa

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