En medio de una crisis energética que lleva meses golpeando con dureza a la factura de la luz en toda Europa, las reservas de gas están en su nivel más bajo de la última década: a mediados de febrero, apenas llegaban al 33% de la capacidad máxima de almacenamiento que tiene el continente. Si comparamos ese dato con el 47,6% de la media de los años comprendidos entre 2011 y 2020 o el 42,6% del pasado año, cuando el gas llegaba con más fluidez a la Unión Europea, la conclusión es alarmante.
Los datos, actualizados periódicamente, provienen de Gas Infrastructure Europe (GIE), la asociación de operadores europeos de infraestructura de gas —compuesta por 67 compañías pertenecientes a 26 países, incluido Reino Unido, aunque la información sobre reservas de combustible solo está disponible para 19 de ellos—.
Y aunque las cifras ya son bajas, es posible que todavía se puedan vivir momentos más complicados. La temporada invernal, que en términos energéticos se extiende desde comienzos de octubre hasta finales de marzo, es la que presenta una mayor demanda de gas de todo el año. El descenso de las temperaturas obliga a emplear más electricidad para calentar los hogares europeos, lo que suele traducirse en aumentos de la factura, y suele ser necesario acudir a las reservas de gas para dar respuesta a los picos que se producen en la demanda. De hecho, en marzo de 2019 las reversar de gas europeas llegaron a situarse en el 17,81 de su capacidad.
Si a un almacenamiento excepcionalmente bajo le sumas un mercado gasístico internacional tensionado, la combinación puede ser explosiva. Sobre todo en una Europa que cada vez está más cerca de incluir el gas, menos contaminante que el petróleo y el carbón, en su taxonomía verde para la transición energética. Junto a esto, vaciar las reservas también plantea una amenaza geoestratégica para la UE, que en caso de sufrir una interrupción del abastecimiento de gas quedaría en una posición muy delicada a nivel internacional.
https://elordenmundial.com/mapas-y-graficos/interconexion-sistema-electrico-europeo/
La falta de abastecimiento del mayor proveedor europeo, Rusia, a quien Polonia acusa de limitar el flujo de gas para crear una falsa sensación de urgencia que diera un impulso definitivo a la activación del gasoducto Nord Stream 2, ha empujado a la UE a competir en los mercados internacionales. Allí se ha encontrado con otros países ansiosos también por incrementar sus reservas, incluidas potencias como Japón, India o China, que están ofreciendo mucho más dinero para hacerse con el gas estadounidense.
Pero no es solo la competencia internacional lo que explica la falta de reservas en Europa. La culpa también es de la escasa producción de energía renovable y de un invierno pasado muy frío en el que los europeos necesitaron más electricidad de lo habitual.
La combinación de estos tres factores provocó un desplome de las reservas de gas en los últimos meses de 2020 y los primeros de 2021 del que los países comunitarios no se han conseguido reponer a tiempo, ya que noviembre es la fecha a partir de la cual más necesario es este almacenamiento.
Todo ello redunda en la necesidad de la Unión Europea de avanzar hacia la autonomía energética. El bloque es el mayor importador de energía del mundo, lo que le hace vulnerable a shocks externos en el suministro y dependiente en la escena internacional. Todos los Estados miembros son importadores netos de energía y están a merced de un puñado de países proveedores, la mayoría en zonas inestables. Por ello, Europa necesita invertir en la generación de energía renovable, para asegurarse una disponibilidad ininterrumpida de electricidad a un precio asequible y sostenible para el medioambiente.







