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Mapa gas natural licuado Europa

El mapa del gas natural licuado en Europa

El mapa del gas licuado en Europa muestra las principales vías de abastecimiento y la infraestructura para tratar y transportar el combustible
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La energía es la condena de la Unión Europea. Falta de recursos propios, se ve obligada a mirar constantemente más allá de sus fronteras y a importar combustibles fósiles para que la electricidad siga fluyendo a los hogares europeos. Y eso, cuando tratas de marcar una estrategia autónoma, condiciona todos tus movimientos. Las relaciones con Rusia son el mejor ejemplo: Putin lleva años jugando la carta energética al tiempo que impulsa su política estratégica en el patio trasero de la Unión, interviniendo agresivamente en lo que él considera su área de influencia —Moldavia, Georgia o Ucrania son algunos ejemplos—. Mientras, Bruselas y las capitales europeas están atadas de pies y manos porque Moscú es su principal proveedor de gas —origen del 40% de las importaciones— en un momento en el que todavía es improbable una transición energética completa.

La nueva escalada militar entre Rusia y Ucrania puede tensar todavía más esa relación comercial y empujar al bloque comunitario a buscar alternativas en el mercado global del gas natural licuado. A diferencia del gas convencional, este es convertido en líquido para reducir hasta 600 veces su volumen, lo que facilita enormemente su transporte a larga distancia a bordo de grandes buques metaneros y sin necesidad de gasoductos. Una vez que llega a su destino, el gas natural licuado se regasifica y se inyecta en la red de gasoductos.

Esto lo convierte en una alternativa atractiva para la Unión Europea, porque le permite buscar proveedores fuera de su vecindad, donde ni Argelia —por motivos técnicos y políticos— ni las nuevas reservas localizadas en el Mediterráneo oriental o Azerbaiyán —por ser insuficientes— son opciones factibles. Es una elección incluso que va más allá del tema ucraniano y que responde a la necesidad europea de diversificar su cartera de vendedores tanto por su seguridad energética como por un asunto de competitividad.

En los últimos años el gas natural licuado ha supuesto en torno al 10% de las importaciones de gas europeas, pero la demanda se ha intensificado a raíz de la crisis energética provocada por la crisis sanitaria y comercial. Ahora, además de aumentar su propio abastecimiento a Europa, Washington está negociando con Catar y Australia, los otros dos grandes dominadores del mercado y los únicos que tienen capacidad para aumentar su producción, para que también provean de gas natural licuado al Viejo Continente.

¿Cómo se produce la electricidad en la Unión Europea?

Lo cierto es que la Unión Europea ya cuenta con una importante infraestructura de importación, con veintidós regasificadoras activas cuya capacidad podía cubrir cerca de la mitad de la demanda de gas que se venía registrando en los últimos años. El problema es que existen desequilibrios regionales: en Europa central, el este y el Báltico muchos países no tienen acceso al gas natural licuado o dependen de un único proveedor, lo que los hace vulnerables a una crisis de suministro. Tampoco está claro que los principales exportadores, excluyendo a Rusia, tenga capacidad para cubrir un fuerte aumento de la demanda europea en un mercado donde la competencia china o japonesa es muy fuerte. 

Alemania, Polonia, Letonia o Estonia ya planean construir nuevas regasificadoras, pero la situación actual convierte a España, por su ubicación geoestratégica y su infraestructura gasística —posee seis terminales de importación activas, más otra que entrará en funcionario a lo largo de 2022—, en la puerta de entrada del gas licuado en Europa. En la actualidad, cerca de un 30% del gas natural licuado que entra a Europa lo hace por España, que es también el único país, además del Reino Unido, donde las regasificadoras no funcionan al límite.

El mapa de la energía fósil en España

También es importante la red de almacenamiento, necesaria para ajustar desequilibrios entre oferta y demanda. La capacidad europea es aceptable, pero mientras Italia, Francia, Alemania o Países Bajos cuentan con grandes instalaciones que les permiten jugar con cierto margen, los países del este tienen que acudir a pequeños centros de almacenamiento por razones geológicas. En ese contexto, es imprescindible contar con una densa red de gasoductos que una el territorio de todos lo Estados miembros y posibilite corregir desfases.

Es en cualquier caso una apuesta que llega en un contexto energético muy delicado, con la subida del precio de la luz haciéndose notar en la factura de la mayoría de hogares europeos y empujando al alza la inflación. La Unión Europea no está aún preparada para dar el salto a las renovables y seguirá necesitando una alternativa durante al menos los próximos años. Las opciones son limitadas y las instituciones europeas han decidido apostar por dos: gas y energía nuclear. La segunda sigue dividiendo al club comunitario y requiere de una profunda inversión en términos económicos y temporales, por lo que la alternativa más rentable para la mayoría de capitales europeas es la primera, una fuente sucia pero menos contaminante que el petróleo o el carbón.

El conflicto entre Rusia y Ucrania está acelerando este salto al gas licuado. Si Moscú finalmente agrede a su vecino, la Unión Europea ya ha amenazado con imponer un enorme paquete de sanciones. Alemania, además, que hasta ahora se ha mostrado muy laxa con la política intervencionista del Kremlin, también ha deslizado la idea de que cancelaría el proyecto del Nord Stream 2. Rusia, por su parte, tiene a su alcance cerrar el grifo de las exportaciones y causar estragos en el abastecimiento comunitario. Lo que está claro es que ambas partes tienen mucho que perder y poco que ganar en esta crisis: de un lado, la UE cuenta con reservas gasística para apenas dos o tres meses y carece de alternativas rápidas y capaces de cubrir el suministro ruso, de otro, Rusia diría adiós a una fuente de ingresos muy cuantiosa. Por eso parece poco probable que se produzca un corte de suministro total, pero sí tensiones o limitaciones que obliguen a la Unión a ampliar horizontes.

El mapa de la energía nuclear en la Unión Europea

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