En su libro infantil de 1957, el escritor Theodor Seuss Geisel presentó por primera vez al Grinch, un personajillo cascarrabias y vengativo que, carcomido por la envidia, trataba de robar la Navidad. Poca broma. En la actualidad, y a pesar de que los relatos navideños siguen muy vigentes, no es necesario recurrir al Grinch para encontrar a alguien capaz de absorberte las fuerzas y la energía en las últimas fechas del año: basta una figura mucho más terrenal para que la celebración y el descanso se vuelvan un trago amargo y desesperante, tu cuñado. Por eso, y sin ánimo de causar conflictos hogareños, en El Orden Mundial hemos preparado esta pequeña guía para lidiar, con información fresca pero rigurosa, con todo aquel que trate de robarte las fiestas, independientemente de cómo las afrontes.
Yo llevo el vino y el jamoncito
De los viñedos de La Rioja a los campos extremeños donde crece el cerdo ibérico, el vino y el jamón representan dos de los productos culinarios más importantes de España. En EOM ya hemos publicado varias piezas sobre la industria del vino —Europa acapara un 70% del mercado global— y un mapa con las denominaciones de origen más conocidas, pero también tenemos noticias para aquellos que creen haber encontrado el dorado en las botellas de 1,5 litros (magnum): existen muchos más tamaños de botellas de vino —de hasta 30 litros— y cada una tiene un nombre asociado a personajes bíblicos y mesopotámicos. No te cortes y la próxima vez pide una Nabucodonosor.
El jamón, por su parte, es un producto igual de omnipresente en esos banquetes navideños. Tu cuñado probablemente presumirá de ser el mejor cortador, aunque parece complicado si se tiene en cuenta que en España se produjeron en 2021 nada más y nada menos que 49 millones de piezas de jamón, más de una por español, y el consumo por habitante se situó en los 4,5 kilos al año. Pero ojo porque en el mundo del jamón hay una infinidad de matices, etiquetas y tipologías que pueden elevar este manjar al cielo culinario o convertirlo en un trozo de sal difícil de masticar (sí, el mismo que vende el amigo de tu cuñado).
Catar, el Mundial y la obsesión por celebrar grandes eventos deportivos
Los Mundiales de fútbol son una oportunidad inigualable para sacar a pasear los mejores tópicos desde la barra del bar o la mesa de la cena. No solo se trata de demostrar que eres el que más sabe de sistemas tácticos en el fútbol. También es un buen momento para hablar de gestión deportiva, negocios o, por qué no, de las beneficios de que España organizara un campeonato del mundo, tal y como se ha empeñado en hacer Luis Rubiales, presidente de la RFEF. El problema es que estos eventos suelen ser una ruina económica difícil de justificar: desde el torneo celebrado en Inglaterra en 1966, solo el Mundial de Rusia ha arrojado beneficios directos, y el resto de ediciones acumulan pérdidas de cerca de 17.000 millones de euros.
Esto no significa, en cualquier caso, que los mundiales no sean rentables para un pequeño grupo de privilegiados, entre los que está la propia FIFA. El secreto reside en la famosa colaboración publico-privada, un concepto tan etéreo como tramposo. Sobre todo porque, como ocurre en los campeonatos del mundo, suelen ser las instituciones públicas las que casi siempre terminan asumiendo los costes y no viendo un céntimo de los beneficios.
Los políticos se forran y nosotros cobrando una miseria
Sí, España tiene un problema estructural en su mercado laboral, por lo general más devaluado que el de los países de nuestro entorno con lo que pretendemos competir. Los sueldos bajos, la precariedad y la temporalidad han empujado al país a los primeros puestos en las listas de países con más pobreza y desigualdad de la Unión Europea. Nada sorprendente si se tiene en cuenta que, desde el año 2000, los salarios en el país han permanecido absolutamente congelados y apenas han registrado un crecimiento del 0,7% —frente al 37% que han aumentado de media en la OCDE—.
Esto no significa, sin embargo, que los políticos se estén forrando a nuestra costa o que vivan muy por encima de sus posibilidades. Al menos, si nos comparamos de nuevo con los países que nos rodean: los diputados españoles tienen un sueldo base (sin contar dietas) de algo más de 3.000 euros, uno de los más bajos de la UE si se compara con los salarios medios del país. En cuanto al presidente del Gobierno, su sueldo es 4,1 veces el salario medio, el segundo ratio más bajo de todo el espacio comunitario.
Elon Musk, mi padre
La fascinación que viene despertando Elon Musk durante los últimos años en ciertos grupos de población no solo tiene que ver su entrada en la lista de las personas (todos hombres) más ricas del mundo. Su irreverencia —en realidad falta de educación y bullying—, espontaneidad —o caos e improvisación— y éxito empresarial —dopado con cerca de 4.900 millones en subvenciones públicas— lo han convertido en uno de los entrepreneurs más canallas y admirados del momento.
El problema es que gran parte de la mitología construida en torno a su figura es precisamente eso, un mito. Musk, por ejemplo, nunca fundó Tesla, sino que entró en la compañía como inversor y luego ascendió en puestos directivos hasta hacerse con la empresa. Lejos de ser un genio de los negocios, el magnate arrastra un currículum lleno de promesas incumplidas que le han llevado incluso a ser condenado por tratar de manipular el mercado en su favor. La compra de Twitter y la espiral de destrucción en la que ha entrado la red desde su llegada son son la guinda del pastel de una carrera plagada de éxito, humo y artificio.
El tren no llega a mi pueblo y, aunque llegue, yo voy en coche
El mundo de los trenes y el transporte ferroviario levanta pasiones desatadas, y en EOM lo sabemos muy bien. Si no, basta con darse una vuelta por Twitter para comprobar hasta dónde puede llegar la crispación/admiración por la red ferroviaria del país. Si el tren no llega a tu pueblo es porque España, a pesar de tener la segunda red de alta velocidad con mayor extensión del mundo, también adolece de un sistema centralizado en Madrid que provoca que la red de trenes rápidos sea la menos usada de los países que la han implantado.
En cuanto a la red de autovías y autopista, España cuenta con cerca de 17.000 kilómetros de carreteras de alta capacidad, lo que también le convierte en el primer país de Europa —y tercero del mundo— con mayor longitud de autopistas y autovías. Pero al igual que sucede con el tren, esto no es tan buena noticia como parece: la red esta sobredimensionada y mal planificada, y existen capitales de provincia por las que ni siquiera llegan a pasar las carreteras nacionales.
Las nuevas generaciones, el móvil y la juventud blandengue
Meterse con las generaciones más jóvenes, su inutilidad o desidia, suele ser un signo de que alguien atraviesa una crisis de edad más o menos evidente. Lo que igual no sabe tu cuñado es que las generaciones, o cohortes de edad, comprenden grupos de población separados incluso por dos o tres lustros. Sí, tu primo veinteañero y adicto a Instagram puede ser de la misma generación que tú, un nostálgico cuarentón de la Super Nintendo.
Yo solo tomo cerveza artesanal-doble-lúpulo
El mundo de las cervezas ofrece uno de los escenarios ideales para poner en práctica otra buena ristra de topicazos. Codo en barra y sin ninguna idea de procesos químicos, de Despeñaperros para arriba los más cerveceros suelen renegar de la Cruzcampo, pero ¿sabías que el grupo que la posee, Heineken, es el mismo que comercializa El Águila, Amstel, El Alcázar o 18/70?
No es ninguna sorpresa: el mercado de la cerveza en España está controlado por un oligopolio donde apenas cinco empresas acaparan el 99,7% de la producción nacional. Las dos más importantes, Mahou-San Miguel y Damm, seguro que te suenan.









