La remuneración de los representantes políticos siempre ha sido un tema espinoso. No hay subida de sueldo de los ministros o los diputados que pase desapercibida en la prensa y las tertulias políticas, y en los últimos años muchos partidos de toda Europa —desde Vox o Podemos en España hasta el Movimiento Cinco Estrellas en Italia o Syriza en Grecia— han instrumentalizado ese intenso escrutinio público para intentar atraer el voto protesta. Las críticas al derroche público y a lo que cobran los políticos de la Unión Europea vivieron su punto álgido tras la crisis económica de 2008, pero ahora que la inflación y la pérdida de poder adquisitivo preocupan a los ciudadanos, el discurso que promete acabar con la «casta» política ha vuelto con fuerza.
Esa polemización en torno a lo que cobran de los gobernantes impide que se produzca un debate serio, fundamentado y a nivel europeo sobre cómo deberían ser retribuidas estas responsabilidades. No existen criterios comunitarios para determinar la cuantía económica que deben cobrar los líderes políticos de los diferentes Gobiernos y cada país sigue sus propias normas, lo que en la práctica se traduce en profundos desequilibrios dentro de la Unión Europea. Viktor Orbán, por ejemplo, se embolsa 11.669 euros brutos mensuales, casi quince veces el sueldo medio de Hungría —en junio se aumentó un 133% su salario, al que hay que añadir la asignación parlamentaria que sigue cobrando—, mientras que en Malta el primer ministro Robert Abela cobra apenas 4.972 euros, menos de cuatro veces el salario promedio que se registra en el país.
Pese a la intensidad del debate, tampoco hay a nivel comunitario ninguna comparación oficial y actualizada de la retribución de los jefes de Gobierno de la Unión Europea. En El Orden Mundial hemos revisado las páginas oficiales de las distintas presidencias, las declaraciones patrimoniales de los líderes, la legislación que existe al respecto o, en su defecto, noticias publicadas por medios nacionales para determinar cuánto ganan los cabecillas ejecutivos europeos.
A fin de unificar los datos, solo se ha tenido en cuenta la retribución base y la asignación parlamentaria —los primeros ministros de Hungría, Polonia o Alemania cobran, aparte de su sueldo como líderes del Gobierno, el salario de diputado—. Las dietas y los gastos de representación, que en realidad están dirigidos a sufragar los costes asociados al trabajo del dirigente y no a retribuir su actividad, han sido por tanto excluidos.
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Si atendemos a los sueldos mensuales brutos, es el canciller alemán el que más cobra, con 30.190 euros, seguido de los presidentes de la Comisión y el Consejo Europeos —29.163 euros— y los jefes ejecutivos de Austria —26.388 euros—, Bélgica —20.874 euros— y Luxemburgo —19.460 euros—. Pero si en su lugar nos fijamos en el número de salarios medios que representa esta cantidad en cada país, el pódium lo conforman los líderes de Hungría —14,6—, la UE —13,3—, Bulgaria —10,2—, Alemania —10,1— y Chipre —10—.
Por la cola, los dirigentes peor remunerados antes de impuestos son los de Croacia —4.606 euros—, Polonia —4.765 euros—, Eslovaquia —4.914 euros—, Malta —4.972 euros— y Rumanía —5.085 euros—, pero si relativizamos esa cifra en función del salario medio nacional los perdedores son los primeros ministros de Malta —3,7 veces—, España —4,1—, Eslovenia —4,3—, Italia —4,6— y Países Bajos —4,9—.







