Emmanuel Macron ha vuelto a ganar las elecciones presidenciales en Francia. El mandatario liberal, que ya se impuso en los comicios de 2017, seguirá siendo la bisagra de sus socios europeos en Bruselas, pero los resultados también muestran un tendencia preocupante que replica lo que está sucediendo en otros países de la región: la extrema derecha de Marine Le Pen ha obtenido el mejor resultado de su historia, con un apoyo superior al 40%. Mientras tanto, socialistas y conservadores, los dos partidos tradicionales de la Unión Europea, apenas sumaron el 7% del voto en la primera vuelta de las elecciones francesas.
La recesión económica mundial y la crisis del euro alejaron a multitud de votantes de los dos grandes partidos que habían dominado la política europea hasta ese momento. La gestión de ambas condujo al final prematuro de varios gobiernos europeos en 2011 y 2012, sobre todo en el castigado sur de Europa: en España, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero convocó elecciones anticipadas en las que se impusieron los populares de Mariano Rajoy; en Portugal, el primer ministro José Sócrates pasó el testigo al derechista Pedro Passos Coelho; en Italia, un gobierno tecnócrata liderado por Mario Monti sustituyó al de Silvio Berlusconi; y en Grecia el bipartidismo, representado por el Pasok y Nueva Democracia, colapsó.
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