En el mundo actual, la carretera se ha convertido en el método de transporte hegemónico en distancias cortas y medias, el principal método de transporte de personas (especialmente en el día a día) y la base del sistema de transporte de mercancías (donde el principal medio de transporte es el barco). Su gran importancia reside en que se trata de una red muy jerarquizada que permite acceder a la mayor parte de los territorios de los países, pasando de una red de caminos y carreteras en la base con gran implementación territorial a una de carreteras de alta capacidad compuesta por autovías y autopistas en la cúspide del sistema.
De esta forma, países muy extensos, y con cierta densidad de población, como China y Estados Unidos, son, y con gran diferencia, los países con más kilómetros construidos de carreteras de alta capacidad (autovías y autopistas), con unos 150.000 y 96.000 kilómetros respectivamente. Otros países muy extensos pero menos poblados ocupan también importantes puestos, como Canadá (4º), Brasil (8º) o Rusia (11ª).
No obstante, el tercer puesto recae en España, con más de 17.000 km de autovías y autopistas, lo que le convierte en el país con más kilómetros vías de alta capacidad de Europa. La causa está en una red de transporte sobredimensionada y mal planificada. La red nacional se diseñó para conectar Madrid con la periferia sin articular los territorios intermedios (donde las carreteras nacionales llegan a no pasar por capitales provinciales) ni la propia periferia (donde se concentra la población). La disfuncionalidad de la red ha llevado a la duplicidad de vías para articular el interior del país y a la construcción de una segunda red que no obligue a pasar siempre por Madrid y permita interconectar la periferia.
Por su parte, el urbanismo anglosajón, muy extendido desde los años 50 y 60 por el resto del mundo, ha difundido un modelo de ciudad dispersa y de baja densidad, completamente dependiente del vehículo privado y donde el transporte público resulta ineficaz. En países con redes urbanas jóvenes este sistema se ha vuelto dominante, generando sistemas urbanos muy dependientes de las carreteras de alta capacidad para funcionar, pero donde buena parte de ellas son vías urbanas de alta capacidad y con reducida longitud.
Otros potentes países europeos como Alemania, Reino Unido y Francia ocupan el quinto, sexto y séptimo puesto respectivamente, e Italia se encuentra más abajo, en el doceavo. Todos ellos son países de superficie media, densamente poblados (bastante más que España) y con buenas infraestructuras de transporte.
No obstante, estos países ya cuentan con buenas redes de transporte con gran implementación, y tienen una capacidad de crecimiento limitado. En el lado opuesto se encuentra Arabia Saudí, Corea del Sur, Brasil o México, países que han experimentado en los últimos años grandes crecimientos económicos y que ahora pueden permitirse extender y consolidar su red de transporte de autovías y autopistas con una red extensa de carreteras de alta capacidad que completen la jerarquía de la red de carreteras que ya tenían.








Interesante artículo. Aún a riesgo de ser “tiquismiquis”, me sobra la justificación que se esgrime sobre el llamativo número de vías de alta capacidad en España. Destacamos a nivel mundial en algo objetivamente bueno, como las infraestructuras… y es por la mala planificación de la red. Que poco nos apreciamos.