Mucha foto y pocas armas: la hipocresía de Macron con Ucrania

Alemania ha sido criticada por su reticencia a mandar armas a Ucrania, pero Francia le ha enviado veinte veces menos apoyo militar. La cautela de Macron, que insiste en presentarse como mediador, puede volverle irrelevante en el conflicto y debilita su proyecto de una Europa de la defensa.
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Mucha foto y pocas armas: la hipocresía de Macron con Ucrania
Fuente: Wikimedia Commons

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““Ucrania puede contar con Francia para ganar la guerra”, dijo Emmanuel Macron el pasado 8 de febrero durante la visita de Volodímir Zelenski a París. Sin embargo, Francia está lejos de ser el mayor aliado de Ucrania. Es difícil alcanzar los 44.300 millones de euros que ha invertido Estados Unidos en ayuda militar hasta enero de este año, según el think tank alemán Kiel Institute. Pero la ayuda francesa no alcanza los 2.400 millones de euros de Polonia y solo supone el 2% del total. París tampoco avanza posiciones en apoyo humanitario o financiero.

El otro protagonista de la reunión, el canciller alemán Olaf Scholz, fue criticado por su reticencia a enviar los tanques Leopard. Pero Alemania ha dedicado muchos más esfuerzos que Francia a equipar a Ucrania. En concreto, más de 2.300 millones de euros frente a apenas seiscientos millones, cuatro veces más. De acuerdo con otras fuentes, la diferencia podría ser de hasta veinte veces. París ni siquiera se ha decidido a enviar sus tanques más modernos. Los supuestos riesgos de stock y la voluntad de Macron de mediar en el conflicto explican esta postura, pero Francia se arriesga a perder peso político en Europa.

¿Una potencia militar con problemas de stock?

Un problema que señalan los franceses para mandar pocas armas a Ucrania es el miedo a quedarse sin reservas. Los armamentos más modernos requieren más tiempo de fabricación, por lo que si Francia manda demasiados corre el riesgo de no tenerlos disponibles para su propia defensa. Como señala en The Economist el director del think tank estadounidense Atlantic Council, Michael Shurkin, “la libertad de acción lo es todo para el pensamiento estratégico francés”. Francia quiere contar con sus capacidades militares, tanto en su territorio europeo y de ultramar, como en sus misiones internacionales en el Sahel.

No obstante, cuesta imaginar que la potente industria militar francesa sea incapaz de sostener envíos más ambiciosos a Ucrania. Francia mantiene una inversión en defensa que roza el 2% de su PIB, tiene una presencia militar global y es el tercer mayor exportador de armamento del mundo. Industrias menores como las de Polonia, Canadá o Alemania han aportado más. Además, Francia posee 290 cabezas nucleares que le dan mayor capacidad de disuasión frente a Rusia. Si el problema es el miedo a una escalada militar, como ya manifestó Alemania, París puede permitirse enviar armamentos más modernos.

Otro argumento de Francia es que han enviado menos capacidades, pero más efectivas. Es cierto que frente a unidades más viejas de otros países Francia envió algunos de sus equipamientos más modernos, como los sistemas antiartillería CAESAR. Pero, si esa fuese la razón, ya habrían enviado los tanques Leclerc ante las dudas de Alemania con los Leopard, opción que consideraron. También están los cazas y el entrenamiento para pilotarlos. Después de que el jefe del Comité de Defensa de la Asamblea Nacional, Thomas Gassilloud, dijera que Francia estaba abierta a enviarlos, Macron reculó argumentando que no pueden mandar cazas con rapidez y que estos no responden a las necesidades del momento. Por el contrario, sí se han comprometido a mandar los sistemas de defensa aérea SAMP/T junto a Italia.

Macron quiere mediar en la guerra

Francia también insiste en mediar en el conflicto y mantiene abiertas las vías de comunicación con Rusia. Incluso aunque Rusia invadiera Ucrania solo dos semanas después de que Macron se reuniera con Vladímir Putin en la mesa kilométrica del Kremlin para tratar de desescalar las tensiones. Desde entonces, el presidente francés ha vuelto a contactar a Putin para tratar de desescalar sus amenazas nucleares. Macron siempre ha defendido que el conflicto tendrá que resolverse por la vía diplomática tarde o temprano. Y quiere que su Gobierno esté presente en el proceso igual que en el segundo acuerdo de Minsk de 2015, con el que Rusia y Ucrania se comprometieron a frenar los enfrentamientos.

Esta política se enmarca en la estrategia del Ejecutivo francés a largo plazo: la seguridad europea no se construye aislando a Moscú o centrando las relaciones en profundizar la dependencia económica. En cambio, apuestan por dialogar con el Kremlin y a la vez asegurar la autonomía estratégica europea. Aunque esa perspectiva puede ser importante a futuro, el resultado a corto plazo es un apoyo tibio que no gusta a Ucrania. Las autoridades ucranianas critican la distancia de la palabra al hecho por parte de Francia, que no termina de cumplir sus promesas de ayuda armamentística.

Además, pese a los esfuerzos de Macron, Francia sigue sin ser la mejor posicionada para mediar. Suenan más China o Turquía: esta última fue la artífice del acuerdo del grano, el único compromiso al que rusos y ucranianos han llegado durante la guerra. Gracias a su equidistancia, el presidente Recep Tayyip Erdoğan ha colocado a su país en una posición privilegiada como mediador, ganando peso geopolítico. Francia, por el contrario, se arriesga a perderlo: no es tan neutral, ni es uno de los principales apoyos a Ucrania.

Francia y el riesgo de ser irrelevante

Con su cautela, Francia puede volverse irrelevante en el conflicto. Mientras hace equilibrismo con la cantidad de ayuda enviada y los contactos con Rusia, las posturas más atlantistas y partidarias de armar a Ucrania ganan peso en la Unión Europea. El mejor ejemplo es Polonia, que presionó a Alemania para que permitiera el envío de tanques Leopard 2 amenazando con incumplir las restricciones de exportación. Días después, el Gobierno alemán cedió. Polonia también ha criticado los esfuerzos diplomáticos de Macron, erigiéndose como defensora de la causa ucraniana ante Europa.

El eje franco-alemán se debilita y eso tiene consecuencias para el proyecto europeo, ya que pierden poder frente a posturas que cuestionan la integración y el derecho comunitario. Pero también pierde el proyecto francés de la “Europa de la defensa”. Antes de la guerra, Macron llegó a decir que la OTAN estaba en “muerte cerebral”, abogando por construir un proyecto alternativo de defensa europea y así reducir la dependencia hacia las capacidades estadounidenses. Ahora la ofensiva rusa ha reforzado a la Alianza como garante de la seguridad colectiva hasta el punto de encaminar a Suecia y Finlandia como nuevos miembros.

Macron tendrá que reforzar su ayuda a Ucrania si pretende que el debate sobre la seguridad europea no pase a un segundo plano. El apoyo insuficiente puede percibirse como una falta de compromiso con el proyecto, pues reteniendo sus stocks apuesta por la seguridad individual, no la colectiva. Construir una Europa de la defensa que dependa menos de Estados Unidos requiere invertir en defensa y poner en común las capacidades nacionales. Enviar más armas a Ucrania es una forma de empezar.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.