Oriente Próximo es una región plagada de conflictos que se encadenan y cuyo origen se pierde décadas atrás. La división entre las potencias suníes suele achacarse a la posición de cada una de ellas frente a uno de los actores más importantes del mundo árabe: el movimiento islamista de los Hermanos Musulmanes (HM). Pero la relación de los Gobiernos con la hermandad no es sencilla, ni es la única rivalidad que ha llevado a potencias como Turquía, Arabia, Saudí, Catar y Emiratos Árabes Unidos (EAU) a enzarzarse en una trifulca internacional de carácter militar, económico y religioso.
Los Hermanos Musulmanes, el factor islamista
La rivalidad entre los Hermanos Musulmanes y los regímenes árabes viene de lejos, pero no ha sido constante. Distintas ramificaciones de la hermandad se establecieron en los países del golfo Pérsico en los años cincuenta y sesenta del siglo XX, después de que muchos de sus integrantes huyeran de la represión en Egipto o Siria. Aunque la relación entre cada rama local y las monarquías del Golfo han sido cambiantes y diferentes en cada país, al principio fueron en general bien recibidos, pues eran islamistas conservadores, con mucha experiencia en la propagación ideológica y con bastante formación. Se integraron en las élites e instituciones, en especial la educación, y se convirtieron en un contrapeso de las ideas del nacionalismo árabe y de los movimientos comunistas, en aquella época en auge en toda la región.
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