Política y Sociedad Oriente Próximo y Magreb

Los Hermanos Musulmanes: islamismo más allá de Egipto

Los Hermanos Musulmanes: islamismo más allá de Egipto
Protestas en Damanhur durante el 2011. Fuente: Mohammed Moussa

La organización Hermanos Musulmanes ha vivido entre la persecución y la tolerancia. En este caminar, las primaveras árabes le otorgaron una legitimidad de la que había carecido hasta el momento, aunque el desenlace fue una de las mayores persecuciones de su Historia.

Los procesos democráticos resultantes de las llamadas primaveras árabes situaron el islam político en el centro de debate dando la victoria a los partidos islamistas en Egipto  —Hermanos Musulmanes—, Marruecos —Justicia y Desarrollo— y Túnez —Ennahda o ‘renacimiento’—. El creciente protagonismo de este movimiento ha ido acompañado de una distorsión de su significado, hasta el punto de que en diversas ocasiones ha sido equiparado con el terrorismo. Esta tendencia, especialmente notable desde los atentados del 11S y potenciada tras las primaveras árabes, hunde sus raíces en la construcción de un discurso por parte de ciertas élites occidentales y regionales que ven en él una amenaza para su posición de poder y responden presentándolo como una amenaza para la seguridad. Esta utilización del terrorismo como arma política para estigmatizar el campo islamista ha ido penetrando en la opinión pública y se ha agudizado con el paso del tiempo hasta obnubilar casi por completo una realidad más compleja.

Para ampliar: “Al Ándalus y la distorsión interesada de la Historia”, Javier Blanco en El Orden Mundial, 2019

El islamismo, pilar ideológico de la Hermandad

El islamismo o islam político abarca un gran espectro de movimientos políticos con unos pilares comunes, entre los que se encuentran la búsqueda de soluciones islámicas a los problemas de la región, la reivindicación de la centralidad de la sharía —ley islámica— para la regulación de la esfera social y el cuestionamiento de la hegemonía en la esfera religiosa de los imanes y ulemas. En términos generales, los grupos bajo el paraguas islamista han seguido dos caminos para alcanzar sus objetivos: la promoción de un movimiento social vinculado con organizaciones comunitarias y benéficas o el estableciendo de movimientos políticos que acabarían compitiendo en las elecciones. Se caracterizan por buscar la victoria política desde la base, a partir del desarrollo de una labor social y de la actuación en espacios donde los Gobiernos no han sido capaces de llegar y donde las necesidades de la población no se han cubierto.

La gran pluralidad del movimiento ha facilitado la creciente confusión respecto a sus prácticas y creencias. El islamismo suele dividirse en dos corrientes principales, una más moderada y otra de carácter más radical, aunque la utilización política que se ha hecho de la segunda ha permitido que domine el discurso. Las facciones radicales abogan por una islamización desde el Estado y defienden el recurso a la violencia para alcanzarla, mientras que las moderadas se decantan por una islamización desde la base social y creen en la actuación dentro de un marco jurídico-institucional en el que no hay lugar para las armas.

Para ampliar: “El islamismo radical”, Mercedes Saborido, 2007

El abono para el florecimiento del islamismo fue el colonialismo europeo, mientras que la Revolución iraní de 1979 le sirvió de trampolín y favoreció que Occidente se centrara ya no en el otro árabe, sino en el otro musulmán, personalizado en el ayatolá Jomeini. Sin embargo, el auténtico punto de inflexión para este movimiento llegó con la victoria electoral del Frente Islámico de Salvación en Argelia a finales de los 80, cuando los islamistas mostraron su capacidad de movilización electoral en distintos puntos de la región. Desde entonces, su presencia ha ido en aumento.

Distribución de los principales grupos islamistas en el mundo árabe desde 2002 hasta la actualidad.

Si hubiese que elegir un grupo islamista por excelencia, sería los Hermanos Musulmanes por ser el primero, el más antiguo y el que más repercusión ha tenido tanto en las sociedades árabes como en el exterior. La Hermandad se encuentra dentro del espectro islamista y alberga en su interior diversas ramificaciones con distintos matices en función del contexto y el país en el que se ha desarrollado. Su objetivo es una reislamización de la sociedad que haga de la religión la herramienta fundamental para regir los distintos aspectos de la vida. Para ella, los principios del islam deben prevalecer sobre cualquier código de conducta creado por el hombre, con lo que establece una vinculación entre política y religión y propaga una visión del islam entendido como religión y Estado.

Históricamente, la Hermandad ha buscado romper con el orden establecido e instaurar un Estado islámico con principios basados en la sharía y no en una ley racional, aunque la presión ejercida por los distintos regímenes autoritarios resultó en un cambio de los objetivos iniciales. Esto ha afectado a otros movimientos islamistas, que se han alejado de la idea revolucionaria inicial y la han sustituido por el nacionalismo islámico o la aceptación de los sistemas estatales. La estrategia hoy es islamizar la sociedad y algunas leyes, pero es la moderación ideológica y política la que define la personalidad de la mayoría de los partidos y grupos islamistas de gran tamaño.

Para ampliar: “Islam político en el siglo XXI”, Ferrán Izquierdo Brichs en CIDOB, 2011

La cofradía se define por las ansias de poder de su élite, pero también por su carácter de grupo vanguardista dentro de los movimientos sociales. Sus bases residen en la pequeña burguesía y la clase media, aunque son populares entre las clases trabajadoras debido a sus actividades sociales y su concepción como alternativa en la escena política.

Una vida entre la ilegalidad y la tolerancia

Los Hermanos Musulmanes fueron fundados en Egipto por Hasán al Bana en 1928 y se considera la organización islamista más antigua y con mayor número de miembros del mundo árabe. Nace del deseo de arrebatar a los británicos el control de Egipto y liberar al país de la fuerte influencia occidental y del desgaste de la tradición y los valores islámicos. El éxito de la Hermandad frente a otras sociedades religiosas con objetivos similares puede situarse en su labor de predicación en cafés y mezquitas, así como en la incorporación de los movimientos de masas por medio de las redes sociales tradicionales construidas alrededor de las comunidades vecinales y organizaciones caritativas. Su punto álgido llegó con el conflicto palestino: la causa palestina —pueblo árabe y musulmán— poseía los ingredientes necesarios para despertar las pasiones entre los miembros de grupos panislámicos, que buscan la unión de los pueblos musulmanes, como los Hermanos Musulmanes.

El contexto regional venía marcado por un cambio político y social acelerado definido por el avance del kemalismo en Turquía, que con su revolución desde arriba y su occidentalización laica supuso el punto final del Imperio otomano, el rechazo al colonialismo británico y la ola secularista a la que se incorporó la clase acomodada egipcia. Esto favoreció la rápida expansión de la cofradía tanto en Egipto como en los países limítrofes, donde se establecieron distintas delegaciones. A los 20 años de vida, había alcanzado los dos millones de integrantes y se había constituido como un movimiento de alcance internacional que penetró especialmente en Siria y Jordania.

Desde su nacimiento, la vida de la Hermandad ha estado marcada por una relación turbulenta con los poderes gubernamentales, que la han visto como una amenaza para sus intereses. Ejemplo de ello es el asesinato de Al Bana en 1949 por agentes de seguridad del entonces rey Faruk en mitad del conflicto motivado por la creciente influencia de la cofradía y el consiguiente estado de alerta de las autoridades. Con Náser la persecución fue igualmente intensa: los Hermanos Musulmanes tuvieron que hacer frente a su disolución y al lanzamiento en 1954 de una feroz política de represión que resultó en el encarcelamiento, tortura y ejecuciones de muchos de sus miembros.

El fracaso del panarabismo en la región, especialmente evidenciado tras la derrota de Egipto en la guerra de los Seis Días de 1967, fue lo que provocó que Náser comenzase a hacer concesiones a la derecha, una deriva que acentuó su sucesor en el cargo, Anuar el Sadat. Este integró a los Hermanos Musulmanes en el sistema y permitió la recomposición de sus estructuras, aunque limitó su presencia al plano social sin reconocerlos como organización política. Esta dinámica fue seguida por su sucesor, Hosni Mubarak, quien, aunque en ocasiones toleraba alguna de sus actividades y les permitía concurrir a elecciones en forma de candidaturas independientes, nunca se olvidó de su carácter de amenaza reprimiéndolos en un grado u otro.

Para ampliar: “Repaso a las biografías de los autócratas derrocados tras la Primavera Árabe: Hosni Mubarak”, Adrián Albiac en El Orden Mundial, 2014

En este caminar de exclusión y persecución, la violencia ha sido una dinámica habitual, bien por el grupo, contra él o como herramienta para su demonización. Los primeros coqueteos con una rama armada vienen con la agudización del conflicto palestino, cuando Al Bana aceptó la idea de crear el llamado “aparato secreto”, brazo armado de la organización. Fue en prisión donde los Hermanos Musulmanes comenzaron a definir su postura frente al poder establecido y el camino que debían seguir para lograr sus objetivos. Esto dio lugar al nacimiento de dos formas de entender el islamismo coincidentes con las dos corrientes islamistas principales: la moderada, representada por Hasán al Hudaybi, y la radical, con Sayid Qutb como máximo exponente. Este último consideraba que la experiencia iniciada por Al Bana, basada en una revolución pacífica desde abajo, había fracasado y entendía que la alternativa era la lucha armada.

Las raíces del llamado totalitarismo islámico se remontan al nacimiento de la Hermandad. Al Bana propuso una acción política del sector más fundamentalista, pero fue Qutb quien protagonizó el gran salto hacia un comportamiento totalitario y violento. Qutb es hoy una de las figuras más influyentes dentro del salafismo yihadista y su doctrina revolucionaria recibe el nombre de qutbismo. No obstante, la yihad mundial no fue una realidad hasta la fundación de Al Qaeda —de donde se desprendió el Dáesh— por Osama bin Laden.

Para ampliar: “El totalitarismo islámico. La ideología que sustenta el terrorismo”, Jordi Torres Roselló, 2018

A partir de los 70 el distanciamiento entre moderados y radicales comenzó a agudizarse. El estancamiento de los regímenes árabes permitió que el islam político se presentase como una alternativa para modificar las estructuras presentes. Además, desde la década de los 80 la cofradía manifiesta una moderación del discurso y su integración en la esfera política. Las consecuencias derivadas del recurso a las armas por las facciones más radicales generaron divisiones internas. Los representantes de la vieja guardia buscaban una islamización desde abajo mientras que los nuevos rostros comenzaban a apostar por el activismo político. Ahora la tendencia parece ser la inclinación por los valores democráticos y la participación política para avanzar hacia la islamización, sin olvidar la tradicional labor social y educativa que los ha caracterizado.

Comportamiento de los Hermanos Musulmanes en la década previa a las primaveras árabes.

La transformación de los Hermanos Musulmanes de un movimiento religioso masivo a un partido político protagonizó el cambio más notable con la participación de algunos candidatos independientes, como Hermanos Musulmanes, en los comicios de 2005. Estos sucedían a las masivas protestas de ese mismo año, en las que el movimiento Kifaya o ‘Basta’ —apodado “el hermano mayor de la primavera árabe”— y, más tarde, la Hermandad serán los protagonistas.

Para ampliar: “Egypt. From Democratization to the Restoration of Authoritarianism”, J. L. Esposito, T. Sonn, y J. O. Voll, 2016

La primavera árabe, un trampolín a la legitimación

La desestabilización de los regímenes autoritarios de la región con las llamadas primaveras árabes de 2010 y 2011 benefició tanto a la Hermandad como a sus ramificaciones. En Túnez, tras la caída de Ben Alí, los islamistas consiguieron el 40% de los asientos en el Parlamento con Ennahda, en Marruecos Justicia y Desarrollo ganó 107 de 395 escaños y en Egipto los Hermanos Musulmanes se hicieron con el 45% de los votos. En Libia y Yemen los islamistas también jugaron un papel destacado.

Para ampliar: “Trabajadores y desempleados: las protestas obreras en Egipto y Túnez”, Alejandro Salamanca en El Orden Mundial, 2017

En este contexto de cambios y turbulencias, el caso egipcio puede entenderse como el más significativo para la Hermandad. La inmolación del joven tunecino Mohamed Buazizi el 17 de diciembre de 2010 sirvió como detonante para el despertar de una ola de movilizaciones que desafió a gran parte de los regímenes de la región. Poco después irrumpía en Egipto una revolución masiva que duraría 18 días. Inicialmente, los Hermanos Musulmanes se mantuvieron al margen, aunque algunos miembros participaron en la exitosa manifestación del 25 de enero. Una vez que los líderes de la cofradía advirtieron que lo que llegaba era una revolución social, la estrategia viró: apostaron por levantarse contra el régimen y unirse a los levantamientos el tercer día, conocido como el Viernes de la Ira, en el que la violencia se erigió como protagonista.

Con la renuncia de Mubarak como presidente el 11 de febrero de 2011, los islamistas vieron el vacío idóneo para irrumpir en la escena política y establecerse en el poder. El Gobierno provisional de Mohamed Tantawi, presidente del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, llamó a elecciones y legalizó partidos que habían sido prohibidos, la Hermandad entre ellos. En contra de sus promesas iniciales, los Hermanos Musulmanes acabaron presentándose a la candidatura de las elecciones presidenciales. La Alianza Democrática para Egipto —liderada por el brazo político de la Hermandad, el Partido de la Libertad y la Justicia (PLJ)— obtuvo el 47,2 % de los votos en las primeras elecciones parlamentarias libres. En las siguientes presidenciales, el 17 de junio de 2012, fue el candidato del PLJ, Mohamed Morsi, quien obtuvo la victoria con un 51,8% de los votos en la segunda vuelta frente a su oponente, que representaba al régimen de Mubarak. Gobernaron apoyados por los salafistas.

Cronología del ascenso al poder de los Hermanos Musulmanes en Egipto.

Si en otoño parecía que Morsi y la opinión pública gozaban de una relación extraordinaria, el inicio del fin vino con la promulgación el 21 de noviembre de un decreto constitucional que atribuía al presidente un poder casi absoluto: Morsi se concede poderes especiales para convocar un referéndum sin que los jueces puedan intervenir. La reacción de la oposición fue unánime y las presiones provocaron su anulación el 9 de diciembre.

Estos y otros resbalones se unen a la mentalidad hermética del ala más conservadora de la Hermandad, que en 2009 se impuso sobre una minoría más aperturista. Gestada en un contexto carcelario y eficaz en tiempos de autoritarismo, esta mentalidad chocaba con un proceso de transición democrática. Además, no hay que olvidar los impedimentos propios del sistema heredado de Mubarak, que dificultaron la libre actuación de los islamistas. Todo esto en un ambiente de tensión con la facción militar, un escenario económico donde primaban el endeudamiento y un crecimiento anémico y un contexto social crispado en el que el deterioro de las libertades públicas se hacía evidente.

Para ampliar: “El invierno egipcio”, Pablo Moral en El Orden Mundial, 2017

Este panorama favoreció el triunfo del golpe de Estado del 3 de julio de 2013, liderado por quien fuera ministro de Defensa, Abdelfatá al Sisi, quien anunció la destitución del Gobierno y la suspensión de la Constitución. Desde ese momento, la Hermandad será objeto de una represión despiadada comparable a la de la década de los 50 con Náser.

La Hermandad en el tablero internacional

Desde muy pronto, la Hermandad disfrutó del apoyo de ciertos países, como Catar. Los vínculos entre ambos se remontan a los 50, cuando Catar sirvió como lugar de refugio para quienes huían de la represión de Náser, y se extienden hasta nuestros días, una posición que ha favorecido la enemistad con otros Gobiernos y ha provocado respuestas como el boicot por sus países vecinos.

Por el contrario, hay quienes perciben la evolución de la Hermandad como una amenaza, como es el caso de Arabia Saudí. Tras el golpe de Estado que sacó a Morsi del poder con el apoyo de laicos e izquierdistas, el Gobierno declaró los Hermanos Musulmanes un grupo terrorista. Esta decisión tuvo eco a nivel regional y fue aprovechada por los saudíes para hacer lo mismo el 7 de marzo de 2014. El país entendió que la alternativa de islam suní encarnada por la Hermandad era una amenaza para sus intereses supremacistas en la zona y su liderazgo en el mundo musulmán al cuestionar el régimen autoritario que lo caracteriza y debilitar el conflicto permanente en el islam entre sunitas y chiitas del que el reino se beneficia. Además, el régimen saudí ejerció presiones sobre otros para que lo siguieran, como fue el caso de Emiratos Árabes Unidos. Jordania, Baréin y Kuwait se negaron.

Para ampliar: “Creating the enemy, constructing the threat: the diffusion of repression against the Muslim Brotherhood in the Middle East”, May Darwich, 2017

La normalización de las relaciones de Morsi con Irán aumentó las tensiones. El reino saudí temía un acercamiento entre ambos países y el distanciamiento de Egipto de su área de influencia. Así, el reino que durante años apoyó y financió a la Hermandad junto con otras potencias del Golfo es hoy su detractor por excelencia.

La Hermandad nunca ha reconocido el Estado de Israel, ha defendido la causa palestina y ha mantenido un discurso antiestadounidense. Esta tradicional distancia se redujo durante la última década del Gobierno de Mubarak, cuando EE. UU. comenzó a prepararse para posibles escenarios, entre ellos el ascenso de la Hermandad. La Administración Obama acabó favoreciendo la llegada al poder de los Hermanos Musulmanes en 2012 una vez que los resultados conocidos de las presidenciales apuntaban a Morsi como ganador; sin embargo, ante el golpe de Estado, no tomaría una posición firme de rechazo. La aversión estadounidense por la cofradía se materializó de manera más clara con la llegada al Gobierno de Donald Trump, quien ha llegado a plantear su catalogación como “grupo terrorista”.

Pese a todo, con el aumento de la violencia en la región y el crecimiento del terrorismo, tanto los países de la región como la Unión Europea y los EE. UU. necesitan un contrapeso suní en la región que difícilmente puede asegurarse sin la participación de la Hermandad, un movimiento estigmatizado sin el que sería imposible entender y explicar las dinámicas que están teniendo lugar en el mundo árabe.

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