“Lo más importante es que los palestinos se mantengan firmes y permanezcan en su tierra”, avisó el presidente egipcio, Abdelfatá al Sisi, el pasado 12 de octubre. Tras cinco días de guerra entre Israel y Hamás, miles de personas se dirigían al paso de Rafah, que conecta la Franja de Gaza con Egipto. La ONU solicitó al Gobierno crear un corredor humanitario para más de dos millones de personas que viven en el territorio. Al Sisi aceptó dejar pasar a extranjeros y ciudadanos con doble nacionalidad, pero no palestinos.
El presidente egipcio le reiteró a su homólogo estadounidense, Joe Biden, su rechazo a acoger refugiados palestinos seis días después de su primera negativa. En su lugar, Egipto ha permitido el paso de ayuda humanitaria gracias a un acuerdo con Israel mediado por Washington y ha intentado mediar en el conflicto. Bajo la excusa de prevenir un exilio palestino definitivo, el presidente egipcio ha sorteado la presión internacional para acoger refugiados en la inestable provincia del Sinaí. Su retórica ha sido en defensa de la seguridad del país y a favor de la causa palestina, pero también esconde la crisis que vive Egipto.
Egipto no quiere refugiados sin retorno
Egipto no quiere recibir refugiados palestinos de Gaza, de entrada, porque no podrían volver. Por un lado, si Israel se hace con la Franja tras la huida de los gazatíes, perderían su tierra, un retroceso que los demás países árabes no quieren para la causa palestina. Al mismo tiempo, Egipto tiene relaciones con Israel. Fue el primer país árabe que reconoció el Estado israelí, en 1979. Al Sisi defiende la solución de dos Estados de la ONU y ha intentado mediar con Jordania en la guerra actual. Aunque rechazó el ataque israelí sobre Gaza, recibir refugiados le posicionaría demasiado contra un vecino clave para la estabilidad regional.
Por otro lado, Egipto acoge ya a nueve millones de migrantes de 133 países. El 80% viene de países árabes en crisis como Sudán, Siria, Yemen y Libia. Hay en torno a 300...