De ‘Parliament’ a ‘Baron noir’: qué nos enseñan las series sobre la política europea

‘Parliament’ satiriza al Parlamento Europeo, ‘Borgen’ anticipó a la ex primera ministra danesa y ‘Baron noir’ mostró la crisis de la izquierda en Francia. Las series sobre política también ayudan a entenderla, más aún en estos días de elecciones europeas.
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De ‘Parliament’ a ‘Baron noir’: qué nos enseñan las series sobre la política europea
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Los líderes de la Unión Europea se eligen como en un juego de cartas. El Gobierno de un país pequeño tambalea por las disputas entre grandes potencias. Se cierran pactos electorales en un callejón en mitad de la noche. Son escenas de Parliament, Borgen y Baron noir, aunque podrían ser hechos reales. La primera serie ironiza sobre los eurodiputados bajo la mirada de un recién llegado que no entiende la Eurocámara. La segunda muestra cómo la líder de un partido de centro en Dinamarca se convierte en primera ministra moviéndose entre retos políticos y problemas familiares. Y la última, más ácida, enseña la ambición de un político izquierdista francés que, corrupción y cárcel mediante, quiere llegar a la cima a costa de lo que sea.

El boom de las series sobre política europea ha acercado los recovecos de la toma de decisiones a un público quizás no tan interesado en estos asuntos. Ahora también están Netflix y compañía para saber cómo funcionan. No podemos acceder a los pasillos del Congreso de los Diputados, del Parlamento Europeo o de la OTAN, pero sí empatizar u odiar a Birgitte Nyborg, Samy Kantor o Philippe Rickawaert.

Las otras caras de la política

El éxito de estos formatos ha sido aterrizar el complejo día a día político en situaciones fáciles de entender. Borgen, de 2010 y retomada en 2021, incluso pudo preparar a la opinión pública danesa para su primer Gobierno encabezado por una mujer. Es el rol que asume la protagonista, que muchos compararon con Helle Thorning-Schmidt, primera ministra entre 2011 y 2015.

Europa también ha seguido la estela de las series estadounidenses. La ambición de Philippe Rickwaert en Baron noir recuerda a la de Francis Underwood, que quiere llegar a toda costa a la presidencia de Estados Unidos en House of Cards. Otras referencias son El ala oeste de la Casa Blanca o Sucesor designado, que muestran cómo es ser presidente de Estados Unidos y parte de su equipo de trabajo. En Europa, The Minister trata sobre cómo gobierna un primer ministro islandés con trastorno de personalidad mientras su equipo trata de evitar el escándalo. La audiencia abandera estos ascensos: Borgen estuvo en el top diez de series de Netflix en Finlandia, Bélgica, Suecia o incluso Israel, y Parliament tuvo un notable en IMDb.

Todos estos formatos también ayudan a normalizar alianzas, funciones y actos que el ciudadano medio no ve de cerca. Borgen discurre entre Gobiernos de coalición que incluyen a varios partidos, algo poco habitual en el sur de Europa, y Parliament no se centra en el trabajo de los políticos, sino en sus asistentes. Baron noir, por su parte, enseña el paso de la política local a la nacional y los roces entre el presidente y el primer ministro en un sistema semipresidencialista.

Pasillos, petróleo y unir a la izquierda

“Me he dado cuenta de que es mejor tener a los alemanes a favor que en contra”. Esta frase podría venir de varios Gobiernos, pero es del protagonista de Parliament a una eurodiputada germana en la cafetería de la sede de Estrasburgo. La ficción de estas series no es tan ficticia. Samy Kantor aterriza sin experiencia en la Eurocámara, pero termina liderando negociaciones para la protección de los peces o la conservación de los océanos. Mientras tanto, empieza a entender cómo funciona el reparto de altos cargos en las instituciones.

En la última temporada de Borgen tiene más peso la geopolítica. La aparición de petróleo en Groenlandia, que desde 1979 ha ganado autonomía frente a Dinamarca, pone en jaque el mapa internacional. La población ve una oportunidad para ser más independiente, pero el Gobierno, con la protagonista como ministra de Exteriores, quiere retener el control. En ese escenario entran en juego los intereses de Estados Unidos, el afán de expansión de China y las empresas rusas con miembros sancionados por la Unión Europea a cuenta del conflicto con Ucrania. La serie anticipaba algo que ya está en juego: la lucha entre potencias por los recursos y rutas comerciales del Ártico. Curiosamente, Europa se ha quedado atrás.

Baron Noir cobró especial interés en pleno frenesí político en Francia. Su protagonista trabaja en alianzas para revitalizar no sólo al Partido Socialista frente a su mentor, que está rodeado de irregularidades, sino también a la izquierda gala. Para ello acaba buscando acuerdos con el candidato comunista, Michel Vidal, que guarda un importante parecido con el líder de la Francia Insumisa, Jean Luc Mélenchon. En el otro lado está Amélie Dorendeu, para muchos un calco de Emmanuel Macron. Ficción y realidad se unieron en 2022, cuando Mélenchon absorbió al Partido Socialista y a los Verdes para lanzar NUPES, la alianza de izquierdas que se convirtió en la segunda fuerza de la Asamblea Nacional y que ahora está venida a menos.

Entretener para que llegue el mensaje

En el fondo son series entretenidas que también divulgan. Un gran déficit de la Unión Europea ha sido su poca capacidad para acercarse a la gente de a pie, brecha que ha facilitado el ascenso de partidos populistas y euroescépticos y que allanó el terreno para el brexit. Sin embargo, la pandemia y la invasión rusa de Ucrania hicieron que los ciudadanos vieran a la Unión como una red de seguridad. Según el Eurobarómetro del pasado diciembre, el 72% de los europeos estaban satisfechos con pertenecer al proyecto comunitario.

En un contexto u otro, las series pueden dotar a la ciudadanía de opiniones más formadas sobre lo que es mejor para su país y para Europa. Aunque también pueden generar el efecto contrario. Baron noir enseña la parte más oscura de la política en Francia, donde la abstención marcó un récord histórico en las elecciones legislativas de 2022. Se vio especialmente entre los jóvenes, tanto en las presidenciales como en las parlamentarias. Este grupo, más proclive a consumir series, también es de los más maleables.

Con todo, las series sobre política europea sirven para imaginar qué pasa de puertas hacia dentro. Ver a Samy corriendo por los pasillos de Estrasburgo para cerrar una negociación, a Nyborg jugando sus cartas frente al embajador estadounidense o a Rickwaert peleando cada voto puede ayudarnos a entender mejor la política. Igual que un programa electoral, sólo que menos aburrido.

Emilio Ordiz

Entre Asturias y Madrid. Periodista. Máster en Unión Europea. Especializado en el estudio de los populismos y los discursos euroescépticos. Me interesa la integración europea, el Estado de derecho y la geopolítica. Con un ojo puesto en los Balcanes.