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“Que el norte del globo sea una zona de paz”. El último líder soviético, Mijaíl Gorbachov, definió así la posición que la comunidad internacional debía adoptar en torno al Ártico. La región quedó alejada de las tensiones geopolíticas en aquel 1987, hasta que Rusia invadió Ucrania en febrero de este año y terminó aún más enfrentada con Occidente. La invasión rusa ha provocado la entrada de Suecia y Finlandia en la OTAN, lo que ha aumentado las disputas por el territorio del Ártico. Ambos frentes ven en el deshielo por el cambio climático una oportunidad para dar rienda suelta a sus nuevas rutas comerciales marítimas y a la explotación de recursos naturales.
Por si fuera poco, a la rivalidad ruso-occidental se suma un interés de China por esta región que también preocupa a la OTAN. Aunque no posee territorio en ella, Pekín busca aumentar su influencia y cambiar el equilibrio de poder a través de inyecciones de capital y sus propias rutas comerciales. En un contexto de creciente rivalidad entre potencias, el Ártico plantea un nuevo escenario geopolítico donde nadie está dispuesto a perder.
El refuerzo de la OTAN en el Ártico: algo que Putin no previó
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