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“Debemos plantear el debate de la soberanía sin tener que decir que nos vamos de la Unión Europea”, aseguró en un debate la ultraderechista Giorgia Meloni, probable nueva primera ministra de Italia. Marine Le Pen fue más allá en abril: “No puede haber una UE porque no hay pueblo europeo”. Pese a sus críticas al bloque, ambas saben que abandonarlo o quitarle competencias no es fácil. El brexit, que pudo haber inspirado a los euroescépticos, ha sido un fracaso. Por eso la pregunta de Le Pen en Francia, Meloni y Salvini en Italia, Orbán en Hungría o Abascal en España no es Europa sí o no, sino qué Europa se quiere.
Los euroescépticos ya no buscan abandonar la casa, sino cambiar el decorado e incluso el nombre: proponen una “alianza de naciones”. Es decir, que los Estados recuperen la soberanía que les habría arrebatado la UE. Su objetivo es que el poder de decisión recaiga siempre sobre los Gobiernos y no en mandatos de la Comisión Europea. Mientras crecen los llamados a una Unión con más capacidades, la crisis migratoria y la energética, la pandemia o la guerra en Ucrania también han sido excusas perfectas para el discurso euroescéptico.
Brexit, o el trauma del Reino Unido para Europa
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